Hito a hito

La torre de Albarca, en el punto de partida del GR 222

Recorrido largo e intenso por una parte importante del Parque Natural de la península de Levante, entre el coll del Racó y cala Matzoc

28/08/2026 - 18:46 h.

PalmaEn este itinerario exploramos el inicio de la ruta Artà-Lluc, el GR 222. Un sendero de largo recorrido –uno de los cuatro existentes en las Islas Baleares– que propone enlazar las sierras de Llevant y el parque natural con la zona central de la sierra de Tramuntana, declarada patrimonio mundial por la Unesco en la categoría de paisaje cultural. A lo largo del camino encontramos una gran variedad de entornos, algunos de gran singularidad, como el litoral casi virgen de la península de Llevant, las zonas dunares de la bahía de Alcúdia y las laderas escarpadas de las montañas de Caimari.

El GR 222 consta de cinco etapas y una variante, aunque no toda la ruta se encuentra señalizada. En la web Camins de Pedra del Consell de Mallorca encontraréis toda la información referida a este proyecto. De la primera etapa, entre Artà y el arenalet de Albarca, tan solo del coll del Racó a cala Estreta hallamos estacas de madera e indicadores. Por lo tanto, el mencionado coll es ahora mismo el punto de inicio oficial del GR. Se encuentra a 5 km de Artà, a mitad de recorrido de la carretera que lleva a cala Torta. Se accede por el camino que nace a la izquierda del campo de fútbol municipal de les Pesqueres. Saliendo del pueblo, al final de la calle de l'Abeurador. En general, el recorrido no plantea grandes complicaciones y, en nuestro caso, se alarga por el hecho de volver al punto de inicio por el mismo camino. En general, vamos siempre por buen camino y de bajada hacia el mar, a través de la finca pública de la Duaia. Tejeda, madroños y aliagas configuran la vegetación dominante y resistente de unas tierras calcinadas en el pasado por los incendios. Ahora, totalmente regeneradas, nos abren camino en dirección al Parque Natural de la península de Llevant.

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La ruta

[00 min] Nos ponemos a caminar desde el mismo collado del Racó, siguiendo los indicadores de madera del GR 222 que inicialmente señalan en dirección a cala Torta y cala Estreta. Después de pasar un primer portillo de madera, accedemos al valle de la Duaia por el medio de la finca pública del mismo nombre, adquirida recientemente por el Gobierno. El camino no tiene ninguna dificultad. Es ancho, cómodo y habitualmente muy transitado. [15 min] Pasamos un portillo con pestillo y tomamos el camino de la derecha, bien señalizado. Los brezos, las encinas y las aliagas configuran la vegetación dominante y resistente de unas tierras calcinadas en el pasado por los incendios que las asolaron al comienzo de la década de los años 70; afortunadamente ahora, totalmente regeneradas.

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Siguiendo el camino pasaremos por al lado de un horno de cal, testigo mudo de una actividad tradicional y estratégica: el producto se usaba para emblanquinar las casas, para producir el mortero (el cemento mallorquín), para el tratamiento del agua de las cisternas (desinfectante) y para usos medicinales diversos. Nuestro itinerario se sumerge plenamente en el valle surcado por el torrente de les Voltes, entre el puig de l’Esquerda, a la izquierda, y el puig Negre, a la derecha. [55 min] Así alcanzamos una importante bifurcación: los indicadores nos llevan hacia la derecha (cala Torta y cala Estreta), pero si continuáramos todo recto, saldríamos a las casas de la Duaia de Baix, hoy convertida en agroturismo.

[1 h 05 min] La pista de tierra que hemos seguido hasta ahora acaba por disolverse en el sendero que seguiremos por dentro del torrente de les Voltes hasta llegar al mar. Las estacas de madera nos marcan cada uno de los giros mencionados, evitando el riesgo de perdernos por distracción. El caminito nos saca sobre una pista, un viejo ramal del antiguo entramado de viales abiertos en los años 70 del siglo XX en un primer y, afortunadamente, fracasado intento de urbanizar la zona. Salimos al mar a la altura de cala Torta [1 h 35 min]. A partir de aquí, iremos siguiendo el sendero que, orientado a poniente, nos guiará hasta cala Mitjana [1 h 40 min] y cala Estreta [1 h 45 min]. A partir de este punto desaparece la señalización del GR 222.

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El sendero que debemos tomar a partir de ahora, llamado de los Carabineros, es siempre bien visible, fácil de seguir y con continuas subidas y bajadas, lo que lo transforma en un auténtico rompecaminos. El litoral, por su lado, bien recortado y con numerosas calas y recovecos, hace pensar en el topónimo del camino. No en vano nos encontramos sobre una costa donde el contrabando encontraba buen cobijo para descargar los paquetes y conducirlos hacia los secretos, tierra adentro. Pasamos por cala Dèntol y poco después alcanzamos cala Matzoc [2 h 20 min], con una playa rodeada de pinar.

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Debemos cruzar la playa de cabo a cabo. Al llegar al otro extremo, entramos dentro del pinar y seguimos el sendero que en dirección hacia el mar se sube al borde del acantilado por encima de la punta de la Falconera. A partir de aquí nos espera una breve pero fuerte subida hasta la torre de Albarca [2 h 35 min]. Vale la pena hacer una buena parada, para hidratarnos y reponer fuerzas, además de visitar y subir a lo más alto de la torre, construida en el siglo XVIII para defender el canal entre Mallorca y Menorca, entonces bajo el dominio británico, donde todavía encontramos el cañón que servía para la defensa.

La torre de Albarca

“Nos referimos a una de las últimas cuatro torres construidas prácticamente a la vez en Mallorca a mediados del siglo XVIII. La podemos encontrar documentada, entre otras, con los nombres de San Fernando de Albarca, torre de cala Matzocs, la Falconera y torre de Albranca. La construcción data de 1751 y no se artilló hasta diciembre de 1756, cuando el patrón Antoni Raïms llevó a la torre tres cañones de hierro: dos eran del calibre 12 y procedían de la batería de la torre de Paraires, y el otro, del calibre 4, del baluarte de Jesús.” (Mallorca, torres y atalayas costeras. Vicenç Sastre y Àngel Aparicio. Dolmen Editorial, 2019).

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Desde este punto se podría alargar la ruta hasta el refugio de l’Arenalet o de los Oguers, para pasar la noche allí y volver uno o dos días después. Nuestra opción, por ahora, es ir deshaciendo pasos hasta el collado del Racó, visitando de nuevo las calas Matzoc, Dèntola, Estreta y Mitjana. Y, después de remontar un tramo del torrente de les Voltes, seguir la pista de tierra que recorre todo el valle de la Duaia hasta el inicio de nuestra ruta.