Ficción artificial
Al parecer, las cosas están yendo muy rápido. En el campo de la IA, los estragos laborales que está causando la tecnología se están empezando a notar, pero sobre todo entre los propios trabajadores de las tecnológicas. Es dentro de las empresas que dan cuerda a la IA que la propia IA usurpa el trabajo a los programadores, que ven que lo que estaban contribuyendo a crear era un competidor que haría lo mismo que ellos, y mucho más rápido, mejor y más barato. No sé qué puede llegar a pasar con estos profesionales, aunque sabemos que dentro de las empresas tecnológicas van muy buscados ciertos perfiles técnicos. Pero todos los expertos lo están avanzando, entre apocalípticos e integrados dentro de un sistema que ahora se lamentan de no saber embridar: la IA será una revolución que lo dará la vuelta todo.
¿También el campo de la creatividad literaria? Ya dentro del sector editorial pueden prepararse, según también avanzan los expertos: trabajos de corrección y edición que antes hacían personas (sobre todo mujeres, que parece que recibirán más) a corto plazo también podrá hacerlo la IA, la cual quizá no borrará todos estos trabajos, pero sí gracias a ella un solo profesional podrá hacer lo mismo que dos o tres, y en la mitad de tiempo. Quizá el traductor sólo tenga que supervisar que la IA acabe de hacer bien su trabajo, y lo que antes tardaba meses en hacer ahora podrá hacerlo en cuestión de días. Pero, ¿y los creadores? ¿Escribirán los novelistas las novelas con IA? ¿O la IA escribirá ya directamente sus novelas? Y la gente, ¿estará dispuesta a comprarlas, leerlas, comentarlas, situarlas dentro de algún tipo de escala de méritos artísticos? Lo que nos espera puede ser espantoso, pero a la vez alentador. ¿Estaremos dispuestos a leer ficción creada por IA? Más allá de la primera novedad y el mérito inicial de haber hecho un utensilio capaz de escribir genuinamente: ¿tendrá interés lo que pueda llegar a concebir? ¿Qué buscamos cuando compramos una novela de un autor o autora que nos gusta? Más allá de una escritura –y del placer que nos provoca la prosa de un autor–, ¿no compramos también la participación con un relato humano, es decir, en la visión que una persona concreta tiene de las cosas?
La máquina puede simular lo que quiera o la programen para hacer, pero si no nos engañan, siempre sabremos que eso lo ha escrito una máquina. Y no dudo que la máquina pueda llegar a hacerlo con mucha gracia, y con acierto, e incluso con mucho mérito literario, o incluso con innovación formal respecto a una determinada tradición… Pero: ¿lo leeremos? ¿Habrá mercado para una literatura excelente y no humana, en un momento en el que ya no hay mercado para la excelente y humana?
Más allá de la sorpresa o la novedad de una primera novela que sea juzgada como 'excelente' por la crítica humana –algo que todavía no hemos visto–, ¿qué puede llegar a suceder después? Hay un cuento de Roald Dahl sobre unas máquinas capaces de escribir la siguiente novela de éxito de los autores más vendidos del mundo, pero el negocio consiste en vendérsela a ellos para que no tengan que trabajar.