Bombas

En la extraordinaria serie Teherán (Apple Tv) vemos todos los trapicheos horribles que hacen los israelíes para acabar con el régimen teocrático de Irán. La ficción es israelí, y podríamos pensar que es un mensaje políticamente dirigido al régimen o al pueblo de Irán para mostrarles las enormes miserias de su gobierno, como lo es, en buena medida. Pero al mismo tiempo lo que se nos evidencia es la falta de escrúpulos del mismo espionaje israelí, el Mossad, la manera en que usa y abusa de sus agentes, la horrible y trágica desmesura de sus métodos para acabar con un régimen que quiere armarse no sólo para dominar la región sino también para arrasar.

Es un ejemplo magnífico de cine político de calidad, que no ahorra ni la autocrítica ni esconde que de esta manera, a través de una ficción bien asquerosamente realista, se muestran todas las miserias y abusos de un régimen putrefacto, hipócrita y corrupto, que los propios iraníes se ven impotentes cuando lo pretenden cualquiera). Un gran actor iraní y judío, Shaun Toub, da vida al perdiguero más sagaz del espionaje iraní, un actor y un personaje de los que no se olvidan.

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Sea como quiera esta ficción (una trama de espionaje clásico, en la línea del maestro Le Carré, o de lo que fue Homeland) pone sobre la mesa la necesidad de ayudar a los iraníes que están cansados ​​de un régimen que puede llegar a matar a mujeres por no llevar pañuelo en la cabeza, o por querer elecciones no manipuladas. Desde hace décadas que se ha debatido sobre qué hacer con este tipo de dictaduras, y desde el tiempo de Bush y la guerra de Irak que hizo evidente que derrocar a un dictador no siempre es la manera más elegante ni más efectiva de llevar la democracia, ni de salvar vidas de inocentes. Irak no es precisamente un paraíso, ahora; a pesar de haberse deshecho de aquella dictadura, existe una democracia corrupta y con una bajísima esperanza de vida. Trump quizás no lo ha hecho por razones nobles, todo esto, y es seguro que cualquier otro presidente –o presidenta– demócrata no se habría envuelto en desestabilizar un país entero en Oriente Medio, por muchos abusos que se hagan. Y si bien es verdad que los disidentes y los exiliados pueden estar contentos por la eliminación de su 'enemigo', la represión puede hacerse aún más fuerte, y la escalada de reacciones violentas puede no tener freno.

No sé –nadie lo sabe– si estamos a las puertas de una guerra mundial o si ésta ya ha comenzado, o si es lo de siempre: escaramuzas en Oriente Medio, guerras y atentados y cambios de gobierno, como ocurre desde finales del siglo XX. Las viejas democracias europeas no saben posicionarse; EEUU aún es movido por el espíritu redentor, y las teocracias islámicas arman terroristas, que ahora se sentirán aún más autorizados para atentar en Occidente. No es la sensatez la que gobierna el mundo, sino los intereses de unas élites que tienen demasiadas cosas que esconder, y que prefieren el apocalipsis a rendir cuentas, sea esto en Washington o en Teherán.