Miquel Camps: "Todavía estamos a tiempo de evitar ser una nueva Ibiza"
Coordinador del GOB en Menorca
CiutadellaEl coordinador territorial del GOB, Miquel Camps Taltavull (Maó, 1963), calienta motores para poner en marcha a partir de este sábado, 13 de junio (19.30 horas), el nuevo verano de movilizaciones que anuncia Via Menorca. Un ejército de hormigas “hartas de la masificación” ya caminan hacia la plaza de la Biosfera de Maó para manifestarse en defensa del derecho a la vivienda y en contra de quien “nos chupa el agua hasta dejar los acuíferos secos” y de quien “nos condena a hacer trabajos precarios para malvivir del turismo”.
Hace dos años justos que empezasteis las manifestaciones y protestas a través de la plataforma Via Menorca. ¿Qué os empuja a hacerlo?
— En realidad, comenzamos las acciones reivindicativas hace cuatro o cinco años, con excursiones para denunciar la insostenibilidad de algunos espacios. Pero, a raíz del ciclo de charlas Menorca a la deriva, nos dimos cuenta de que la isla se está descontrolando. En una de estas sesiones asistió mucha gente de una treintena de años con la que conectamos bien y decidimos montar lo que desde 2024 es Via Menorca. Es una iniciativa a medio y largo plazo para conseguir que la isla vuelva a encontrar su camino, como en el siglo pasado con la Reserva de la Biosfera y el primer Plan Territorial, que marcó la línea diferenciada a seguir por las otras islas. Se trata de poner fin a la deriva de crecimiento indefinido en la llegada de turistas. Porque el resultado es que faltan viviendas accesibles para la gente joven, que tiene su proyecto de vida parado, y la dependencia del monocultivo turístico es cada vez mayor.
Este sábado hay convocada una nueva movilización para hacer presente que el hormigueo de protesta crece. ¿Con qué propósito?
— Queremos que Menorca recupere el timón y no se deje arrastrar más por los mercados que solo buscan una rentabilidad inmediata. La isla sufre los problemas de una masificación creciente. El número de turistas ha crecido un 80% en 15 años, al pasar de 1 millón a 1,8 millones. Y este crecimiento no ha sido causado porque se haya construido más en las urbanizaciones, sino por el fenómeno del alquiler turístico. Las casas se van vaciando de residentes para poner turistas y ya no tenemos ni para alojar la mano de obra que debe venir a trabajar en el sector. Esta saturación provoca también que falte agua y toda la economía se base en el turismo.
¿La única manera de solucionar el problema de la vivienda es limitar el alquiler turístico?
— No tenemos ningún posicionamiento antiturístico, simplemente pedimos un control. Se trata de decidir un techo en la llegada de turistas para que la realidad no nos traiga después tantos problemas. El primer paso sería no renovar las autorizaciones de alquiler turístico en los núcleos tradicionales para que sean espacios solo para residentes. El alquiler turístico legal en Menorca supone unas 6.000 casas y 30.000 plazas, pero la oferta ilegal se estima en otras 6.000 casas más. Solo así se explica que en la punta del verano haya 230.000 personas cuando no hay tantas plazas declaradas en Menorca. El hecho es que estas 12.000 casas antes estaban disponibles para residentes y que, si no revertimos esta tendencia, la cifra continuará creciendo.
El Plan Territorial (PTI) sí que ha puesto un nuevo techo turístico para Menorca.
— Así es, pero la propuesta del estudio de capacidad de carga turística implica crecer en 25.000 plazas más, lo que es un suicidio absoluto.
Según vuestros cálculos, Menorca recibe 20 turistas por cada residente, pero, aun así, se continúa diciendo que la situación no es tan mala como en Mallorca y Eivissa. ¿Os consuela?
— No, porque igualmente se necesitan medidas urgentes que den un resultado rápido, como es el caso de la limitación de los vehículos turísticos. Es una medida que ya hace años que se ha tomado en Formentera y que, con solo un año de aplicación, ya ha conseguido bajar la presión turística en Ibiza. Esto que ya se hace en dos islas donde gobierna el mismo partido que en Menorca se está debatiendo también en Mallorca. Menorca es la única isla que todavía no ha limitado la entrada de coches. Es una demostración bien clara de que en Menorca no hay nadie al volante. Y sí, se hace el discurso de que no estamos tan mal como otras islas, cuando lo que tenemos que hacer es no esperar a estarlo para tomar medidas. Ya hay municipios con serios problemas para abastecer de agua a la población.
