Más allá del crecimiento

Vivimos inmersos en el conflicto del capital contra la vida. Abocados a una profunda contradicción permanente que se materializa en situaciones de violencia extrema, de polarización exacerbada por el desconcierto, la incertidumbre y el miedo. Y tenemos la sensación de que todo ocurre cada vez a un ritmo más acelerado y, por eso, más alienante. Vemos estallar multitud de emergencias que se cronifican e intensifican mientras la política y los estados o bien son incapaces de hacerle frente o bien, directamente, operan intensificando las dinámicas de la lógica de la acumulación capitalista, como si el futuro fuera una variable secundaria e, incluso, cancelable.

El Foro Social Más Allá del Crecimiento, que tuvo lugar en Madrid el viernes 13 y el sábado 14 de febrero, y al que fuimos invitados a participar, ha supuesto una oportunidad para abordar esta tensión sin eufemismos, asumiendo el reto de tomar los conflictos ecosociales que definen nuestro tiempo como punto de partida. También en insistir en el abordaje práctico de los imaginarios, las políticas, las alianzas y la articulación social para inventar y aterrizar la transformación económica, política y cultural que permita a las sociedades emanciparse de la inevitabilidad de la monstruosa realidad que el capitalismo nos aboca a vivir. Desde la responsabilidad, pero también desde la reivindicación de las soberanías propias que nos han ido usurpando y que queremos no sólo reivindicar, sino también recuperar, yendo mucho más allá de la retórica.

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Enfocar el decrecimiento —o, si se quiere, el postcrecimiento— no es un ejercicio teórico: es asumir e impulsar formas de reorganización social y económica que tengan como objetivo garantizar condiciones de vida dignas dentro de los límites biofísicos y hacerlo con criterios de justicia social e intergeneracional, con una práctica integrada que genere necesariamente feministas, necesariamente descolonials y, evidentemente, necesariamente anticapitalistas. Cada una de estas miradas aporta un aprendizaje propio que es necesario integrar por el bien común y por la vida.

Y no sólo hacerlo por el hoy, que sostiene una realidad ya demasiado a menudo indigerible y en conflicto, sino también pensando en el mañana, ahora que la pérdida de la biodiversidad, la crisis climática y la extralimitación de los límites planetarios y de los marcos globales del respeto a los derechos humanos ponen en riesgo la misma especie y que, por tanto, niegan incluso la posibilidad. Este faro debemos ponerlo tanto en las demandas institucionales, como en el fortalecimiento de las estructuras de base que nos sostienen fuera de las lógicas del capital y también, y sobre todo, en la ofensiva por la disputa de lo que garantiza y garantizará estas soberanías contra el capitalismo, en el marco del mencionado ya conflicto capital-vida. Por eso, necesitamos una alianza amplia entre movimientos, la mayoría de los cuales han estado presentes y representados en los espacios de debate, discusión, talleres y reflexiones del Foro Social Más Allá del Crecimiento.

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La transición ecosocial sólo será viable si es justa, y sólo será justa si incorpora las demandas que inicialmente pueden parecernos contrapuestas. Hay que poner el foco especialmente en el mundo del trabajo, porque es en el modelo productivo —qué producimos, quién, en qué condiciones y para qué— y en la necesidad de salir de la lógica productivista —que implica redistribuir tiempo y riqueza, garantizar la seguridad en los sectores en transformación y democratizar la planificación económica— donde tenemos los mayores retos sociales con implicaciones ecológicas trascienden. Implica también que el ecologismo asuma que la dimensión social no es un complemento, sino el corazón de cualquier alternativa viable.

Es lo que, también ligado a las cuestiones trabajadas en el Fórum, hemos intentado hacer desde el GOB Mallorca, enfocarnos en este esfuerzo por imaginar alternativas no sólo desde el punto de vista discursivo, sino también para integrarlo en el mundo del trabajo, desde una perspectiva de transformación ecosocial de la economía de las Islas en un marco decrecentista. El pasado mes de noviembre aprovechamos el espacio institucional para poner sobre la mesa el debate sobre economía, turismo y trabajo y confrontar el relato único que identifica "progreso" con especialización turística. Las consecuencias sociales y territoriales de esta especialización, agravadas por la crisis ecológica, se utilizan para justificar políticas neoliberales que amplían desigualdades y la devastación territorial. Ante esto, hemos impulsado una propuesta concreta de transformación ecosocial de la economía balear: un análisis riguroso que plantea diversificar el modelo productivo, reducir el peso del turismo y la construcción, reforzar los sectores esenciales para sostener la vida, como la alimentación o la regeneración ecológica, y repensar el trabajo más allá del salario —incluyendo la redistribución—. No se trata sólo de qué viviríamos, sino de cómo viviríamos, asumiendo los límites biofísicos y la inevitabilidad de un contexto de decrecimiento material. Poner esta propuesta en discusión con los sindicatos, el mundo académico y los movimientos sociales es parte de la disputa necesaria para los posibles imaginarios.

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No es tarea fácil. Implica conflicto, debate y renuncias. Pero es también una oportunidad para repensar el mismo sentido del progreso en un mundo que se precipita al abismo. Es necesario que la pregunta deje de ser "cómo crecer" y pase a ser "cómo vivir y vivir mejor" —todas y todos, en todo el planeta.