PalmaDer fliegende Holländer, de Richard Wagner, en el teatro Principal. ¡Imposible!, pensamos muchos. Mea culpa. Difícil, sin duda, pero le imperó el buen trabajo y mejor criterio. No es un spoiler. Fue un éxito, en teatro lleno, y ohne irrtum –sin error– que diría el compositor, que seguro que si no lo dijo, al menos lo pensó. Todo funcionó a la perfección. Nada decepcionó y quizá ese equilibrio mayúsculo que se logró fue la mejor y más imprescindible de las muchas virtudes que atesora el espectáculo. El círculo podía ser menor que de costumbre, por razones obvias, pero sin duda fue redondo. Una circunstancia que ya quedó clara desde los primeros acuerdos delApertura, con los metales, imponentes, anunciando la tormentosa tragedia, a cargo de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, dirigida por Guillermo Garcia-Calvo, para quien Wagner tiene muchos menos secretos que para una inmensa mayoría de directores, por haber alienado los aires de las entrañas de Bayreuth. Salvada entonces esta primera instancia referida al número de miembros de la orquesta, que sonó poderosa y exponencial, además de rica en texturas e impecable transparencia.
Otro de los apartados imprescindibles es, sin duda, tener una Senta de garantías, que pueda llegar al pletórico final con la solidez que requiere un personaje con tantos matices y contrastes. Impecable Iwona Sobotka, de voz inmensa, aterciopelada y sutil cuando corresponde, con esa naturalidad vocal que no está a la venta en los mercados, como demostró ya desde el ¡Johohoe! Traft yhr das Schiff, conocida como La balada de Senta, toda una declaración de principios y demostración de los argumentos de su polivalencia. Por tanto, el proyecto ya tenía alcanzado un 50% del reto. No era todo ni mucho menos. Elholandés, de Gerorge Gatnitze, de voz sólida y poderosa, también logró hacer muy creíble a un personaje, además de legendario, casi mitológico. Porque esa circunstancia fue una constante en la recreación a cargo del director artístico, Marcelo Lombardero, de todos y cada uno de los personajes, como es el hecho de humanizarlos al máximo. De esta forma creó una química muy especial y adecuada entre Senta y Eric, su pretendiente, interpretado por Alejandro Roy, seguramente el que aporta mayor coherencia y cohesión a la conocida y mítica historia. Joan Laínez, por su parte, fue un excelente timonel, a la altura del resto, que no era poca. Tampoco el corazón decepcionó, supliendo la habitual cantidad de cantores necesaria con ese equilibrio orquestal del que pudimos disfrutar en una tarde memorable por muchas y diversas razones, como por ejemplo que sea el primer Wagner representado en la historia del Principal, y que sea para celebrar el cuarenta aniversario de una temporada de ópera que va o va techo de cristal que parecía imposible. Larga vida en la ópera.