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El pasado domingo de resurrección, en un gesto a la vez solemne y burlón muy de su provocadora y vitalista manera de ser, murió uno de los autores más importantes de la literatura catalana a caballo de los siglos XX y XXI: Josep Piera. Heredero de Ausiàs March, pero también de Kavafis y Penna y Bufalino, fue uno de los poetas de la generación de los 70 que irrumpió con más fuerza: en la mítica colección Tafal –liderada por Andreu Vidal y Àngel Terron– publicó uno de sus mejores títulos, Borradores de la música. Con los años también se convirtió en un gran narrador (Rondalla del retorno) y en un prosista referencial con ensayos inolvidables, como el de su estancia napolitana (Un bellísimo cadáver barroco), y dietarios llenos de sabiduría atávica a la altura de los volúmenes de uno de sus maestros como fue Josep Pla (especialmente destacable es el cruentísimo Puta postguerra).Josep Piera, colaborador del fotógrafo Toni Catany en el sensacional trabajo Visions de Tirant lo Blanc, era poeta no solo porque hubiera sabido escribir algunos de los versos más poderosos de nuestra historia, sino sobre todo por su actitud abierta, perpetuamente vital a pesar de las dificultades personales y colectivas, y fue así como consiguió que el dicho “entre ser poeta y vivir hay una bella posibilidad que es vivir poéticamente” de su admirado Joan Vinyoli –a quien dedicó el precioso libro Vinyoliana– acabara siendo estandarte existencial. Su intuición también le ayudó a comprender, muy pronto, que los Países Catalanes tienen la suerte de encontrarse en un rincón espléndido: el corazón del Mediterráneo. A partir de este eje construyó una coherentísima cosmogonía propia empapada de tradición que canta este espacio de comercio, de intercambio, de diálogo, de creación, de pasiones. Ampliando este hilo, dedicó parte de sus esfuerzos a traducir poetas andalusíes (Trobadors amb turbant) y a navegar en nuestro mar y nuestros paisajes. Desde este furor orgánico nos ofreció su último libro publicado hace unos meses, Tot són ones en la Editorial Afers, recopilación de artículos que se leen como si fueran poemas en prosa o como fragmentos de una autobiografía secreta empapada de peripecias personales y de aliento novelístico. Todo son olas es una oda coral en la que Josep Piera sublima su concepto de mediterraneidad. Desde plazas que laten hasta paisajes íntimos cargados de memoria y deseo, el libro despliega una cartografía psicogeográfica donde cada lugar es a la vez origen y proyección. La obra deviene, pues, una celebración consciente de una civilización compartida que no sólo reconoce los vínculos culturales y literarios que han forjado la voz del autor, sino que los reactiva como un compromiso, voluntad de pertenencia y continuidad, fiesta vital. Todo son olas es, en efecto, el sello de oro de una trayectoria canónica que llega al final. Ya te echo de menos, Pep.

'Tot són ones'. Editorial Afers. 278 páginas. 19 euros.
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