El cambio silencioso que ha revolucionado la Facultad de Derecho de la UIB

Dos años después de la llegada del equipo decanal de Aina Salom, el centro promueve una nueva cultura de proximidad con el alumnado, innovación docente e impulso del catalán

PalmaHace solo unos años, la Facultad de Derecho de la UIB arrastraba una imagen que muchos identificaban con una manera tradicional de entender los estudios jurídicos. El edificio de Jovellanos, de hormigón contundente y pasillos largos, era percibido por parte de la comunidad universitaria como un espacio distante, poco dado a la vida estudiantil y marcado por una cultura académica clásica. Dos años después de la llegada al Decanato del equipo encabezado por la doctora Aina Salom, la fotografía es diferente.

La transformación no se explica por grandes cambios estructurales inmediatos, sino por un cambio de cultura y manera de hacer. Al menos así lo describen la misma decana, la profesora Margalida Capellà y el presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho, Toni Ponce. Los tres coinciden en una idea: la Facultad ha intentado acercarse a los estudiantes y convertirse en un espacio más participativo, cercano y conectado con la realidad. "Necesitábamos poner al alumno en el centro y activar la vida estudiantil", resume Salom.

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Participación en la comunidad universitaria

Este objetivo se tradujo en medidas concretas. Una de las primeras fue impulsar la creación de la Asociación de Estudiantes de Derecho, una herramienta que ha permitido canalizar demandas, propuestas e iniciativas de los alumnos. También se han multiplicado las actividades complementarias, desde debates sobre cuestiones de actualidad hasta seminarios, conferencias y proyectos vinculados al mundo profesional.

Para Ponce el cambio es evidente. Explica que después de la pandemia se había extendido la percepción de que la relación entre la Facultad y el alumnado se había enfriado. "En Derecho había una cultura más distante", asegura. Según él, el nuevo equipo decanal ha contribuido a revertir esta situación. Ponce destaca especialmente la agilidad con la que el Decanato responde a las peticiones de los estudiantes. Tanto la Asociación de Estudiantes como la Asociación de Debate mantienen una relación constante con el equipo de gobierno. "Cualquier petición razonable que hemos hecho ha sido atendida con mucha rapidez", afirma.

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Una percepción similar comparte la profesora Margalida Capellà. Considera que la proximidad es una de las principales características del mandato actual. "Los alumnos tienen una relación muy directa con la decana. Tienen su teléfono", señala. Según explica, hoy los estudiantes ya no solo acuden al Decanato cuando tienen problemas y reclamaciones. Esta nueva dinámica se ha reflejado en iniciativas que han ganado fuerza durante los últimos cursos. Es el caso de las simulaciones de las Naciones Unidas, una actividad que ya existía, pero que ha experimentado un crecimiento notable. Este año han participado cerca de una cincuentena de estudiantes en una experiencia que recrea el funcionamiento de una asamblea de la ONU y que permite desarrollar habilidades de oratoria, negociación y debate.

Simulación de juicios, en catalán

Precisamente, la formación práctica es otro de los pilares sobre los que se ha articulado esta nueva etapa. Salom considera que los futuros juristas deben tener contacto con la realidad profesional antes de acabar los estudios y, por ello, el Decanato ha impulsado con fuerza las simulaciones de juicios. La iniciativa, desarrollada con la participación de profesionales en activo y con el apoyo institucional del Gobierno, ha permitido que los estudiantes experimenten situaciones muy similares a las que encontrarán en el ejercicio de la profesión. Este año, además, la Facultad ha llevado a cabo el primer juicio simulado íntegramente en catalán, una experiencia que la decana define como un motivo de orgullo.

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La innovación docente es otro de los conceptos que aparecen reiteradamente en el discurso del equipo decanal. La Facultad trabaja actualmente en una actualización del plan de estudios que incorporará una asignatura específica de Habilidades para Juristas. El objetivo es reforzar competencias que van más allá del conocimiento estrictamente normativo: la capacidad de debatir, argumentar, ejercer el pensamiento crítico y hacer un uso responsable de la inteligencia artificial.

Los retos de la tecnología

La irrupción de la IA, de hecho, es vista como uno de los grandes retos del futuro. Capellà admite que muchos estudiantes cuestionan la utilidad de algunos contenidos excesivamente memorísticos ante unas herramientas capaces de generar información de manera instantánea. Por eso defiende una universidad centrada cada vez más en la reflexión, la argumentación y el desarrollo de la inteligencia humana. "Lo que debemos trabajar es la inteligencia humana, y esta solo se desarrolla con conocimiento humano", sostiene la profesora. Al mismo tiempo, la decana apuesta por recuperar instrumentos como los exámenes orales, especialmente relevantes en una profesión en la que la palabra continúa siendo una herramienta fundamental.

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Uno de los ámbitos en los que el Decanato ha puesto más énfasis es la promoción de la lengua. Según Salom, una de las primeras líneas de trabajo fue contribuir a la normalización lingüística dentro de la Facultad. De aquí han surgido iniciativas como la asignatura optativa de Catalán Jurídico y la incentivación de que, al rehacer las guías docentes, los profesores opten por el catalán. Aun así, todavía hay camino por recorrer. Capellà recuerda que el porcentaje de profesores que imparten docencia en catalán continúa siendo reducido. El reto, apunta, es conseguir que las nuevas incorporaciones de profesores contribuyan a reforzar la presencia de la lengua.

La transformación también se ha hecho visible en aspectos más cotidianos. La incorporación de mobiliario nuevo ha contribuido a crear espacios de encuentro y convivencia. Sofás, butacas, mesas y zonas de estancia han convertido algunas áreas de la Facultad en lugares donde los estudiantes pasan tiempo. Salom señala que, en un contexto en el que las universidades públicas compiten con centros privados que ofrecen entornos cada vez más cuidados, la calidad de los espacios también forma parte de la experiencia universitaria.

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La Facultad de Derecho afronta retos importantes: aumentar la presencia del catalán, profundizar en la innovación docente y adaptarse a la IA. Pero la sensación compartida por quienes viven el día a día del centro es que algo ha empezado a cambiar. "No se puede transformar de un día para otro una manera de hacer arraigada durante años", dice Toni Ponce. "Pero estamos en el buen camino", sentencia.