Modelos alternativos

Diversificar es posible, según los pocos que se atreven a salir del monocultivo turístico

Hablamos con emprendedores que luchan contra corriente mientras la dependencia del sector servicios no deja de aumentar (87,3%). La falta de vivienda y de suelo industrial, los principales problemas

30/08/2026 - 15:29 h.

PalmaAlbert Solaz llevaba 15 años trabajando como chef cuando llegó a Menorca. Buena parte de su trayectoria había girado en torno a la alimentación vegetariana, saludable y sostenible: daba talleres, trabajaba con producto de proximidad y buscaba maneras diferentes de entender la cocina. En la isla, sin embargo, hubo un ingrediente que le sorprendió especialmente: el trigo de xeixa.

Quedó muy impresionado por este cereal, “porque es un producto auténtico, no modificado; es genuino, lo que lo hace muy saludable”, afirma. “Decidí que era una oportunidad buscar un producto que pudiera transformarlo y darle salida comercial”, explica.

De aquella idea nació Solaz Holistic Foods. Su primer producto son los Solaz Bites, aperitivos elaborados con trigo de xeixa de Menorca y otros ingredientes de la isla. Ha sacado dos variedades: de algarroba y flor de sal –con sal de las salinas de Fornells–, y de limón y manzanilla menorquina. Los productos se elaboran mediante deshidratación lenta y sin conservantes artificiales y salieron al mercado esta primavera. Se pueden encontrar en los mercados donde participa Solaz y en diversas tiendas de proximidad. El proyecto ha recibido este año, además, uno de los premios Emprèn Rural de Leader Menorca.

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Pero Solaz ya piensa en el paso siguiente. “Busco nuevas fórmulas y también nuevos productos. Y esto es un poco primicia: trabajo en alguna leche vegetal”, avanza. La idea que defiende es casi tan importante como el producto. “A los jóvenes nos toca innovar, buscar nuevas maneras de presentar el producto local y aprovechar que tenemos visitantes, pero también una masa creciente de ciudadanos conscientes que quieren comer bien”.

Coger trigo cultivado en Menorca, transformarlo en la isla y conseguir venderlo con más valor. Dicho así, el proyecto de Solaz parece pequeño. Mirado en el contexto de la economía balear, casi es nadar a contracorriente. Pero la experiencia también contiene un mensaje: “Si somos capaces de incorporar valor añadido a los productos del campo, hay un abanico de posibilidades muy amplio”, dice Solaz. De hecho, la agroindustria es donde más iniciativas a contracorriente hay, pero la mayoría son de pequeño formato.

Cada vez más servicios

En Baleares se habla mucho de diversificación económica desde hace años, y aún más ahora que una parte creciente de la ciudadanía se muestra agotada por el impacto de la saturación turística. Los datos, en cambio, muestran una economía cada vez más concentrada en los servicios. Según la serie que recoge el Consejo Económico y Social (CES), los servicios representaban el 85% del valor añadido bruto (VAB) de las Islas en 2014. Cinco años después, justo antes de la pandemia, ya suponían el 85,8%. En 2024 alcanzaron un nuevo máximo: el 87,3% de toda la economía balear.

La industria y la energía han seguido el camino contrario. Si en 2014 representaban el 7,6% del VAB, en 2019 ya habían bajado al 6,4% y en 2024 solo suponían el 5,5%. El peso de la agricultura, mientras tanto, se ha mantenido prácticamente testimonial: un 0,42% el último año de la serie.

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Ni siquiera la pandemia alteró la tendencia a largo plazo, a pesar de las manifestaciones del sector público y privado sobre la necesidad de no poner todos los huevos en la misma cesta. Cinco años después de la covid, la economía balear es todavía más de servicios que antes de la pandemia. Y es dentro de esta realidad que pequeñas empresas intentan hacer justamente lo contrario: fabricar, transformar y crear tecnología desde las Islas.

De reparar barcos a imprimirlos

La realidad es tozuda, pero también lo suelen ser los emprendedores. Tià Simó lo intenta con una industria completamente diferente. Ingeniero naval, Simó es cofundador de BYD Group, empresa dedicada al diseño, la ingeniería y la arquitectura naval, y también de V2 Group. “En el mundo náutico ahora mismo funciona muy bien la reparación, pero nosotros hemos querido ir más allá y apostamos por el diseño y las soluciones industriales. Estamos muy satisfechos”, explica.

V2 Group ha desarrollado con la empresa italiana Caracol un catamarán funcional de seis metros fabricado mediante impresión 3D robotizada de gran formato. La embarcación se ha impreso como una estructura monolítica y el proyecto pretende comprobar si esta tecnología se puede industrializar y escalar para aplicarla a la construcción naval. “Hemos impulsado todo el proceso desde Palma, pero la impresión final la hemos hecho con un socio en Italia. Aquí, según qué inversiones y actuaciones en maquinaria no son sencillas, porque operativamente hay que asegurar unos espacios que son caros, y unos profesionales que no siempre pueden venir a las Illes”, lamenta Simó, quien sufre en primera persona los costes de la vivienda. “No podemos competir si queremos traer ingenieros y especialistas, porque tenemos que pagar muchísimo más a los profesionales por el precio de los pisos”.