¿Un cambio de rumbo real solo se consigue con un cambio político en el Consell insular? Los ocho años anteriores de gobierno de izquierda tampoco han parado esta manía…
— No tengo claro que se pueda arreglar todo con un cambio de gobierno, sino con un cambio en la manera de gobernar. El hecho es que antes de poner en marcha Via Menorca ya habíamos impulsado actividades para advertir de que se estaban haciendo las cosas mal. De hecho, el incremento de las plazas de alquiler turístico se dio sobre todo antes de la moratoria del 2022. En Menorca falta una visión holística y por eso ya hace unos años que hay movilización ciudadana. Necesitamos que, gobierne quien gobierne, se controlen determinados parámetros. Si queremos mirar al futuro nos tenemos que fijar en Ibiza, donde el alquiler turístico lo promueven fondos de inversión que se quedan todo el negocio y dejan el problema en la isla. Todavía estamos a tiempo de que Menorca no sea una nueva Ibiza.
Está bien que repartáis culpas a escala política, porque el GOB es el principal motor de Via Menorca y el actual gobierno del Consell ha menospreciado a menudo la entidad, diciendo que está politizada.
— Dicen que el ecologismo es de izquierdas cuando no lo es. El problema es que los partidos españoles de derechas son muy poco ecologistas. Tienen muy poco compromiso medioambiental, al contrario que en otros países. El equipo conservador del Consell rechaza algunos datos porque dice que están politizados cuando son oficiales y él mismo los puede constatar. Es un error pretender polarizar el debate como excusa para no tomar ninguna decisión.
Hay hoteleros y promotores de renovables que sí sintonizan con la posición del GOB.
— En el ámbito económico hay muchos sectores con los que nos entendemos. Sobre todo con quien tiene una visión a medio y largo plazo, pero no con quien quiere resultados inmediatos. Menorca ha demostrado que la apuesta por la conservación y la protección es buena para la economía. De hecho, los espacios naturales es lo que mostramos fuera y lo que se valora más como oferta diferenciada.
¿Cómo ha afectado la sustitución de la propiedad de las tierras que se está produciendo esta última década en Menorca?
— Me preocupa poco si el principal terrateniente de Menorca se llama Conde de Torre Saura o Víctor Madera. Lo más importante es qué quiere y qué puede hacer. Las movilizaciones de los años 80 y 90 eran para conseguir un modelo nuevo, fomentado después en la Reserva de la Biosfera y el Plan Territorial. Para conseguirlo tuvimos muchos enfrentamientos para defender el territorio con los herederos de los primeros terratenientes, que tenían mucho interés en urbanizar. Así que haber cambiado ahora el linaje no es bueno ni malo. Lo que sí que es básico es que el PTI continúe defendiendo la isla. Si Menorca tiene un PTI como el actual, y no como el que se quiere modificar en el Consell, ¿a quién le importa que la isla de Colom sea de la familia Roca o de Víctor Madera? Si la isla está protegida, esta sustitución no tiene ningún efecto, pero sí que lo tendrá si la desprotegemos.
¿La abortada reforma del PTI, que el gobierno del Consell reformula, es ahora la principal amenaza?
— Es la amenaza más grande que tiene Menorca, sí. Si se modifica el PTI con los términos que querían, Menorca pasaría a ser Ibiza y deberíamos movilizarnos.
Lleva más de 40 años de activismo. ¿Cómo ha evolucionado en este tiempo la movilización ciudadana en la protección del territorio?
— Las movilizaciones de los primeros 80 para la defensa de Cala en Turqueta y Macarella se mezclaban con el final del franquismo y las ganas de democracia. Cuando el GOB se manifestaba para evitar urbanizaciones en espacios sensibles se nos decía que atacábamos la economía, pero la historia ha demostrado que nuestra apuesta era la correcta, ya que a la larga beneficia Menorca y, desde entonces, la isla ha tenido muchos éxitos en la conservación de espacios. Pero ya hace años que no hacemos ecologismo de topónimos para salvar la Albufera des Grau u otros lugares, sino un ecologismo más metabólico. Las manifestaciones de hoy en día se centran en cómo gestionamos el agua, los residuos, la energía y las casas. Es un objetivo más difícil de trasladar a la población, una lucha a largo plazo, y corresponde a la gente joven que se siente atacada en su bienestar que se sepa movilizar y organizarse.
¿Hay relevo?
— Sí. Buena parte de la plantilla del GOB ya se ha renovado y el 90% de los que impulsan las campañas de Via Menorca tienen menos de 40 años. Está en proceso.
¿Hasta cuándo estará Miquel Camps en esta lucha?
— No sé hasta cuándo podré mantener esta intensidad. Hace tiempo que trabajamos dentro del GOB para asegurar que haya un equipo de gente preparada que pueda tomar el relevo. No hay nadie imprescindible.