Una generación ignorada
En el último debate de política general del Consell de Mallorca, el presidente dedicó solo dos frases a toda una generación. Dos frases para hablar del presente y del futuro de miles de jóvenes que hoy viven con angustia. Y no es una exageración. Angustia por no poder acceder a una vivienda digna. Angustia por un mercado laboral que no garantiza estabilidad ni derechos. Angustia por una formación que podría ser mucho mejor, pública y de calidad. Angustia, en definitiva, por un sentimiento cada vez más extendido, el de expulsión de nuestra propia tierra. Ante esta realidad, ¿qué ofrecen las instituciones? Autocomplacencia, titulares vacíos y políticas de escaparate. No sirve hablar de viajes o de ocio mientras una generación entera no sabe si podrá construir su proyecto de vida en Mallorca. Pero el problema va más allá. No solo no se escucha a la juventud, sino que tampoco se incentiva su participación. Recortar el apoyo a entidades juveniles como Joves de Mallorca per la Llengua es un error político y también un error de país. Lo hemos visto con la fuerza del Acampallengua y el Correllengua Agermanat, hay una generación viva, activa y comprometida. Solo falta que las instituciones quieran escucharla. También pasa con el tejido social de los pueblos. Los quintos, las asociaciones, los colectivos que hacen pueblo. Quizás porque una juventud organizada es también una juventud crítica. Y una juventud crítica cuestiona, propone y exige. Exige vivienda digna, un mejor transporte público, derechos laborales, formación pública de calidad y en catalán. Exige, en definitiva, futuro. Y cuando este espacio no existe, cuando no hay canales de participación reales, cuando no se generan debates ni escucha activa, una parte de la juventud busca respuestas en otros lugares. Y esto es peligroso. Porque el sentimiento de abandono es el mejor aliado de las opciones de extrema derecha. El Consell de Mallorca quizá no tiene todas las competencias, pero sí que tiene una responsabilidad, escuchar, conectar y liderar. Puede reunirse con jóvenes, entender qué piensan, qué necesitan, qué proponen. Puede hablar de salud mental, de redes sociales, de formación, de futuro. Puede, si quiere, ser útil. La pregunta es si quiere serlo. Porque hoy, la sensación es clara, esta generación no es una prioridad ni para el PP ni para Vox. Y esto tiene consecuencias. Pero también hay una certeza. En 2027, esta misma generación tendrá la palabra. Y puede decidir si quiere continuar con gobiernos que la ignoran o apostar por un futuro donde, por fin, se la tenga en cuenta. Porque Mallorca no tiene futuro sin su juventud. Y la juventud ya no está dispuesta a esperar.