Comedores

No importaría decir que, en principio, la iniciativa es digna de elogio… Que un portal web nos quiera informar de cómo se gastan los dineros públicos no deja de ser un paso más en la transparencia democrática, la que nos empuja a no tener que ocultar nada de los asuntos que nos conciernen a todos. Pagamos impuestos para que estos satisfagan las necesidades colectivas, pero de qué manera los dineros van hacia ciertas cosas y no a otras no deja de ser discutible, es decir, pura política. Un señor puede considerar que los museos están llenos de irrellevancias, y que el dinero debería ir todo a la sanidad y a la educación, y no en cosas tan etéreas como el arte, sea este el museo o el teatro. Es opinable, pero colectivamente hemos decidido que el dinero público también debe ir a cosas como estas: pagar a los músicos en las fiestas mayores, los gigantes, las collas castelleras, la cultura popular, y no solamente las ayudas que recibe la industria o las subvenciones a la agricultura. Por no hablar del gasto militar. Juzgar quién debe recibir dinero público, y quién no, no es tan sencillo. Diseñar un sistema de impuestos justo es trabajo de especialistas —es extremadamente complicado—, no un debate de bar o de redes. El ciudadano sin mucha formación política ni conocimientos puede sentirse empujado a escandalizarse solo porque ve que él paga impuestos, o no llega a fin de mes, y después un señor recibe medio millón de euros por hacer una película que, encima, es mala o no acaba mirando casi nadie. O que la ministra del ramo se va a ver los Oscar en vivo y en directo a Los Ángeles con cargo al presupuesto público. Al web que busca fiscalizar todo esto en el ámbito catalán lo han bautizado como 'menjòmetre', como queriendo decir que hay 'comedoras' a las que hay demasiada gente pegada. La disposición con la que se quieren evaluar estas cosas ya es una forma de política, claro; y sobre todo se debe saber que el objetivo no es tanto repensar dónde va el dinero como hacer escarnio y poner cabezas —famosas— en la picota. Como si descubrir que un escritor, por ejemplo, se lleva miles de euros en contratos en los medios, o en los clubes de lectura, o en ayudas a la creación, lo desacreditara de alguna manera. Los medios de comunicación públicos también nos cuestan un montón de dinero, pero está bien que estén (pero si quieres repensar su tamaño o su gasto ya te consideran ‘de derechas’). Sin ellos todavía sería más complicada la búsqueda de la objetividad, pero tampoco deben tener miedo de ser transparentes consigo mismos. Muy a menudo se publican estas cifras con finalidades demagógicas, para hacerle sentir al electorado que nos gobiernan manipuladores, enchufados e ingenieros del trapicheo, pero no se le explica que también detrás de estos contratos y subvenciones hay familias, salarios, trabajos y dinero que no desaparecen en el vacío, sino que después se transforman en consumo en la economía de todos. Parece que el dinero que no va directamente a nuestros bolsillos es siempre malgastado.