Cómo era Marga Melià, según su amiga: “Era una devoradora de libros”
Deborah Florit, amiga de la guionista y directora de cine nos explica los secretos mejor guardados de su infancia
PalmaComo tantos otros jóvenes nacidos en los ochenta, creció con series como Barrio Sésamo, David el Gnomo, Padre forzoso y La vuelta al mundo en 80 días; y con las películas Regreso al futuro, Sonrisas y lágrimas y Mary Poppins, que veía una y otra vez. Una particularidad de su casa, sin embargo, es que tanto su padre como su madre eran unos grandes cinéfilos (y lectores), así que también se veían habitualmente películas de Chaplin, los hermanos Marx, Woody Allen, Bergman y clásicos italianos y americanos. Todo un conjunto de estímulos que hicieron que aquella “niña tímida” pasara parte de sus primeros años intrigada por las grandes preguntas de la humanidad: quiénes somos y de dónde venimos, qué tan grande es el universo, la muerte. Marga Melià Rigo (Palma, 1982), “inquieta y curiosa”, todavía busca respuestas. Nos habla de ello su amiga de toda la vida Deborah Florit.
Se conocieron en la Colonia de Sant Jordi un verano en Los Pinos, “unos recreativos donde íbamos por las tardes a comer golosinas y jugar a maquinitas”. Debían tener entre 12 y 13 años. Las dos jovencitas pasaban juntas todos los días del verano, las vacaciones y los fines de semana. Como Marga era hija única, Deborah era como una hermana. Así lo recuerda: “Íbamos a cenar con sus padres cada fin de semana a restaurantes de toda Mallorca, entonando el Soy minero de Antonio Molina. Nos hacíamos camisetas de grupos de rock pintándolas con rotulador y cuando fuimos un poco más mayores pasábamos los viernes por la noche en Tunnel, en Gomila”.
Entre sacapuntas y camisetas hechas con rotuladores, Deborah describe a Marga como una “adolescente superinteligente, con una gran curiosidad, un pensamiento muy creativo y crítico, y dotada de una gran sensibilidad”. Era una “devoradora de libros”, y disfrutaba de ver películas “con sus padres y escuchar música con sus amigas, tumbadas en la cama”. Uno de los grupos preferidos de Marga y Deborah fue (y todavía lo es) Extremoduro: “Hace poco hemos ido a un concierto juntas tributo a Robe, cantante de Extremoduro. También escuchábamos NOFX, Nirvana… Grupos alternativos en una época de adolescencia inconformista y revolucionaria”, precisa.
La adolescente que devoraba libros comenzó por la colección El Barco de Vapor. Algunos de sus títulos preferidos eran Los alegres viajeros yHasta el verano que viene; también acumulaba las publicaciones de Los Cinco. Dos lecturas que la marcaron especialmente cuando era un poco más mayor fueron El guardián entre el centeno y La conjura de los necios. Con todo, no es extraño que Marga fuera una niña “muy creativa” que se inventaba cuentos y juegos. Una parte, sin embargo, también es herencia de sus padres: su padre le leía fábulas cada noche, y a veces se inventaba cuentos donde mezclaba personajes de fábulas y de los dibujos que Marga miraba; su madre siempre tenía una buena historia que contar, ya que eran cinco hermanos y se sabe que de pequeños “se lo pasaban bomba”.
Más allá de todas las historias vividas y los recuerdos de toda una vida juntas, Deborah asegura que una de las mejores cosas de tener a Marga cerca es que “se puede charlar con ella de cualquier tema, por muy diferente que pienses, es una persona abierta de mente y dispuesta a entender cualquier postura y opinión”. Y añade: “Es tolerante y respetuosa, capaz de escuchar y aceptar puntos de vista con los que no coincide”. Unas capacidades que no todo el mundo tiene.