El tesoro de la lengua, muy cerca nuestro

La tecnología hace posible poder consultar y leer textos en catalán a través del tiempo, sin tenerlos que tocar (con los riesgos que comportaría para el documento). Y todo, desde nuestra casa

PalmaAquellos que hemos crecido con las películas de Indiana Jones, a menudo fantaseábamos de jóvenes con cámaras del tesoro, con cabezas doradas de ídolo, y con preguntas y más preguntas que nunca se respondían. ¿Cómo era que conocía tantas lenguas? ¿Cómo llegó a aquella cámara? ¿En qué otra película se mostraba su búsqueda sobre aquello? Indiana Jones se encontraba siempre rodeado de papiros antiguos, libros medievales, inscripciones en piedra, que hacían volar la fantasía de los jóvenes.

Pasados lustros y décadas, llegan los estudios, la selectividad o una formación profesional y la vida nos deja poco tiempo para pensar en lenguas ignotas, o para descubrir grafitis antiguos, y mucho menos para ir a leer libros medievales. Todo queda envuelto en una especie de velo onírico, hecho de sueño y fantasía infantil. ¿Dónde encontraremos textos así, que parecen de película? Hasta hace unos años, en esencia habíamos de ir a los archivos. Ahora todo esto es más fácil, porque museos, fundaciones y ayuntamientos están haciendo un gran esfuerzo para digitalizar todos sus documentos. Esto facilita el acceso y mejora mucho la preservación: mucho más fácil de conseguir y menos personas los manipulan directamente.

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Recientemente he tenido la suerte de entrar en contacto a través del Centro de Digitalización Documental (CDD) y la unidad de Digitalización y Preservación Digital (DPD) de la UIB, un centro especializado en la digitalización y preservación de documentos. Los ordenan, los clasifican, los digitalizan con unos escáneres impresionantes y suben las imágenes a un servidor para que queden preservadas para siempre. Después, cualquiera que quiera consultar estos documentos lo puede hacer en línea a través de la plataforma de archivos históricos de las Illes Balears (PAHIB). He podido comprobar cómo la historia de los mallorquines, escrita a mano, con pluma y tinta, me pasaba por delante. Las palabras están escritas por diferentes manos, de diferentes siglos, y las lenguas se van combinando o relevando. Se puede ver documentación en latín medieval, que poco a poco se va transformando cada vez más en catalán, para pasar a siglos y siglos de documentación solo en catalán, y ya más recientemente, aparece el castellano.

El CDD colabora con el Monasterio de la Real, en Palma, cerca de Son Espases. Este monasterio es uno de los centros de nuestra alma como pueblo, ya que custodia libros y documentos desde el siglo XIII. La PAHIB es una plataforma que nos permite viajar un poco a través del tiempo. Veamos. Uno de los documentos que se han digitalizado recientemente empieza así: “Don Ferrando por la gracia de Dios Rey de Castilla de Aragón...” y así una larga lista de títulos preceden el resto del texto, en un catalán claro y comprensible para los catalanohablantes del s. XXI (salvo alguna palabra abreviada). Se escribió en el mes de junio de “mil cuatrocientos noventa y uno”, un año antes del viaje de Cristóbal Colón hacia América. La tecnología hace posible poder consultar y leer textos en nuestra lengua a través del tiempo, sin tener que tocarlos (con los riesgos que comportaría para el documento). Y todo desde nuestra casa, como quien dice.

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La lengua catalana se va alternando con la castellana en la mayoría de las cartas que provienen ya de la corte en Madrid. Como por ejemplo en la carta de Carlos II al conde de Formiguera Ramón Burgués de Zaforteza y Fuster, procurador real (en Mallorca lo conocemos como el Conde Mal, del cual hay leyendas y canciones) escrita en el año 1685, en la que se ordena que se envíen dos bergantines y dinero para la defensa de Orán (Argelia).

En el año 1714 cayó la ciudad de Barcelona en manos de las tropas borbónicas. En el año 1715, la ciudad de Mallorca. A partir de aquí se nota el cambio abrupto a causa del decreto de Nueva Planta. Las palabras que hasta ahora leíamos en catalán mudan de lengua. Podemos ver perfectamente un documento de Santa Margalida del 29 de abril de 1844, donde se explica que el “número de vecinos” son 568, pero que el “número de almas” son 2.353, y vemos las cantidades exactas de la producción agrícola de la villa, por bien ahora las habas ahora son “habas”, los garbanzos han devenido “garbanzos”, etc. Pero no todo fue siempre así, ya que descubrimos que hay documentos que esquivaron –por las razones que fueran– esta prohibición. Por ejemplo, el Llibre de pagament de les guardes a les riberes de Pollença 1802 redactado a mano en catalán. Es cierto que ya no es un catalán homogéneo como el que se escribía siglos atrás, pero se puede leer sin demasiados problemas.

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Tenemos a nuestro alcance, a un par de clics de distancia, un puente temporal que nos conecta a la lengua de todos estos siglos. Es como si miles de voces hablaran a la vez. Ahora el dilema es elegir una. ¿Queremos leer las palabras (incluso imaginar cómo podían sonar) de Fernando el Católico, o quizás continuamos leyendo sobre las Germanías? ¿Queremos continuar descifrando el texto de Antoni Figuerola Calafat sobre Campanet?

El equipo humano del CDD y la DPD digitaliza alrededor de 130.000 y 150.000 páginas e imágenes cada año. Más de las que puedo leer como individuo. Pero esto no es así como colectivo, como pueblo. Ciertamente, el acceso libre a esta cantidad de información se convierte en una avalancha para una persona, pero, en cambio, es una cantera fabulosa para nuestra sociedad: no solo historiadores, filólogos y filósofos tienen abiertas las cámaras de nuestro tesoro, siglo a siglo. Esto también vale para cualquier persona interesada en nuestra historia, en los textos que con sus palabras la recogieron hace siglos. También aquellos que han estudiado otras ciencias, como química o medicina, y quieren hacer un estudio histórico de manuales y eruditos del pasado que trataron temas relacionados con las llamadas ciencias naturales.

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La digitalización de los documentos ha conseguido que el tesoro de la lengua más grande que poseemos esté muy cerca nuestro, y creo que merece la pena echarle un vistazo y ponerlo en valor.