Cuando la tierra tembló en Mallorca
Se cumplen 175 años del terremoto del 15 de mayo de 1851, el más potente jamás registrado en la isla
PalmaLos fenómenos naturales fascinan a la gente: un eclipse solar previsto para el próximo agosto tiene a todo el mundo pendiente, desde hace meses. Otros no son tan entretenidos: un terremoto, la madrugada del 15 de mayo de 1851, provocó destrozos en casas e iglesias de Mallorca y generó el pánico entre los ciudadanos de Palma, que huyeron a refugios improvisados. Recordamos este episodio cuando se cumplen 175 años del susto.
El primer caso documentado de sismo en Mallorca data del 18 de marzo de 1660, en Campos, con réplicas los días 19, 26 y 28 siguientes. Según el archiduque Luis Salvador, también se sintió en otros lugares, entre ellos Palma: la Seu sufrió daños por esta razón. Un informe de pocos años después, de 1679, constataba una inclinación de la fachada de unos ochenta centímetros.
Como señala Miquel Grimalt, si bien no se registraron víctimas, ni destrozos más allá de lo ya indicado, el hecho sensibilizó a los mallorquines hacia un fenómeno que les resultaba ciertamente insólito. Lima y Nápoles, entonces pertenecientes a la Corona española, habían sido destruidas por temblores de tierra: en 1668, en todos los templos de Ciudad se hacían rogativas para no correr la misma suerte.
El terremoto de Lisboa de 1755 debió ser tan potente que, a pesar de la distancia, una vez más la catedral de Mallorca percibió sus efectos, según dice el Archiduque. Otra vez se organizaron allí rogativas para no sufrir desgracias similares. En febrero siguiente, Palma declaró patrón de la ciudad a san Francisco de Borja, con el objetivo de que librase Mallorca de aquel peligro. Un patronazgo que, ciertamente, ha pasado muy desapercibido desde entonces.
Un caso bien insólito es el que se registró en Santanyí hacia aquella misma época: el mar llegó tierra adentro casi tres kilómetros y dejó las garrigas llenas de peces. Eso es un tsunami. Los años siguientes se sintieron temblores de tierra en Santa María, Sencelles e Inca. A Palma le tocó otro susto en diciembre de 1773: no fue gran cosa, pero las religiosas de San Jerónimo se llevaron tal espanto que requirieron asistencia médica.
Mallorca está corrompida / en los vicios y modalesDiez segundos inolvidables
Lo peor aún estaba por llegar. Hacia las dos de la madrugada del 15 de mayo de 1851, hace ahora 175 años, Mallorca sufría el peor fenómeno de estas características jamás registrado. Fueron, según un testigo, solo diez segundos. Pero los efectos fueron espectaculares: resultaron gravemente afectadas la Seu y la Almudaina, se produjeron destrozos en iglesias y conventos y crujieron los principales edificios de Palma. No hubo, sin embargo, muertos, ni siquiera heridos de importancia. La noche había venido cargada de electricidad, lo que no hacía presagiar nada bueno.
Por supuesto, la población de Palma, y también la guarnición militar huyeron de inmediato y, una vez más, se instalaron en las afueras, como buenamente pudieron. Aquello no solo afectó a la Ciudad, sino a la gran mayoría de los municipios de la isla y, sobre todo, a Marratxí, donde cayeron varios edificios. Solo las villas situadas más al Levante quedaron libres de aquel desastre.
El mismo atardecer, el gobernador civil, José Manso –entonces no había autonomía de ninguna clase–, hacía público un bando para “tranquilizar en lo posible al público, remediar los males y mantener el orden”. De acuerdo con aquellas disposiciones, las puertas de Ciutat estarían abiertas aquella noche y la siguiente, lo que permitiría salir de allí a quien quisiera. Entonces se cerraban al anochecer por seguridad, medida que se mantendría aún hasta catorce años más tarde.
El gobernador también ordenaba que parejas de la Guardia Civil patrullaran las calles, para evitar desórdenes, y que el Ayuntamiento pusiera arquitectos y obreros a disposición de los vecinos afectados por el sismo. Estos debían dar parte de sus daños en un plazo de veinticuatro horas y se les prohibía retirar escombros ni restos sin control municipal.
Aquello era el colmo de una mala racha climática que sufrían los mallorquines: intensas sequías, inundaciones y, entonces, el terremoto. ¿Por qué, les tocaba a los isleños esa nueva desgracia? Para el autor anónimo de un poema contemporáneo a aquellos hechos, el motivo estaba bien claro: “Mallorca está corrompida / en los vicios y modales”. Aquello era “un aviso declarado” de Dios, para que los mallorquines hicieran penitencia y buenas obras, y no le tuvieran enojado.
