Patrimonio

Son Oms, el paradigma del despropósito en nombre del progreso

Son Oms no era un yacimiento formado por un único monumento, sino un gran complejo prehistórico, ocupado y reutilizado durante siglos

14/08/2026 - 22:38 h.

PalmaEn uno de los parterres de uno de los accesos a una de las autopistas más transitadas de Mallorca, la del aeropuerto de Palma, hace 55 años se trasladó un santuario posttalayótico entero. Enterrado para siempre bajo la segunda pista del aeropuerto de Son Sant Joan, Son Oms no era un yacimiento formado por un único monumento, sino un gran complejo prehistórico, ocupado y reutilizado durante siglos.

Su extensión exacta es difícil de reconstruir porque, antes de ser arrasado, solo se había podido excavar una cuarta parte. Aunque a principios del siglo XX se conservaban un centenar de construcciones, en los años 60 ya solo quedaban una decena. El expolio para fines constructivos se avanzó a la aniquilación final que supuso la ampliación del aeropuerto en el año 1971. La destrucción no solo eliminó monumentos conocidos gracias a las excavaciones de Guillem Rosselló Bordoy, sino también una gran extensión arqueológica que no había sido estudiada.

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“Intentaron trasladar los talayots, pero las piedras se deshacían”, explica la arqueóloga Magdalena Riera, que durante décadas ha ejercido en el Ayuntamiento de Palma. Lo único que aguantó el traslado fue el santuario.

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Antes de la destrucción, era un “yacimiento único en el que se concentraban las manifestaciones arquitectónicas más singulares de la prehistoria insular, desde la edad del bronce hasta época romana: navetas, cuevas artificiales, tres talayots, un túmulo escalonado, un santuario, una necrópolis”, explica Beatriz Palomar.

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“Son Oms es un claro ejemplo de desidia institucional, o bien de la destrucción del patrimonio con amparo legal de acuerdo con otros intereses”, apuntaba Domingo C. Hernández Jiménez al número 57 de la revista Arte y Humanidades. El de Son Oms es paradigmático por el contraste que representa el acceso mediante una infraestructura pública al supuesto progreso y la modernidad, y la destrucción del patrimonio. La entrada al futuro que aniquila el pasado, la historia, las raíces.

“Hoy esto no sería posible”, remarca Magdalena Riera, a pesar de que denuncia que los restos del santuario “se tratan como cualquier rotonda”. Y no solo eso, sino que quien lo quiera visitar se arriesga a morir atropellado. Palomar lo lamenta: “Es como una broma de mal gusto”.