Energía de kilómetro cero

Hay quienes cuando miran el campo lo que ven son solares —Guillem Frontera dixit. Y hay quienes cuando miran molinos de viento y placas solares ven un grifo que mana dinero. La preocupación por el cambio climático de las grandes empresas que se están haciendo de oro con los grandes parques de renovables está muy por debajo de su interés por la cuenta de resultados, como demuestran sus actuaciones estratégicas (¿hablamos del petróleo de Venezuela?) por mucha propaganda verde que vomiten para hacer creer lo contrario.El retraso del estado español en la transición energética respecto a otros estados europeos se explica justamente por la presión de las grandes corporaciones energéticas del Ibex-35. El famoso “impuesto al Sol” del gobierno de Ema Punt Rajoy, que penalizaba fiscalmente el autoconsumo y las baterías para almacenar energía sobrante, fue el escandaloso peaje que pagamos todos para que estas empresas tuvieran tiempo de hacerse un lifting ecologista y ponerse a punto para liderar el nuevo negocio de la energía neta. Cuando en el año 2018 se derogó el impuesto al Sol, ya tenían el trabajo hecho: habían alcanzado la posición dominante en el mercado de la energía verde.Las empresas energéticas, como todas las empresas, buscan el máximo rendimiento: mínimas despesas, máximo beneficio. Por eso prefieren lugares donde sea fácil y barato construir grandes parques de renovables, y el suelo rústico es el gran candidato. En los lugares donde no hay una adecuada planificación pública del territorio, el resultado es la industrialización del campo: se ocupan tierras hasta entonces dedicadas al cultivo y la pastura, se destruyen bosques y se colonizan espacios de alto valor ambiental.No ha sido este el caso de Menorca. El debate público de hace una década generó un amplio consenso ciudadano sobre la conveniencia de tener energía de kilómetro cero, pero no en cualquier lugar ni de cualquier manera. La Estrategia Menorca 2030 fue la culminación de este debate, en el que se estableció como principal objetivo la reducción del combustible fósil que se consume en la isla. El trabajo de las entidades ecologistas y de defensa del patrimonio cultural fue eficaz. Combinando presión y capacidad de llegar a acuerdos, propiciaron un modelo que muchos otros territorios querrían tener. Por un lado, el establecimiento de unas condiciones muy estrictas y de cumplimiento obligado para cualquier equipamiento energético que se instale en suelo rústico: la prohibición de la alteración del suelo, el respeto por la red de muros de piedra seca, el mantenimiento y la restauración de los bienes etnológicos a cargo de los promotores, la prohibición del asfaltado de los viales de servicio, etc. Por otro lado, la zonificación: el PTI de 2023 determina las zonas aptas para las energías renovables, hecho que evita que se puedan poner por todas partes.Pero no seamos autocomplacientes, porque el trabajo nunca está terminado. El poder de las grandes empresas, con el concurso inestimable de la empresa pública estatal encargada de la planificación energética, es como un pulpo que siempre encuentra rendijas para meter sus tentáculos. Ahora el peligro es que, además de producir energía de kilómetro cero para el consumo propio, Menorca se convierta en un territorio exportador de energía.Junto a la subestación eléctrica del Mercadal, en el centro de la isla, Red Eléctrica construye una enorme planta de baterías de gran capacidad. Se pretende que, si se repite un apagón como el del 28 de octubre de 2018, que dejó la isla sin luz durante varios días, Menorca tenga un recurso de emergencia propio. Pero el sentido común dice que estas baterías también deberían servir para acumular la energía excedente de los parques solares: la energía que producen durante las horas de más sol se podría acumular aquí, y evacuarla durante la noche. Así se evitaría tener que poner en marcha la central térmica de Mahón, altamente contaminante, lo que es el primer objetivo de la Estrategia Menorca 2030.Pues no. Red Eléctrica no prevé este uso de las baterías del Mercadal. Dicen que para canalizar el excedente de energía de generación solar ya existirá el segundo cable submarino que enlazará Menorca con Mallorca a partir del 2030. Bien, no hay duda de que este segundo cable hace mucha falta, pero debía ser para garantizar que Menorca no quede energéticamente aislada, no para vender fuera energía con denominación de origen Menorca.La zonificación del PTI se concibió para determinar en qué lugares se podían poner placas solares y en cuáles no. Pero la planificación de la empresa pública estatal facilitará que los grandes inversores, que siempre huelen el negocio, pongan placas en todas partes donde esté permitido ponerlas. ¿Quién pondrá estos parques fotovoltaicos? ¿A quién darán beneficio? ¿Quién recibirá las ganancias de la energía limpia que exportará Menorca a través del segundo cable?No vamos bien. Si las plantas fotovoltaicas de Menorca, con las nuevas redes de transporte eléctrico y los equipamientos de baterías, no sirven para rebajar los niveles de emisiones contaminantes de la isla, sino para convertirnos en una fábrica eléctrica que dará beneficios a los propietarios a costa de la ocupación del territorio de todos, habremos hecho el negocio de na Peix Frit.