De Pink Floyd a Judas Priest: psicodelia, cocaína y discos en las Baleares
Formentera inspiró a Joni Mitchell y King Crimson, Kevin Ayers grabó en Mallorca y New Order descubrió en Ibiza una música que acabaría llevando al Reino Unido
PalmaLas Baleares entraron en la historia de discos que tienen poco que ver entre sí. Algunos músicos escribieron allí canciones; otros grabaron allí álbumes, encontraron refugio o descubrieron una música que después llevarían fuera de las Islas. Entre los años 60 y los 90, aquellas estancias unieron al Archipiélago con nombres como Pink Floyd, Joni Mitchell, Kevin Ayers, Judas Priest y New Order.
Que Bob Dylan pasara el verano de 1967 en un molino de la Mola, en Formentera, es todavía leyenda popular viva, no cierta. Quienes sí vivieron aquel verano y el siguiente por la Mola y la playa de Migjorn fueron los miembros originales de Pink Floyd, el grupo más influyente del rock progresivo y psicodélico de la segunda mitad del siglo XX. Fue así porque Aubrey Powell ‘Po’, fundador de la agencia de diseño gráfico Hipgnosis, que revolucionó el diseño y creó media docena de portadas del grupo, tenía casa en Migjorn.
‘More’, de Pink Floyd
A principios de 1968 David Gilmour entraba en el grupo británico y más tarde acabaría sustituyendo a Barrett, a quien sacaron por un problema de salud mental. Después, Pink Floyd publica su tercer disco More (1969), la banda sonora de la ópera prima del suizo Barbet Schroeder, rodada en 1968 en Formentera e Ibiza y que retrata la eclosión de la contracultura del movimiento hippy en la isla.
Grabada en Londres a principios de 1969, tiene en portada el molino de 'en Teuet', en Sant Ferran –del siglo XVIII, es el primer molino de viento de la isla–, en una alegoría psicodélica que evoca a los gigantes del Quijote.
“Claramente es un disco de transición, que va hacia el sonido que después desarrolló Pink Floyd”, apunta Shanti Gordi, teclista, cantante y líder de los menorquines The Other Side, tributo de Pink Floyd de los más longevos e internacionales. “Es un disco que sirvió como puente de la época de Syd Barrett a la de David Gilmour, con unas guitarras mucho más elaboradas y más estructura musical. Deja atrás la psicodelia más pura y el caos de Barrett”, valora Gordi.
“Empieza a tener pinceladas muy claras de lo que después sería la época dorada de Pink Floyd. Es un disco con una atmósfera muy onírica y muy experimental, con puntos psicodélicos, y de repente tiene una joya acústica, dulce y preciosa como ‘Green is the colour’”, comenta Gordi, canción que Roger Waters ha reconocido que respira la atmósfera de las Pitiusas. También contiene “una connotación muy rockera aportada por Gilmour en ‘Ibiza Bar’”.
‘Islands’, de King Crimson
Quienes tienen una calle en Formentera, en Es Pujols, desde el 2009, son los otros británicos referentes del rock progresivo, King Crimson. El motivo, la canción ‘Formentera Lady’ con la que se iniciaba su cuarto disco, Islands (1971).
Ahora que la Odisea de Ulises vuelve a tener vuelo, este cancionero está inspirado en este viaje por el Mediterráneo. El letrista y guitarrista Peter Sinfield vivió en Formentera a finales de los 60 y principios de los 70 y, en el disco, la pitiusa se convierte en la Ítaca a la que retornar. Allí canta: “Casas teñidas de blanco protegen una línea de costa pálida, aprisionadas por el cactus y el pino. Dama de Formentera, canta tu canción para mí, dama de Formentera, amante del sol. Aquí Odiseo, hechizado por la oscura Circe, cayó, su perfume todavía perdura, todavía su hechizo”.
‘Blue’, de Joni Mitchell
Formentera también inspiró a Joni Mitchell; de hecho, una de sus cimas creativas, el cuarto disco, Blue (1971), grabado en Hollywood. En la primavera de 1970, la canadiense llegó a la pitiusa para desconectar y aclarar la relación con el músico Graham Nash, a quien acabaría dejando desde allí enviándole un telegrama. Allí escribió algunas de las canciones de Blue, de lo mejor de su folk y pop confesional.
“Quizás no es mi disco preferido de ella, pero sí que tiene mi canción preferida, ‘A Case of You’, en especial, la letra, que me parece de las mejores, de una letrista extraordinaria como era ella. Una Joni Mitchell en crisis emocional decide hacer este viaje-refugio a Formentera y allí formaliza la ruptura sentimental con otro ilustre de la música del momento. Se dice que la semilla del disco fue aquel viaje de desconexión”, explica el promotor de conciertos mallorquín, y apasionado por el folk, Tomeu Gomila.
Ya en Los Ángeles, la relación con el también cantautor estadounidense James Taylor, adicto a la heroína, marcaría también el tono roto del disco. Taylor, años antes, en 1968, había compuesto ‘Carolina in My Mind’, de su debut, durante una estancia también en Formentera.
‘Deià... Vu’, de Kevin Ayers
En Mallorca, otro británico, Kevin Ayers, grabó en 1980 y en los estudios Maller, en Palma, su undécimo disco; un homenaje al que se convirtió en su paraíso y refugio, y donde años atrás le había surgido la inspiración de fundar el germen de la psicodelia inglesa que fueron The Soft Machine, con Robert Wyatt y Daevid Allen.
