El escenario del sueño

En la película Dream Scenario se nos explicaba qué pasaba cuando una persona normal, un profesor que interpretaba Nicolas Cage, se convertía en la persona más célebre del planeta. Y no porque hubiera hecho nada especial: simplemente empezaba a salir en los sueños de todo el mundo. Todas las personas del mundo afirmaban, realmente o por no quedar al margen, que habían visto en sueños al profesor Matthews, para los demás, un personaje gris y olvidable. La fama llegaba de una manera tan gratuita como le está llegando ahora mismo a Tim Payne, un jugador de fútbol de Nueva Zelanda que participa en el mundial en curso. Payne no ha hecho nada para ser famoso; precisamente es famoso, ahora, porque no lo era. O porque era el que tenía menos seguidores en las redes en una selección no muy prometedora de cara al triunfo (nunca ha ganado ningún partido de una fase final). Pero Payne fue el elegido de un creador de contenidos argentino para hacerlo famoso; simplemente lo ha elegido y ha pedido que todo el mundo simpatice con él por encima de las explosiones de orgullo patriótico que suelen vertebrar las pasiones futboleras. Y sí, Payne pasó en pocos días de ser un futbolista cualquiera a tener más seguidores en las redes que habitantes tiene su propio país, simplemente por un capricho o idea de un influencer del otro lado del mundo, y de una manera incluso más arbitraria que el profesor de la película. En la actual economía de la atención, sin embargo, esto no es una anécdota o una historia curiosa. Tal como en la película, lo primero que pensaba el profesor era cómo aprovecharlo, ya que hoy en día tener la atención de la gente (que sepan quién eres y te escuchen) es el capital principal a partir del cual puede crecer la economía personal y colectiva. Así, no hace falta decir que el futbolista se ha puesto muy de cara; se ha dirigido a sus millones de nuevos seguidores y ha “agradecido el apoyo”. He aquí el funcionamiento de la economía de la atención: todo se basa en captar y mantener la atención de la gente, sea de la manera que sea, gracias a las redes evidentemente, las cuales construyen nuevas famas casi cada día, con la misma arbitrariedad que los sueños. Ahora que Payne tiene la atención de las masas, o de determinada gente del planeta, podrá capitalizarlo: hará anuncios, posts remunerados que verán millones de personas, la fama crea más fama y el dinero hará más dinero. Y todo a partir de un capricho o jugada de los nuevos dioses digitales, o de la ociosidad frenética de las nuevas masas en red, que se entrenan con el juego de la atención al mismo tiempo que ansían que algo igual les pase a ellos. O que por un golpe de suerte alguno de sus contenidos se haga viral; o incluso hacen las cosas, o las viven, en función del rendimiento que podrán sacar en las redes. Pero tal como en la película de Cage, la tortilla puede girar en cualquier momento. El profesor empezaba no a salir en los sueños sino en las pesadillas, rodeado de sangre y de dolor, y se iniciaba la infamia de ser odiado de una manera tan gratuita como antes se había sido admirable.