El consultorio

¿Cómo huir de los disfraces de superhéroes para ellos y de princesas para ellas?

Cuando, a pesar de apostar por una coeducación, nuestras criaturas eligen un disfraz sexista, debe aprovecharse para fomentar su pensamiento crítico

07/02/2026

BarcelonaDesde hace tiempo se está trabajando en erradicar el lenguaje sexista. También para reducir el sexismo en ámbitos como la publicidad y los juguetes. ¿Se está trabajando en el mismo sentido en el sector de los disfraces infantiles? Es decir, ¿se ha abierto el abanico para que vaya más allá de los disfraces de princesa o bailarina en el caso de las niñas y de superhéroe, policía o deportista en el de los niños? La respuesta, para la psicóloga Elena Crespi, es un "no" rotundo. Recuerda que aunque hace tres años entró en vigor un nuevo código de autorregulación en el que se intentaba que en los catálogos y publicidades no se vinculara un tipo de juego a un género, "vamos a donde vamos, seguimos viendo que en las figuras o juguetes de bomberos y policías, los niños siguen siendo los protagonistas de las imágenes niñas". El único cambio, añade, es que en caso de que haya, por ejemplo, un disfraz de policía en el que sí podemos ver a una niña como modelo, el vestido cambia automáticamente para sexualizar a esa criatura con un pantalón más estrecho o una falda, una camisa que se abre más o una camiseta más corta”.

¿Cómo pueden las familias huir de estos disfraces?

Para Crespi, el problema no está en el disfraz en sí. "Es lógico que una criatura quiera disfrazarse de lo que ha entendido que le corresponde, que la mayoría de niñas quieran disfraces de princesas y la mayoría de niños, los de superhéroes". Ahora bien, deja claro que a estas edades es importante empezar a instaurar el pensamiento crítico. "Abrir la puerta y decir «Escúchame, de todos estos disfraces también puedes escoger esta otra o esta otra». Es decir, que tengan muy claro que ellas también pueden ser Spiderman o Spiderwoman y ellos también pueden elegir un disfraz con un traje", dice.

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En caso de que haya un niño que elija un disfraz que sale de los estándares, para la psicóloga es importante sobre todo en el caso de los niños "no comentar o no reírnos porque quizás quieran ir con un disfraz de la Frozen". Esto ocurre a menudo con niños que de pequeños eligen disfraces con faldas "y luego reciben la burla del entorno".

¿Por qué estos roles de género están vigentes en los disfraces de los más pequeños?

Lo primero que ocurre, según Crespi, es que estos roles están en todas partes. La mayoría de referentes que se construyen socialmente, sea en series, películas, canciones o dibujos animados, refuerzan estos estereotipos. "Y no debemos olvidar –puntualiza– que detrás tenemos unas estructuras patriarcales y machistas, las cuales gobiernan y tienen el monopolio de todo lo que se fabrica", destaca Crespi, para quien este factor se junta con un segundo igualmente importante: "la sociedad de consumo en la que vivimos, donde interesa fomentar mucho estos estereotipos".

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¿Cómo pueden las escuelas promover disfraces más inclusivos y neutros?

Para Crespi, el papel de los centros educativos es primordial. De todas formas, advierte, si a la hora de minimizar el riesgo de escoger disfraces estandarizados, eligen los oficios como temática, "tendremos a escoger oficios masculinizados porque es lo que se ha construido como genérico". En este sentido, puntualiza, "hay que hacer un gran trabajo de repensar desde dónde lo hacemos y qué nos falta para que, por ejemplo, un oficio también pueda ser el de peluquero, el de secretario, el de maestro de guardería y que también pueda haber niños que se disfrazaran de ello". Lo mismo ocurriría cuando escogemos animales. "Habría que no caer en animales macho y animales hembra y en la vaca, por ejemplo, ponerle un lacito".

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Si nuestro hijo o hija elige un disfraz de naturaleza sexista, ¿cómo debemos abordarlo?

Para Crespi, cuando una criatura elige un disfraz con este sesgo sexista, "tenemos una gran oportunidad por delante para poder instaurar algo de pensamiento crítico". Y es que, en el fondo, que una niña quiera disfrazarse de princesa no tiene nada malo, pero sí "podemos aprovechar el momento para plantearle: «¿Crees que un niño, si quisiera, también podría disfrazarse de princesa?» o «¿Crees que un niño que también tuviera muchas ganas se atrevería a vestirse de princesa? ¿Qué le diría la gente? ¿Crees que estaría tranquilo?».

¿Hay que preparar a los niños para que apuesten por disfraces poco normativos?

"Desgraciadamente, sí hay que preparar a los niños que decida disfrazarse con un disfraz no normativa, según el género y según lo que la sociedad le dice que debe llevar", apunta Crespi, para quien tiene sentido hablar de ello "si en algún momento hemos tenido una mirada crítica y siempre hemos explicado que todo el mundo tiene derecho a hacer ya vestir como realmente quiera". Si nunca lo hemos hecho, prosigue, "nunca es tarde para empezar".

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Si vemos que un niño se viste de bailarín o de princesa, la psicóloga sugiere decirle que nos encanta su elección y desearle que disfrute mucho con este disfraz, "pero también advertirle de que quizá haya alguien a quien no le esté bien y quizá comparte con él. Todo esto, evidentemente, con palabras adaptadas a la edad de la criatura. En el caso de niñas que se disfrazan de futbolista o mecánico, evidentemente también hay que hablar. Y más aún, apunta Crespi: "Si nos encontramos con que no hay disfraz donde no haya esta sexualización, hay que cuestionar el porqué un disfraz de mecánica quizás tiene el mono mucho más estrecho que el de mecánico".