Deià…Vu (1984), sin embargo, no fue editado hasta prácticamente cuatro años después, producido por el manacorí Joan Bibiloni. “No tengo opinión sobre aquello que supuso para Kevin ni tampoco puedo ubicar este disco, pero creo que ha habido otros que han sido más trascendentes en popularidad y probablemente quizás en contenido, que tampoco es que lo piense. Todas las piezas tienen su propia aura y vida y supongo que refleja una época precisa cuando Kevin estaba más por Deià y no viajaba tanto o no tenía tanto contacto allá. Es un disco que no es tan sajón”, comenta el músico, y añade: “El título lo propuse yo, aunque los trabajos son corales. Siempre activar el recuerdo de Kevin es entrañable, como también el entorno de allá arriba de Tramuntana, de cuando vivíamos allí. La particularidad del disco es que el único sajón es Kevin, el resto es gente latina y hay un solo de saxo de Jorge Pardo que me gusta mucho en ‘Champagne and Valium’”.
‘Technique’, de New Order
New Order, con su quinto disco, Technique (1990), dejaban atrás la alargada sombra de su grupo embrionario, Joy Division, truncado por el suicidio de Ian Curtis en 1980. El verano de 1988 se refugian en la isla blanca donde los clubbers ingleses quedaban atrapados por las sesiones eclécticas de las noches de Amnesia que hacía el DJ argentino Alfredo Fiorito, residente en Ibiza desde 1976 y fallecido en 2024. Creó el balearic beat, un género surgido en las Islas que mezclaba pop y rock, música latina, ambient, house y disco.
Los ingleses acabaron exportando aquellas sesiones al Reino Unido y así se expandía por el mundo el balearic beat. Explosionaba el house y la cultura rave, el acid house se casaba con el rock, e Ibiza, convertida en un emporio, en la meca mundial de la cultura de club.
“La historia es muy delirante porque a Peter Hook le encargaron la producción del primer álbum de Stone Roses, considerado uno de los mejores debuts discográficos de todos los tiempos. Hook, que ya había producido el tema ‘Elephant Stone’, de los Stone Roses, dijo no para ir a Ibiza. Tenían que grabar la mayor parte del disco en los Estudios Mediterráneo, pero solo llegaron a grabar pistas de algunas canciones porque se pasaron dos semanas de fiesta, yendo a todas las discotecas”, explica el periodista musical y DJ barcelonés Luis Costa.
El disco, de hecho, empieza con ‘Fun Time’, “basada en una noche de excesos, fiesta y drogas en Amnesia”, recuerda Costa, que parafrasea a Hook diciendo que “todo el dinero para grabar el disco se lo gastaron en drogas y fiesta”, como cuenta en su libro The Haçienda: Cómo no dirigir un club (Contra, 2019) en el capítulo ‘Interludio. Una noche en Ibiza, 1988’.
New Order y Tony Wilson, del sello del grupo Factory Records, eran copropietarios de The Haçienda, el club de Manchester convertido en una meca de la música de baile. Costa recuerda qué dijo Wilson al bajista Peter Hook después de la estancia en Ibiza: “En la vida te habías pegado unas vacaciones tan caras”.
El disco se terminaría en los Real World Studios de Peter Gabriel en otoño y “se convertiría en la obra maestra que es”, dice Luis Costa, coautor del libro Balearic. Historia oral de la cultura de club en Ibiza (Contra, 2020) y en el cual recuerda: “Peter Hook explica que decidieron ir a Ibiza porque querían huir de la escena de club de Manchester y Londres para no tener distracciones, pero, claro, aterrizaron allí en el verano de 1988, el de la eclosión de la cultura de club y de la llegada del éxtasis a la isla, donde hizo la primera entrada masiva y de ahí se exportó al Reino Unido y a toda Europa. Huyeron de su cultura de club y se toparon con ella de bruces”.
‘Point of Entry’, de J. Priest
Y en la misma isla de los excesos, pero en las antípodas, Judas Priest, exponentes británicos del heavy metal, llegaron a grabar allí una trilogía, también en Estudios Mediterráneo, situados en la finca de Can Marià Blai, en Sant Llorenç de Balàfia, y que acabarían arrasados por el fuego en febrero de 1990. Su batería, Dave Holland, se convertía en socio, justo después de una primera etapa como Ibiza Sound Studios. Judas Priest grabaron allí su séptimo álbum, Point of Entry (1981), a finales de 1980, y los siguientes: Screaming for Vengeance (1982) y Defenders of the Faith (1984).
“Quizá sea un poco osado afirmar que los tres discos ‘ibicencos’ de Judas Priest son una trilogía. Al fin y al cabo, Point of Entry es una obra menor sostenida por un puñado de canciones memorables. Era la primera vez que el quinteto salía del Reino Unido para grabar un álbum de estudio y escogieron los fastuosos estudios. El ambiente, decían, era especial, tanto que decidieron volver para dar forma a dos de los mejores álbumes de una trayectoria que ya supera el medio siglo”, valora el historiador y músico mallorquín Tomeu Canyelles.
“Quizá es que se aclimataron a un espacio que también les ofrecía suites de lujo, piscina y zonas de deporte o que su formación clásica ya se había consolidado. Refinaban su estilo hasta conseguir una fórmula ganadora: el equilibrio preciso entre melodía, épica y agresividad. Rob Halford se sentía tan seguro con las nuevas canciones que empezó a escribir letras de temática homosexual para liberarse del gran secreto que atormentaba su sexualidad. Nadie, sin embargo, consiguió descifrarlas porque el hedonismo no les dejaba mucho tiempo para la reflexión. Largas noches consagradas a las discotecas, la promiscuidad y la cocaína. La banda recordaría su paso por Ibiza como “de una vida desordenada”, mientras que Halford, reflexiona Canyelles, “sin embargo, siempre tendrá la última palabra: ‘Bueno... ¿Y quién no habría querido una vida como aquella?’”.