Cortesanos del emérito
La desclasificación de los documentos sobre el 23-F sirvió de excusa para que los líderes del PP salgan en tromba reclamando la vuelta del rey emérito a España. "Sería un fracaso colectivo como país que Juan Carlos I terminara sus días en el exilio", ha dicho la presidenta del Gobierno, Marga Prohens, poco después de que lo hiciera Feijóo.
Los secretos desvelados del golpe de estado no han traído muchas más noticias que algunas minucias y ha confirmado lo que ya sabíamos. Que el PP aproveche la actuación correcta –era su obligación– hace 45 años del jefe de Estado para enaltecerle es un intento demagógico de obviar por qué decidió irse a Abu Dhabi. Voluntariamente. No lo hizo solo por salvar a la Corona ni el reinado de su hijo, sino por la seguridad de vivir en un país donde no debía tributar ni un euro.
Juan Carlos I no necesita cortesanos conservadores para reivindicar su legado ni que le pongan alfombras para que vuelva. Es libre de devolver cuando lo considere. Nada se lo impide. Salvo que, si reside en España más de 183 días al año, estará obligado a rendir cuentas con Hacienda, a declarar su patrimonio dentro y fuera del país.
El emérito se salvó de ser condenado por una mezcla entre la prescripción desde las sustanciosas comisiones y los trapicheos diversos y la inviolabilidad como jefe de Estado. Puro privilegio. Pagó a Hacienda más de cuatro millones de euros por regularizar un fraude de más de ocho. Todo, después de que una investigación fiscal confirmara que tenía 100 millones de euros ocultos en Suiza.
Este jefe de Estado, cuya actuación debería ser ejemplar, pasó años llenándose los bolsillos mientras hacía valer su condición de rey de España. Se marchó y el único intento de restaurar el mal y la vergüenza ha sido publicar un libro de memorias lamentable, como si fuera una starlette o un galán de entre tantos otros. Lo de "lo siento, me he equivocado; no volverá a ocurrir", que entonó mientras estaba de luna de miel cazando elefantes con su amante en África –en vez de quedar en la Zarzuela–, no se ha trasladado a su lamentable actuación como rey comisionista. No se arrepiente de nada, confirmó a un periodista francés al que abrió la puerta de su casa a Abu Dhabi para promocionar el libro, llamado Reconciliación.
Que vuelva, si así lo quiere, y que devuelva todo el dinero que se llevó en nombre de los ciudadanos a los que debía servir. El PP puede seguir alabándolo en vida. Y lo llorará ya muerto.