El cielo vendido
Cuando Neil Armstrong pisó la Luna el 20 de julio de 1969, pronunció una frase llena de épica que marcaría una época: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Como el pasado se romantiza e idealiza a través de la nostalgia, creemos hoy que el objetivo de la misión al satélite era el conocimiento o la conquista del espacio. Pero nacía de la pura rivalidad con la Unión Soviética. Era simplemente un posicionamiento geopolítico dentro de la carrera espacial.
Quizás por eso, una vez que se proclamó un vencedor, ningún astronauta ha vuelto a pisar la Luna desde el Apolo 17 en 1972.
En los últimos años ha habido misiones robóticas, orbitadores, módulos no tripulados y se ha estado preparando el programa Artemis, pero la tecnología necesaria para que un humano pise el satélite se abandonó en los 70. El proyecto es hoy difuso.
El nuevo viaje a la Luna ha terminado con un puñado de fotos espectaculares que, en tiempos de la IA, recibimos sin un impacto duradero. Antes fuimos a la Luna para hacer historia. Ahora, para hacer contenido: material para compartir en las redes sociales.
No son tiempos para malgastar presupuestos multimillonarios públicos en excursiones espaciales, pero como son los Estados Unidos, perfeccionará la fórmula para privatizar la exploración y convertirla (cuando sea seguro) en una experiencia más para los muy ricos.
El problema ya no es haber perdido la capacidad de sorpresa, sino que el capitalismo ha aprendido a monetizarla. El misterio es ahora espectáculo. La conquista, producto. La Luna no es un imposible sino un destino para explotar.
La fascinación por el cielo y el espacio, no obstante, continúa intacta. Como prueba, el eclipse de este verano que los hoteles ya rentabilizan en Mallorca con tarifas desorbitadas para el día en cuestión. El mismo cielo de siempre, convertido en evento de temporada.
Al final, el progreso no ha sido continuar mirando hacia arriba, sino haber aprendido a poner precio a lo que vemos. Incluso el hecho de que la oscuridad, cuando es extraordinaria, ya necesite reserva.
Dudo que llegue a vivir el día que el hombre llegue a Marte (en teoría los viajes a la Luna también son un ensayo preparatorio), pero tampoco me importa en absoluto. Igual que el eclipse. Bastante tenemos con sobrevivir a que salga el sol diariamente. Y la luna.