El comedor escolar, excepcional en los institutos: "¿Es que los alumnos dejan de comer?"
Los centros detectan necesidades alimentarias entre el alumnado y un 23,9% de los adolescentes asegura que se quedaría a comer si se les ofreciera servicio de mediodía
PalmaEn el IES Son Cladera, el comedor empezó a funcionar después de la pandemia. El centro había detectado un aumento de las necesidades alimentarias entre las familias y pidió poder poner en marcha el servicio. Ahora, una decena de alumnos se queda a comer cada día. Para algunas familias, explica el director, el comedor es un apoyo ante una situación económica complicada, pero el precio también puede ser un impedimento. "Les cuesta comprar un plato preparado, pero aún más tener que pagar ocho euros por el comedor", señala Manu Blanco.
La situación de Son Cladera no es la habitual en los institutos. Este curso la Consejería de Educación ha posibilitado que todos los centros públicos de Infantil y Primaria puedan tener servicio de comedor y trabaja para consolidarlo. Cuando los alumnos llegan a la ESO, sin embargo, el servicio deja de ser habitual y cada centro resuelve el mediodía de una manera diferente. "¿Sería ideal que todo el mundo tuviera comedor? Sí, sería ideal. Lo pienso como persona y como director", dice Blanco.
La realidad es desigual. Según los datos del estudioLas cafeterías de los institutos como espacios de mediodía, elaborado por la Xarxa Alimentant el Futur (Red Alimentando el Futuro), 7 IES ofrecen el servicio de plato del día y 17 centros ofrecen tentempié saludable, aunque en muchos casos esta segunda opción se comercializa como merienda y no como un servicio regular de comida. Además, seis CEIPIESO (escuelas instituto) permiten que el alumnado de ESO continúe utilizando el comedor escolar habitual, mientras que en Mallorca solo tres institutos tienen autorización para que sus alumnos vayan a comer al comedor de un colegio de Primaria próximo.
Allí donde hay una opción para comer, los alumnos la utilizan. El estudio también señala que el 51,4% del alumnado de los centros con oferta de mediodía se queda a comer: un 20,8% lo hace cada día y un 37,5%, algunos días a la semana. En cambio, entre los institutos que no ofrecen este servicio, un 23,9% de los alumnos dice que se quedaría si lo hubiera. La investigación ha analizado 40 de los 68 institutos con cafetería de las Baleares y ha recogido las respuestas de 667 alumnos, 451 profesionales, 17 juntas de AFA (Asociaciones de Familias) y 9 empresas concesionarias.
Para Miquel Àngel Guerrero, director de la Oficina Técnica de FAPA Mallorca, estos datos ayudan a poner en cuestión que la llegada a Secundaria haga desaparecer la necesidad de un servicio que está plenamente integrado en Primaria. En el IES Josep Sureda i Blanes, una veintena de alumnos utilizan el comedor porque el centro quiso dar continuidad al servicio de la escuela Rafal Vell. "Los chicos que comían en el comedor en Primaria, ¿qué pasa cuando llegan a Secundaria? ¿Es que los alumnos dejan de comer?", plantea. Blanco, por su parte, considera que disponer de comedor en los institutos sería una opción deseable, pero los edificios de los institutos, a menudo antiguos, no siempre están preparados para instalar una cocina y un servicio como los de Primaria. La cuestión, por tanto, no es solo si hay demanda, sino también qué posibilidades tiene cada centro para dar respuesta a ello.
Las ayudas que no llegan
La Conselleria ha intentado cubrir una parte de este vacío con ayudas de alimentación. Durante el curso 2025-2026, hasta 13.194 alumnos de Infantil, Primaria, ESO, FPB y transición a la vida adulta recibieron ayudas de comedor o alimentación. De estas, solo 275 percibieron ayudas específicas de alimentación, pensadas también para facilitar el acceso a una merienda o a un plato del día a los alumnos de Secundaria. Ahora bien, para que una ayuda funcione, primero hay que conocerla y solicitarla. Según el estudio de las cafeterías, el 85,7% de los alumnos y el 97,1% de los profesores participantes no conocían estas ayudas enfocadas a los alumnos de instituto. El IES Quartó de Portmany es el ejemplo: solo tres familias las reciben, a pesar de que el centro considera que podría haber bastantes más.
"Los comedores son un tema que nunca hemos tratado en Secundaria en Ibiza", explica el director del IES Quartó de Portmany y presidente de los directores de Secundaria de las Pitiusas, Francisco Tienda. El instituto trabaja sobre todo con las ayudas para desayunos y meriendas, mientras que las situaciones de mayor vulnerabilidad también se derivan a los Servicios Sociales. El director describe alumnos que vuelven a casa y comen solos, que tienen que resolver la comida por su cuenta o que no siempre comen lo que les han dejado preparado. También ha detectado casos de alumnos que restringen la comida por cuestiones relacionadas con la imagen corporal y con el acoso. Son situaciones que el centro conoce y resuelve, pero que no ha cuantificado.
En Palma, el estudio sitúa en un 40,4% la proporción de adolescentes que han experimentado o experimentan inseguridad alimentaria. Un 8,7% vive situaciones consideradas graves, en las que se puede ver afectada la cantidad, la calidad o la variedad de los alimentos, llegar a saltarse comidas o pasar todo un día sin comer. El dato corresponde a los adolescentes de Palma y no permite extrapolar la situación al conjunto de las Baleares, pero ayuda a poner contexto a una realidad que los centros también detectan.
La mayoría de los alumnos de instituto come en casa, según el estudio: un 92,1%. Pero casi uno de cada cuatro lo hace solo y el 30% recurre habitualmente a alimentos precocinados o bocadillos. El lugar donde se hace la comida no explica por sí mismo las condiciones en las que se hace. Para una familia con dificultades económicas, tener acceso a un comedor puede ser una manera de garantizar una comida; para otra, volver a casa puede significar que el alumno coma solo o que tenga que prepararse algo.
Una etapa trascendental
La nutricionista Nieves Pérez pone el acento en el momento vital en que se encuentran estos alumnos. "La alimentación es importante para todo el mundo, pero aún más en un cuerpo que dobla su tamaño en una etapa determinada, que está creando tejido y material", explica. En Secundaria, los adolescentes son más autónomos para decidir qué comen y tienen a su alcance una oferta de productos que no siempre equivalen a una comida completa.
En las cafeterías de los institutos estudiados, los bocadillos representan el 43,6% de los productos y la bollería, el 36,3%. El 69,7% de los equipos directivos considera que esta oferta no fomenta hábitos saludables. Igualmente, una cafetería con una oferta más saludable sigue sin ser un comedor con primer plato, segundo y postre para el alumno que necesita quedarse a comer. Y una ayuda alimentaria no llega a quien no la conoce o no consigue tramitarla.
Los alumnos, mientras tanto, siguen pasando de Primaria a Secundaria con las mismas necesidades básicas. Algunos tienen 11 o 12 años cuando entran al instituto. Unos continuarán comiendo con la familia; otros lo harán solos o no comerán nada. Algunos tendrán un plato al alcance y otros se tendrán que buscar la vida. Lo que cambia cuando llegan a la ESO no es que dejen de necesitar comer. De hecho, están en una época de tener, en general, más hambre. Lo que cambia es que el comedor escolar deja de ser una respuesta habitual y compensadora de las desigualdades.