Dialécticas Salvajes

El otro deseo

Una escena sexual se imprime en la psique de manera constante, hasta que se asume como normalidad

10/04/2026

PalmaEl 26 de abril es el Día de la visibilidad lésbica. Me gusta que se reivindique el mes de abril, porque siempre me he imaginado que ser lesbiana tiene algo que ver con las violetas y con la primavera. Se celebra desde el año 2008, justo cuando caminaba por Barcelona, explorando la posibilidad de no ser heterosexual. Por si este mes tenéis que comprar libros querría encomendaros el entusiasmo por el último que ha publicado Sara Torres, se titula El pensamiento erótico.

El ensayo empieza con una lucidez que provoca la risa o la incomodidad. Analiza la manera cómo desde los documentales, “inocentes”, sobre animales que se aparean, a menudo se nos educaba en la heteronorma, en los años noventa. La voz en off nos encaminaba hacia el momento culminante registrado por las cámaras: el encuentro, a veces violento, entre un macho y una hembra. La autora defiende que los documentales son un ejemplo de la gramática secreta que atraviesa todos los relatos, que avanzan hacia una misma conclusión: la vida es la historia de los encuentros entre hombres y mujeres, dos categorías diferentes, dos naturalezas opuestas que existen para encontrarse.

Cargando
No hay anuncios

Sara Torres querría viajar en el tiempo, sentarse al lado de la niña de los noventa y decirle que el cuento eternamente repetido no tiene por qué ser así, el encuentro entre macho y hembra es una posibilidad, una contingencia, una convención que la hegemonía ha priorizado como norma. La naturaleza no es binaria, ni heterosexual, es la imaginación humana la que provoca esta lectura sesgada. Más allá de los noventa, en nuestro presente, si valoramos el imaginario que predomina en las aulas o la violencia que tiene lugar en las calles, es evidente que los niños entienden muy pronto cuál es el destino privilegiado. Una escena sexual se imprime en la psique de manera constante, hasta que se asume como normalidad: el encuentro entre un macho y una hembra.

El ensayo de Sara Torres nos invita a pensar cómo se construye el pensamiento heterosexual a través de imágenes y relatos, consciente e inconscientemente. De hecho, como nos muestra en las páginas del libro, es posible que cuando hablamos de “heterosexualidad obligatoria” no hablemos tanto de la obligación de tener relaciones heterosexuales (que también), como de la obligación de recibir un inconsciente heterosexual cuando somos educados. Los niños están siempre expuestos a este relato dominante. La heterosexualidad es el referente central que da sentido a las relaciones, está representado en todas partes, es el marco de interpretación hegemónico. Así, los cuerpos se leen desde un sistema binario, organizado a partir de los encuentros heterosexuales.

Cargando
No hay anuncios

Base inconsciente obligatoria

Fue la pensadora francesa Monique Wittig la que señaló, en los años setenta, la manera en que el pensamiento heterosexual es una base inconsciente obligatoria; ahora bien, la potencia de la escritura de Sara Torres es que se atreve no solo a señalar esta imposición que opera también hoy, sino a dibujar una alternativa. Así, la propuesta que nos lanza es la de construir un “pensamiento erótico” que borre el camino obligatorio, que “desheterosexualice” el imaginario.

Cargando
No hay anuncios

El mito, el imaginario y el deseo, tienen un vínculo estrecho. No se puede poner en práctica una sexualidad disidente sin la capacidad de imaginar un nuevo orden sexual. Necesitamos la imaginación y el mito, para hacer lugar al otro deseo. El pensamiento erótico, a diferencia del pensamiento heterosexual, será no binario, vitalista, crítico con todas las lógicas que violenten la diferencia. Desde el fondo de nuestra infancia, una gramática secreta nos adiestra en la heterosexualidad, nos enseña solo un camino transitable en medio de la selva del deseo. Sara Torres no quiere dibujar una alternativa cerrada, como podría ser la homosexualidad, lo que querría es borrar la atajo, abrir la posibilidad de explorar de muchas maneras la selva. No quiere vendernos otra ideología, sino hacer lugar a la esperanza que entra cuando abres una ventana, cerrada desde hace mucho tiempo. Es el arte de desescribir el código recibido, revisar la misoginia, boicotear las inercias del pensamiento heterosexual, para hacer lugar a una vitalidad más libre y más ética.

Como dice Angelica Francesca Rimini, El pensamiento erótico es una conversación entre amigas que comparten mesa, no nace de la abstracción sino de la intimidad compartida. Y las interlocutoras que Sara invita a la mesa son letradas, lesbianas, extrañas, buscadoras de lenguajes nuevos que nos permitan decir de manera más poética y más justa la realidad. Audre Lorde, Monique Wittig, Teresa de Lauretis, Adrienne Rich, Gloria Anzaldúa, Anne Carson, Anne Dufourmantelle y Suely Rolnik, la ayudan a desnaturalizar el relato dominante, para liberar la imaginación y las prácticas de amor.

Cargando
No hay anuncios

Porque el amor es el afecto que nos permite tener mundo y hacer que la vida valga la pena. El amor no puede conjugarse con la violencia, el miedo o la vergüenza. En cambio, la dulzura, la ternura y la libertad le son necesarios. Sara Torres reivindica la dulzura. Un concepto lleno de profundidad que puede generar malentendidos en este presente rápido que vivimos. La dulzura es el tipo de inteligencia que cuida de la vida en medio de tanta confusión; no las palabras edulcoradas, ni los afectos superficiales que generan una sensación de amabilidad precaria, sino la presencia, la capacidad de respuesta, la disidencia, la imaginación persistente de una vida otra, de un deseo otro, que no haga sufrir.