"Nos han robado 19 días de clase": aulas vacías y malestar por el final avanzado de 1º de Bachillerato

Educación defiende que el curso continúa hasta el 19 de junio, pero profesores, familias y directores denuncian absentismo de alumnos, falta de docentes y temarios inacabados

PalmaEl avance de los exámenes finales y del cierre de las actas de evaluación de primer de Bachillerato ha alterado el final de curso en los institutos de las Baleares y ha abierto un debate creciente entre docentes, familias y alumnos sobre el sentido real que tendrá ahora el mes de junio. La decisión de la Conselleria de Educación —que fija el cierre de las notas ordinarias antes del 5 de junio y mantiene las clases hasta el día 19— pretendía reorganizar el calendario, adelantar las recuperaciones y destinar las semanas posteriores tanto al acompañamiento del alumnado con asignaturas pendientes como al mantenimiento de la actividad lectiva con los estudiantes aprobados. Pero, sobre el terreno, la percepción mayoritaria es otra: se ha disparado el absentismo y se ha perdido tiempo efectivo de aprendizaje.

La Federación de Familias de Mallorca (FAPA) ha sido una de las voces más críticas con el despliegue de la medida. El presidente, Xavier Ferriol, alerta que el cambio ha tenido efectos directos sobre la organización interna de los centros y la disponibilidad real de profesorado. En este sentido, señala que “han quitado horas de permanencia a los docentes, lo que provoca falta de profesorado. Aparte de esto, durante las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) hay docentes que dan apoyo in situ haciendo de revisores y no se encuentran disponibles en los centros”.

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Ferriol añade que esta acumulación de tareas y ausencias genera un efecto dominó que impacta directamente en el funcionamiento de las aulas. Según explica, “hay centros que han destinado dos días a las reclamaciones de los suspensos de primer de Bachillerato, lo que supone dos días más sin clase. Algunos docentes también están en las PAU y no han podido atender las reclamaciones. La queja de los alumnos es que se encuentran con la ausencia de docentes y compañeros en las aulas”.

A clase hasta día 19 (sobre los papeles)

Desde el punto de vista normativo y en respuesta a las familias, la Consejería de Educación defiende que el calendario es claro y no deja margen a interpretaciones. Recuerda que las instrucciones del curso establecen que las actividades lectivas se deben mantener hasta el 19 de junio y que la asistencia es obligatoria hasta entonces. También insiste en que el período entre la evaluación ordinaria y el final de curso debe continuar teniendo contenido educativo, con refuerzo, tutorías y orientación. “Las instrucciones vigentes definen de manera clara el carácter plenamente lectivo de este período”, sostiene la Administración, que también asegura que los centros “disponen del personal docente necesario para garantizar el desarrollo normal de las clases hasta la finalización del curso”.

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Pero la realidad que describen muchos docentes y equipos directivos es más irregular. En el IES Sineu, la profesora Tonina Siquier resume el malestar con contundencia: “Terminamos el martes 2 de junio. Concluir el temario es una broma, porque es del todo imposible, más allá de cualquier realidad. Nos han robado 19 días de curso. No tiene ningún sentido”, lamenta.

Según explica, la desconexión de parte del alumnado es evidente y afecta también a las recuperaciones. “Lo que se observa es que los alumnos con tres, cuatro o cinco suspensos no piensan ir a la recuperación de finales de junio, porque ya han abandonado”, señala, mientras admite que solo los casos con pocas asignaturas pendientes intentan mantener el ritmo, porque con tres semanas no hay tiempo para recuperar. Esta situación se repite en otros centros. En el IES Santa Margalida, la profesora Marina Llobera explica que el cambio se ha introducido sin margen de adaptación: “Nos cambiaron las reglas del juego con el curso ya empezado”. Esto ha obligado a recortar contenidos: “Con tres semanas menos de clase, inevitablemente hemos tenido que recortar por alguna parte. Además, si ahora los alumnos no vienen, les podemos poner falta, sí, pero su expediente está cerrado y no tendrá ninguna repercusión”.

Si ya están aprobados, no van a clase

El problema, coinciden varios profesores, es la incoherencia entre el cierre administrativo de las notas y la continuidad formal del curso. “Los alumnos han acabado oficialmente el curso y su expediente académico está cerrado. Pero, al mismo tiempo, nos dicen que las sesiones lectivas aún no han acabado”, lamenta una docente. Esta ambigüedad ha tenido efectos directos en la asistencia: “Hay muchos alumnos que dicen: ‘Yo ya he aprobado esta asignatura, ya he hecho los exámenes... ¿Qué sentido tiene venir?’”, dice la profesora de Santa Margalida.

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En este contexto, el profesorado se ve obligado a reorganizar las sesiones. En el IES Son Pacs, una docente describe grupos reducidos: “La asistencia es irregular. En una clase de 28 alumnos, he tenido una quincena; ha habido sesiones en las que han sido aún menos, porque hay alumnos que 'juegan' y dicen a los padres que ya no hay clase”. Esto obliga a dividir el trabajo entre contenidos nuevos y refuerzo: “He cogido el siglo XIX y lo he vuelto a hacer para repasar con los suspensos; y con los que han aprobado he empezado ya el siglo XX”. El resultado, según explica, es la sensación de saturación.

La situación también se refleja en el comportamiento del alumnado. Una estudiante del IES Josep Maria Llompart describe una sensación de final anticipado: “Percibimos que el curso se ha acabado antes de tiempo y que estamos perdiendo horas de clase que todavía necesitamos, porque lo que no hagamos, lo arrastraremos a segundo”. En cambio, un alumno del IES Ramon Llull ha optado por dejar de ir a clase: “Yo ya no voy. Total, ¿por qué tengo que ir si parece que el curso ya ha acabado?”. Considera que el nuevo período post-notas es poco útil: “Ya no es como antes y tampoco te juegas nada y, además, es lo que te dicen algunos profesores”.

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Los equipos directivos también constatan esta tendencia. El director del IES Ramon Llull, Josep Fillol, resume el patrón: “El alumnado está faltando mucho: quien está aprobado no asiste a clase y quien se tiene que presentar a la prueba extraordinaria casi no comparece”. El centro concluyó el curso de primero el 28 de mayo.

Colapso de final de curso

La FAPA insiste en que el problema no es solo de organización puntual, sino de recursos y del funcionamiento del sistema. Ferriol alerta que la combinación de factores ha agravado la situación en los centros: ausencias, reorganización de horarios y saturación del profesorado en un momento clave del curso. En medio de este escenario, la Conselleria mantiene que el marco normativo garantiza la continuidad lectiva hasta el final del curso. Pero, a pie de aula, docentes y familias coinciden en una percepción compartida: los más perjudicados por el cambio son los alumnos, tanto los aprobados como los suspensos. Para los últimos, ir a septiembre era más útil.