Aena, la trituradora

A principios de los años sesenta se inauguraba en Palma el aeropuerto de Son Sant Joan, que sustituía al de Son Bonet, y los mallorquines recibían a los turistas a pie de pista con ramos de flores. La puerta de entrada a la isla era eso, una puerta. Hoy aquella puerta se ha convertido en una maquinaria que tiene mucho, o todo, de trituradora. No es una metáfora muy exagerada. Porque Aena ya no se conforma con gestionar un aeropuerto: lo agranda, lo llena, lo vende, lo alquila, lo explota y le saca todo el jugo que puede. No olvidemos nunca que Aena es una empresa de mayoría pública. Es decir, que este gran negocio tiene mucho de público, pero muy poco de nuestro.

Aena es también un formidable ente de recaudación. Cuanta más facturación genera Son Sant Joan, más dinero se envía al resto del Estado. De explotarnos sale el dinero para pagar los aeropuertos deficitarios, que en España son la mayoría. Mientras tanto, se nos dice que no podemos decidir hasta qué punto se puede abrir esta puerta ni cómo se debe conducir esta maquinaria. ¿La cogestión? Aena ya avisa que la recurrirá si algún día, en una de aquellas improbabilidades de la política española, llegase a aprobarse. El motivo, dice, es que le haría perder los ingresos que saca en la isla. Es una explicación curiosa, por decirlo suave: nos niegan la posibilidad de (co)decidir sobre un negocio que hace negocio con nosotros.

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También es curioso el lenguaje que utiliza. Aena no amplía el aeropuerto, dice. Solo abre áreas nuevas, nos hace pasar por espacios nuevos, y nos explica que no es una ampliación. Debe ser una cuestión semántica. Como aquella persona que asegura que no ha comido más, solo ha ido abriendo más y más paquetes de galletas. En cualquier caso, por mucho que diga, cuanto más grande se hace el aeropuerto, más grande es la puerta de entrada. Es una obviedad, pero conviene repetirla: si ensanchas la puerta, cabrá más gente. Y si caben más aviones, venderán más billetes para llenarlos.

Después está la publicidad. Hay pocos aeropuertos en el mundo con tanta propaganda y tan burda sobre el país que hay al otro lado de los controles. Mallorca se presenta allí como un gran parque de la juerga, el alquiler de coches, la compra de casas y el consumo sin freno. Aena no solo abre la puerta a millones de turistas, también ayuda a venderles la Mallorca que después sufrimos.

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Ahora, además, quiere alicatar Son Bonet de placas solares. Lo quiere fuerte y no te muevas. Ni el Parlamento ni la oposición de los vecinos han conseguido, de momento, detener el proyecto. Aena se ha convertido en un monstruo insaciable. Un monstruo que, ay de nosotros, ni siquiera notaría el boicot de los residentes de las Baleares si decidiéramos hacérselo. Por eso no basta con pedirle que sea un poco más amable. Se le tiene que decir basta, se le tienen que poner límites y se tiene que asumir que también el aeropuerto, como tantas otras cosas en Mallorca, debe decrecer.

El PSOE tiene ahora mismo la posibilidad de pisar el freno. Me parece, sin embargo, que ni los socialistas, ni mucho menos los populares si llegan a gobernar el Estado, detendrán esta trituradora. La conducirán.