Un viernes húmedo y de reencuentros en el Mobofest
El Petit de Cal Eril y Maria Jaume citan al público del festival a la manifestación contra la masificación turística del domingo, y Él Mató a un Policía Motorizado brilla repasando su discografía
San JuanDespués de jueves, viernes un aire esperanzador recibía al público del Mobofest justo al tomar el camino hacia Consolación, en Sant Joan. Encima de la primera tanda de escaleras, unas letras: "Adiós". "Hasta siempre". "Suerte".
Sant Joan vio nacer el festival, que se ha mudado unas cuantas veces como cualquier millennial: de Sant Joan a Lloret y después a Porreres. Si bien se añoró ligeramente la comodidad del parque de n'Hereveta, la belleza de Consolació hacía imposible no pensar que el Mobofest “debía acabar aquí”, que Consolació debía ver “el último”. Bien engalanado con lucecitas, balas de paja y palets, el resultado del espacio demostraba que, después de 10 años, los mobers han pasado de ser unos postadolescentes a unos adultos que saben engalanarse con muy buen gusto. Es que 10 años dan para mucho.
Empezaba un atardecer ligeramente más amable que el del jueves -pero aun así húmedo- la cantante Anna Picornell, que dio paso a las vecinas de Formentera del dúo L’Arannà, que cautivó a los asistentes en el escenario Huguet con su propuesta de pop experimental.
Abanico, ventilador portátil, camisas y camisetas de recambio. El ambiente estaba enrarecido y no está claro si era el calor, la humedad o la sensación de estar pendientes del final (¿es solo el final del festival del Pla o hay un cambio de etapa?). Entre el público había gente que no hacía acto de presencia en los conciertos desde 2016, gente que se estrenaba (“una vez y ya”) y otros que no se han perdido ninguno.
Este viernes hubo reencuentros (porque hay gente que solo ves en la Mobo) en muchos sentidos. Subió al escenario Joan Pons con la banda El Petit de Cal Eril, que inauguró el escenario grande (el Rosa Blanca), y aseguró que tocar en este mismo festival hace nueve años le cambió la vida. Descubrió Mallorca, “la gente auténtica del Pla” que tanto le recuerda a su casa, e hizo amigos, muchos de ellos músicos, que aún mantiene. Así, hizo un llamamiento al público a ir a la manifestación del domingo contra la masificación turística (a las 19 h en la plaza de España de Palma). Y con el corazón en la mano, dedicó una canción a Antònia Font, porque la jornada del viernes, como la del jueves, también estuvo atravesada por el duelo por la muerte de Joan Roca.
Y de un escenario a otro para ver Bilo, si es que se llegaba entre saludo y saludo, y besos desde la distancia porque “oh, dios mío, qué sudada”, “pero bueno, se está un poco mejor que ayer”, “yo no estaba, pero me han contado gordo”, y entre mordisco de falafel o pizza, y cerveza que a los dos minutos sacaba vapor, los argentinos ya se habían instalado en el escenario grande a punto para disparar todos sus clásicos: Él Mató a un Policía Motorizado aterrizaba en el Mobofest para hacer las delicias de prácticamente todo el mundo. La banda, que recientemente ha celebrado 20 años en los escenarios, repasó su discografía, y sonaron temas de La dinastía scorpio (2013) al celebradísimo La síntesis O’konor (2017), entre otras paradas. La panorámica desde arriba era espectacular: las luces rojas endiabladas perfilaban los cuerpos de un público entregado que insinuaba que aún quedaba mucha, mucha noche por delante.
Cora Yako, mallorquines instalados en Madrid, sonaron hasta que a las 00.57 Maria Jaume llamó a todos a filas. Algunas corrían para llegar a primera fila. Si desde el Mobofest Mallorca se ha visto nacer una estrella, esta es Maria Jaume, que brilla como nunca con su último disco, Sant Domingo Forever. Con 'Mon Cheri Go Home', la de Lloret hizo un llamamiento a ir a la manifestación del domingo. Como despedida de Joan Roca, la banda versionó 'Alpinistes-samurais'. Y mientras nos hacía alzar la copa al aire desde en medio del escenario, se abrió el debate: “¿Es nuestra Aitana o nuestra Amaia?”. Es nuestra Maria Jaume.
Desde Cataluña, con lentejuelas, retórica y alegría, Svetlana puso el punto final a la noche, cantando a las miserias del turismo, la gentrificación y la pérdida de identidad. Una buena clausura que invita a empezar a pensar el vacío que dejará este último Mobofest. Ya hemos pasado el ecuador. Este sábado enfilamos el final.