"La profesora de Franquismo nos daba clases de catalán clandestinas"

Maria Ferrer (1957) recuerda una escuela marcada por los castigos, el nacionalcatolicismo y el catalán aprendido a escondidas en las aulas del franquismo

PalmaEn la escuela nos hacían cantar el 'Cara al Sol' y el catalán se aprendía a escondidas. A seis años empecé en casa de las monjas trinitarias de Binissalem. Pagábamos 350 pesetas cada mes, que era dinero en aquella época. A mi madre no le hacía mucha gracia que estudiara. Pensaba que nuestro trabajo era casarnos, basta.

Preparé el ingreso en Bachillerato a 9 años y lo empecé a 10. Para realizar el examen de acceso, fuimos al instituto de Palma. En mi curso sólo éramos tres muñecas que hacíamos Bachillerato; también existía una monja muy joven, de unos 18 años, que estudiaba con nosotros porque no había podido hacerlo antes. Récord con nostalgia cuando fuimos a realizar la prueba de acceso a Palma. Francisco de Borja Moll nos examinó de francés.

Confesión semanal

Los primeros cursos —primero, segundo y tercero de Bachillerato— los hicimos en casa de las trinitarias. Venían profesores contratados y dábamos clase por la tarde: un cura que hacía latín y un profesor de la escuela pública que nos daba francés y matemáticas. Íbamos a clases de música en casa de una maestra llamada Catitanes, que tenía un piano, y también hacíamos labores, gimnasia y Formación del Espíritu Nacional. Cada semana había visita a la capilla y confesión. Cuando empezaba la clase de música general, a veces nos hacían cantar el 'Cara al Sol'. Yo lo hacía sin pensar demasiado, ni sabía lo que cantaba.

Cargando
No hay anuncios

Las clases se hacían siempre en castellano y entre nosotros charlábamos mallorquín. Había una monja mayor, sor Miquela, que no dominaba demasiado el castellano, y con ella a veces sí que hablábamos catalán, porque no le quedaba más remedio.

Un día, la profesora que hacía Formación, que venía de Felanitx, nos preguntó si queríamos aprender a escribir en catalán. Nos advirtió que no se lo podíamos contar a nadie; así empecé a ir a clases a escondidas en casa de las monjas. Había adultos y niños, y nos encontrábamos una vez por semana, a las 20.30 h. No aprendí mucho, pero sí las eses, la ce rota y la diferencia entre la cordero y la viene baja. Si nos hubieran descubierto, habría sido un enorme escándalo.

Un cuaderno que pasaba por muchas manos

Si bien por la tarde hacíamos las clases específicas para las de Bachillerato, por la mañana compartíamos aula con el resto. Hacíamos el cuaderno de rotación, que cada día tocaba a un alumno y en el que se copiaban dictados, cuentas o ejercicios. Era el cuaderno que veía al inspector. A mí no me gustaba nada, porque tenías que hacer muy buena letra y todo perfecto. Y era curioso y tétrico el hecho de que teníamos un reloj en clase y que cada hora que pasaba nos hacían levantar y repetir: 'Una hora menos de vida, una hora más cerca de la eternidad'.

Cargando
No hay anuncios

Siempre fui un poco contestadora. Un maestro decía a mi padre que yo hacía ir a los demás por el mal camino y me pegaba. Recuerdo un día que esperábamos a un profesor con las piernas colgadas por la ventana, porque hacía buen tiempo. Cuando la monja directora lo supo, vino y nos pegó colillas por todas partes.

También hacíamos tonterías cuando los monjas iban a rezar y nos dejaban solas en la escuela: pintábamos la pizarra y mirábamos dentro de los cajones. El profesor que venía de la escuela pública era muy bestia. Una vez echó una campana de hierro e hirió a una compañera, le reventó el labio. Entraba en clase con un puro encendido y salía igual, arrojando todo lo que encontraba a mano.

Prohibido ser zurdo

Por lo que respecta a la mano, no me dejaban escribir con la izquierda, porque decían que era pecado. Me amenazaban con que si lo hacía, me la firmen. Ahora lo hago todo con la izquierda, soy de izquierdas en todo, menos a la hora de escribir.

Cargando
No hay anuncios

Cuando empecé cuarto pasé en el IES Berenguer de Anoia. Tenía 14 años y éramos la primera generación del centro. Fue la primera vez que iba a un instituto mixto y para mí fue todo un descubrimiento: al cabo de un mes ya tenía muchacho. No terminé quinto porque mi padre se puso enfermo y me sacaron del instituto. Lloré mucho, porque yo era una mujer inteligente y quería estudiar, pero no me dejaron. Y la consecuencia está clara: soy la única de los hermanos que no tiene estudios.

'Mis años de escuela' es una serie del ARA Baleares que reconstruye cómo era la educación en Mallorca, década a década, a través de testigos en primera persona. En esta entrega, nos adentramos en los años 60.

Cargando
No hay anuncios

*Texto elaborado a partir del testimonio de la entrevistada