El consultorio

¿Por qué siempre me contesta mal?

El enfado o la rabia son la punta del iceberg; debajo, a menudo encontramos estrés, inseguridad, frustración y una necesidad clara de recibir atención

Una niña enfadada en el coche.
13/02/2026
4 min

Barcelona¿Quién no se ha encontrado en la situación de preguntar algo a algún niño o joven y recibir, casi de forma sistemática, una mala respuesta, como si estuviera enfadado constantemente? Esta actitud siempre responde a alguna situación y basta con rascar un poco para saber a qué se debe y cómo se puede reconducir. Tal y como señala Laura Aut, psicóloga y directora del centro Psilaut, hay que entender que cualquier expresión de los niños quiere transmitir algo: es una reacción y, a menudo, una forma de comunicar una necesidad, aunque se haga de una manera poco adecuada.

"También debemos tener en cuenta el contexto. A menudo, las familias están desbordadas por el trabajo, las obligaciones y el ritmo de vida. Todo ello hace que la paciencia de los padres disminuya y estén más irritables. Esto puede generar un círculo vicioso en el que tanto los adultos como los niños acaban comunicándose de una.

En este contexto, Aut señala que los niños pueden sentirse "poco vistos" e intentar reclamar de algún modo más tiempo y atención. Recalca que también es importante entender que el estrés no es exclusivo de los adultos: los niños también acumulan presión (escuela, actividades extraescolares, exigencias...), lo que puede provocar una saturación emocional que acaban expresando con conductas desadaptativas. "Teniendo en cuenta su edad y su nivel madurativo, debemos entender que todavía están aprendiendo a gestionar las emociones y la frustración".

Por tanto, si un adulto les pone un límite o las cosas no salen como esperaban, es habitual que aparezca la rabia. Sobre todo en los más pequeños, que todavía no disponen de herramientas suficientes para regular los impulsos y frenar determinadas reacciones.” Así, Aut recuerda que el enfado o la rabia son la punta del iceberg, pero que si miramos qué hay debajo, a menudo encontramos estrés, inseguridad, frustración y una necesidad clara de recibir tiempo, presencia. a gestionar?

Según explica Aut, existen etapas del desarrollo en las que la dificultad para gestionar las emociones, como la ira, provoca estallidos emocionales. Esto es especialmente frecuente en niños de entre 3 y 6 años, que están desarrollando la autonomía y empezando a poner a prueba los límites. Otro momento especialmente crítico es la preadolescencia y la adolescencia, ya que es una etapa en la que se construye la propia identidad, se cuestionan normas y se prueba hasta dónde se puede llegar. "Que sea habitual en algunas etapas no quiere decir que no haya que trabajar o reconducir. Hay que acompañar a estos momentos y evitar normalizar conductas agresivas, ya sea hacia uno mismo o hacia los demás. Es decir, forma parte del desarrollo, pero no debe banalizarse. Los niños deben aprender a gestionarlo para que no se convierta en un patrón de conducta".

¿Cómo pueden actuar los padres en estos casos?

Aut recalca que hay que entender que los niños necesitan tiempo, aprendizaje y acompañamiento emocional. En el momento del estallido, es clave que los padres no se pongan al mismo nivel emocional y que eviten entrar en el conflicto con gritos o tensión. Es preferible hablar y actuar desde la calma, con mensajes breves, claros y bajo tono de voz, adaptados a su comprensión. "Los padres deben poner límites a la conducta, no a la emoción. Se puede validar lo que sienten, pero marcar qué no es aceptable. Por ejemplo «Entiendo que estés enfadado, pero no acepto que me hables así. Volvemos a hablar cuando estés más tranquilo»". Entonces, es el momento de hablar de lo que ha pasado: preguntarle qué sentía, qué necesitaba, si cree que podría haberlo expresado de otra manera… Finalmente, apunta Aut, es fundamental reforzarlo: felicitarle siempre que sea capaz de expresar sus emociones y necesidades de forma adecuada.

¿Los castigos pueden solucionar esta situación?

"El objetivo que buscan los padres no es que los niños sufran o lo pasen mal de alguna manera, lo que quieren es que aprendan. Lo que podemos utilizar son consecuencias lógicas, coherentes e inmediatas", recomienda Aut.

¿Cómo revertir esta situación?

Tal y como explica Aut, los profesionales de la psicología suelen plantear tres líneas de intervención. La primera va dirigida a reducir los estallidos de ira, tanto en prevención como en intervención. "Por eso proponemos una rutina de higiene del sueño, realizar control de estímulos y fomentar las rutinas, así como trabajar el autocontrol mediante respiraciones, relajación, crear un espacio de calma, etc.". La segunda va dirigida a enseñar nuevas habilidades, como realizar demandas, aumentar la tolerancia a la frustración, enseñar estrategias de negociación y consecuencias como reparar el "daño" después de que se haya producido un conflicto. "Al final, el trabajo con la familia es clave. Por eso, hay que revisar su estilo comunicativo y trabajar para un modelo de autorregulación".

¿Cuándo es necesario buscar ayuda profesional?

Según Aut, es recomendable buscar ayuda cuando los padres se ven desbordados, pero teniendo en cuenta la frecuencia (cuando hay conflictos diarios), la intensidad (insultos, agresividad) y la duración (cuánto cuesta volver a la calma y si hay un malestar claro en el niño). "También hay que estar atento si existe una disminución del rendimiento escolar, si hay cambios en la socialización del niño o cambios bruscos de conducta".

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