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Pero no se detienen, y una vez hecha una primera impresión de gran formato en 3D ya exploran hasta dónde se puede llevar esta manera de producir. Los principales obstáculos que Simó identifica para hacer industria en Mallorca no tienen mucho que ver con la falta de talento o de ideas. “Nos encontramos dos grandes problemas: falta de profesionales y falta de suelo industrial a un precio razonable”, asegura. Y después está el dinero. “Hemos tenido que buscar financiación convencional además de nuestros propios recursos, porque, cuando hemos acudido a los inversores, cuesta mucho convencerlos. En las Islas, los inversores buscan rentabilidades elevadas y no hay tradición de innovación industrial. Lamentablemente, los capitales van más al mercado inmobiliario”.

Es una de las paradojas de la diversificación. Para fabricar una pieza o una embarcación no basta con tener una buena idea y un mercado. Hace falta una nave donde poner las máquinas, técnicos que las puedan hacer funcionar y capital dispuesto a esperar que una inversión industrial madure. “Nada que no hayan hecho en muchos otros lugares. Aquí, eso sí, hay que añadir los costes de insularidad”, advierte Simó.

En Son Jover (Inca), la explotación familiar que gestionan los hermanos Antoni y Margalida Seguí, han hecho de la transformación una manera de mantener viable la agricultura. Es lo que algunos expertos consideran “dar valor añadido a un sector que lo necesita, como el campo”, explica Toni. En Son Jover se elaboran quesos ecológicos de cabra y de oveja con la leche de la misma explotación y han conseguido situar el producto en un segmento de calidad: venta directa en algunas tiendas de proximidad. Cerca de un 40% de la producción se vende a través de un distribuidor en el canal de restauración. “Tenemos una estructura pequeña y mucha presión, porque no puedes aflojar ni un segundo”, advierte. Su caso resume otra vía para diversificar: no se trata solo de hacer nuevos productos, o más elaborados, sino también ser capaces de especializarse y apostar por la calidad. “Los restaurantes que tienen nuestro queso nos hacen llegar su satisfacción por el nivel del producto, y eso nos hace estar orgullosos”, señala Seguí. Además, muchos restauradores “entienden que la calidad no permite producir de manera intensiva”. “Nuestra producción varía durante el año, y poco a poco ellos lo pueden explicar al cliente. Si un restaurante te dice que una semana no te puede ofrecer un producto de su carta porque hay un poco menos, buena señal, quiere decir que lo que tiene es fresco, de calidad y de proximidad”, concluye.

Un mal que viene de atrás

Estos héroes se ven obligados a ser muy creativos, constantes e, incluso, tercos, porque en las Islas salir de la lógica turística no es sencillo. Las instituciones conocen el problema. El estudio de prospectiva H2030, impulsado por el CES y la UIB, situaba la diversificación entre los retos de futuro de Baleares y vinculaba esta transformación con más conocimiento, innovación y actividad productiva. El punto de partida era débil en investigación e innovación. Los datos empleados entonces situaban la inversión balear en I+D+i en solo el 0,32% del PIB, frente al 1,19% del conjunto de España y el 2,03% de la Unión Europea.

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La agroalimentación, la economía azul, la tecnología y la modernización de la industria forman parte desde hace años de los ámbitos señalados como vías posibles para ampliar una economía excesivamente concentrada en los servicios. Los resultados todavía son demasiado escasos y fruto de iniciativas individuales.

El Parc Bit recibe 91 peticiones de empresas para instalarse en tres años

La principal apuesta del Govern para combatir el monocultivo turístico es el Plan de Atracción y Fidelización de Empresas y Talento –se presentó en enero– que, según los datos del Govern, moviliza cerca de 68 millones de euros. El proyecto intenta abordar algunos de los problemas que las propias empresas innovadoras señalan al explicar las dificultades para crecer en las Islas: espacio, vivienda, talento e infraestructuras tecnológicas.Una de las actuaciones más visibles será la construcción de 120 viviendas públicas de alquiler temporal dentro del ParcBit para alojar a trabajadores de las empresas del parque, investigadores y personal docente de la UIB. El Govern, el Ibavi y la Fundació Bit ya han firmado el convenio y la previsión oficial es comenzar las obras durante el primer semestre de 2027. La promoción tendrá viviendas de uno y dos dormitorios, zonas comunes y otros equipamientos y pretende dar respuesta a las dificultades para atraer y retener a profesionales en Mallorca.El Govern también prevé construir una futura facultad universitaria de ingeniería y asegura que ha recuperado solares que permitirán crear 11.000 metros cuadrados más de edificabilidad para empresas. El Ejecutivo considera que hay un primer indicador de que la apuesta empieza a tener efecto. Según las cifras que ha facilitado a ARA Balears, entre 2020 y 2023 el ParcBit recibió 34 solicitudes de empresas interesadas en instalarse. Entre 2024 y abril de 2026 ha recibido 91. En menos tiempo, las peticiones casi se han triplicado.La misma estrategia se quiere extender al CentreBit de Menorca, donde se prevé duplicar esta legislatura el espacio disponible para alojar empresas, mientras que en Ibiza se ha creado un nuevo CentreBit que acoge a siete empresas.