Ópera. Femenino plural
'Excelencias venecianas' también pudo ser un título adecuado de este papel, por una ópera donde podemos encontrar infinitas influencias
PalmaPodríamos poner muchos ejemplos que constatan la certeza del título, pero sólo con las tres últimas óperas que he podido ver estos días cualquier duda se desvanece enseguida. Primero fue el Gotterdämerung de Wagner, donde queda claro que la trágica y primordial protagonista es ella, Brünhilde. No lo es nada menos que Senta, quien encabeza el reparto de El holandés errante, que pudimos disfrutar en el teatro Principal de Ciudad. Para redondear la semana, en el Gran Teatre del Liceu, quien lleva el estandarte es quien da título a la obra, La Gioconda. Una composición, la única conocida de Amilcare Ponchielli, sin embargo, aun así, una indiscutible obra maestra que necesita seis voces de primer nivel para llegar a puerto sana y salva, como así fue en cuanto a la producción entre el Liceo y el Teatro de San Carlo de Nápoles, dirigida escenográficamente por Romain Gilbert. Basada en un drama de Victor Hugo, Angélo, tyran de Padoue, ala cual Arrigo Boito, autor de los libretos de las últimas y entre las mejores valoradas óperas de Verdi, bajo el seudónimo de Tobia Gorrio, trasladó a Venecia. Un aspecto que Gilbert ha configurado con total y absoluta fidelidad, añadiendo unas pinceladas de la conmedia del arte, con la inclusión de el Arlequín, Pantaleón y Colombina, además de alguna licencia argumental, como es ahora y entre otros, la aparición final de La Cieca, a cargo de una Violeta Urmana que aún conserva no pocas de sus cualidades y sobre todo la eficacia para dibujar con precisión las indispensables características del personaje.
En cuanto al resto, La Gioconda corre a cargo de una Saioa Hernández que ofreció una interpretación excelsa, con exhibición de no pocas texturas y muchos más colores, para dar vida, y muerte, como las otras dos citadas y muchas más, a un personaje que implica no pocas dificultades. Su adversaria argumental, Laura Adorno, interpretada por Kseni Dudnikova, también dejó el listón muy arriba. De hecho, los primeros aplausos de la velada con mucha alma los pudimos oír cuando ambas interpretan su dúo Y un anatema, ya que, por otra parte, Michael Fabiano como Enzo Grimaldo tuvo una actuación poco más que correcta, o mejor, diría que muy desigual, hasta el punto de que dónde debía revalidar su personaje, cantando la más famosa y reconocida aria, ¡Cielo y mar!, salió adelante como pudo, con empujones y barrancas. Contundente y con gran presencia Gabriele Viviani como Barnaba, al igual que John Relyea terminó a un sólido y no menos poderoso Alvise Badoero. Sería injusto no destacar al Isépo arlequinado de Roberto Covatta y la famosa Danza de las horas, y el corazón, también indiscutible gran protagonista de la compleja y marmórea composición. Dirigió la función Daniel Oren, con mucha intensidad y vehemencia gestual. Es una opción. 'Excelencias venecianas' también pudo ser un título adecuado de este papel, por una ópera donde podemos encontrar infinitas influencias, desde las de Verdi hasta la Grand Opéra, sin perder grandeza ni personalidad propia.