La Balanguera de los chinos de Pere Garau

La celebración del Año Nuevo Chino tuvo lugar el pasado domingo 22 en la plaza de Pere Garau, la barriada de Palma donde se concentra el 43% de la inmigración china que vive en Palma, que a su vez supone el 10% de la población extracomunitaria que vive en Ciutat. Entre la multitud de actos de esta gran fiesta que los chinos han aportado a la cultura popular de la ciudad, hubo un momento especialmente destacado cuando dos chicas subieron al escenario y cantaron La Balanguera, himno de Mallorca desde 1996. La versión musical del poema fue compuesta por Amadeu Vives en 1926, el mismo año de la muerte de Joan Alcover: su interpretación dentro de los actos del Año Nuevo Chino de Palma ha coincidido, por tanto, con la conmemoración del centenario de la muerte del poema. Es emocionante imaginar cómo habría vivido Joan Alcover ver su poema sobre la tradición cultural y la vitalidad del pueblo mallorquín convertido en una canción de entendimiento, convivencia y respeto entre los mallorquines de pura cepa y los nuevos mallorquines llegados literalmente del otro jefe del mundo. No se trata de 'integración', como suele repetirse, medio por pereza mental medio por prejuicio, cuando se habla de inmigrantes. No se trata de integrarse sino de dialogar, de mostrar cariño y respeto por el lugar donde vives, tanto si vives desde hace quince generaciones como si acabas de llegar o eres el hijo de unos que llegaron hace unos años. Las primeras muestras de ese respeto, de esta estima y de esta voluntad de dialogar implican, como es obvio, la lengua y la cultura. Y (no debería ni decirlo) el cuidado del entorno, principalmente el natural, pero también el urbano. Todo esto lo ha entendido bien la comunidad china de Pere Garau y la Asociación Cultural China de las Islas Baleares, que llenaron la festividad del Año Nuevo Chino con referencias y injertos mallorquines: hubo castellers, se puso el nombre de Pep al dragón –uno de los grandes protagonistas del día–, etc.

Estos gestos de la comunidad china de Palma se vuelven aún más valiosos si pensamos en los mallorquinarros y mallorquinitos que se abonan al racismo del 'sobra gente', del 'trabajo para los de aquí' y otros eslóganes racistas y/o supremacistas. Pero que, en cambio, no sólo no aman ni respetan a Palma ni Mallorca, sino que pretenden asfaltarla, cementarla, hormigonarla y venderla a los fondos buitre, a los especuladores o al turismo de masas y sus derivados. Mucha mallorquinidad de boquilla, muchos vestidos al ancho, muchos linajes mallorquines (ocho, dieciocho o veintiocho, no viene de uno), pero al final ellos son los negacionistas de una prosperidad ordenada que permita unas condiciones de vida adecuadas y razonables para los ciudadanos de estas Islas. Los primeros incluso capaces de actuar políticamente contra su lengua, cultura y entorno natural.

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Lo primero que se le debe exigir a un gobernante es que no dé pasar vergüenza a la ciudadanía: cuando escuchamos a Marga Prohens ejerciendo de trumpista de tercera, afirmando que "aquí no cabemos todos", o cuando vemos al teniente de alcalde, Javier Bonet, haciendo de Xavier García Albiol y defendiendo la expulsión desordenada de los Palma, sentimos la profunda vergüenza de ser representantes por personas que no tienen la categoría necesaria para ello. Que tomen ejemplo de la comunidad china de Pere Garau y de los valores de convivencia, respeto y cohesión social que supieron transmitir. Un aplauso y larga vida en el Año Nuevo Chino de Palma.