El movimiento sísmico, según el testimonio del piloto Antoni Morey, llegó hasta Cabrera, pero no a Menorca. Subió el nivel del depósito de agua de Ciutat y el de los pozos y se enturbió el contenido, además de hacer subir la temperatura en el balneario de Campos.
El arrabal de Santa Catalina, el Secar de la Real, el Born, la Rambla y la plaza del Mercado se convirtieron en asentamientos improvisados para los vecinos que habían huido de casa y que se refugiaron en tiendas de campaña. Ocuparon espacios públicos, murallas y muelles. Debían pasar el tiempo de la mejor manera posible, como dejó constancia el poeta anónimo: “Todo era un alboroto”, con “guitarras, sonidos / y quitados los enfados / tanta tristeza no sentía”. Lo que se dice ahogar las penas. Parece que aquello produjo un cierto relajamiento de las costumbres para la moralidad imperante de la época.
Los fusiles móviles de la Almudaina
Los efectos sobre el patrimonio histórico fueron devastadores. Cayó parte de una de las torres de la Seu, la de construcción más reciente, y su inclinación subió hasta los 130 centímetros, una cifra verdaderamente alarmante. No había más remedio que desmontar los elementos dañados y construir una nueva fachada, que diseñó el arquitecto Juan Bautista Peyronnet: las obras se prolongarían treinta años, hasta 1884. La fachada de Santa Eulalia también quedó dañada y se tuvo que construir una nueva, neogótica, la que luce actualmente.
Resultaron afectadas en Palma muchas más construcciones de carácter religioso, como San Miguel, Monti-sion, la Concepción y la Sapiecia. En El Socorro quedó dañado el campanario. El convento de San Francisco, que entonces había sido expropiado y servía de cuartel a la Guardia Civil, fue uno de los más perjudicados: la caída de la linterna del campanario hundió el que se usaba como vivienda de un funcionario y horadó la bóveda de la iglesia y una de las tumbas. Las oficinas del gobierno provincial, que ocupaban el claustro, tuvieron que ser desalojadas.
El terremoto de 1851 se ensañó también con el palacio de la Almudaina. Cayó lo que aún quedaba en pie de la torre del Ángel y se vio afectado el campanario de la capilla de Santa Ana. No quedó más remedio que desocupar la Audiencia, que entonces se ubicaba en el viejo palacio real, y trasladarla al edificio del Consulado de Mar.
Según el informe redactado sobre los efectos del sismo en este recinto, la fuerza del terremoto lanzó los fusiles que se custodiaban en la Almudaina a una larga distancia. Uno de ellos habría dado una vuelta completa al aire, de modo que, al caer, hizo un agujero en el pavimento de piedra.
El terremoto ocasionó también destrozos en el edificio de Correos y en la residencia del conde de San Simón, cuyo mirador quedó partido en dos mitades. Uno de los inmuebles dañados tuvo que ser derribado. La Casa de las Comedias fue examinada y se concluyó que los desperfectos no eran de consideración. Igualmente sería derribada solo dos años más tarde, para dar paso al futuro teatro Principal.
La pesadilla no había terminado. Solo cuatro días después, Ciudad sufría un segundo seísmo, si bien de menor intensidad. Otra vez, “Palma quedó desierta”, en palabras de Juan Llabrés. Una buena parte de los refugiados optó por los barcos atracados en el puerto, que a duras penas podían contener tanta gente. Aún se registrarían más réplicas, pero esta vez la mayoría de los vecinos de Palma prefirieron quedarse en sus casas. “Sin embargo...”, debieron pensar. Constan más movimientos sísmicos en 1869, 1870, 1978, 1980 y 1989.
Aunque no han pasado del rango de noticias curiosas, en este decenio también se han vivido en Mallorca, al menos, dos episodios sísmicos. En julio de 2020 fue el Pla quien percibió “un temblor como si pasara un camión grande por delante de casa”, según informaba entonces el ARABalears del terremoto con epicentro situado entre Montuïri, Porreres y Sant Joan. En febrero de 2022, el Instituto Geográfico Nacional percibió dos pequeños terremotos en Deià y Bunyola. El servicio de Emergencias 112, los bomberos y la Policía Local de Marratxí registraron avisos y las vibraciones se sintieron también en Santa Maria del Camí y en Palma.
Ya en 1851, la prensa mallorquina lamentaba que “prevenir tales fenómenos es probablemente fuera de los límites presentes y futuros de la capacidad humana”. Las ciencias han avanzado que es una barbaridad, pero aún no es posible predecir con exactitud un fenómeno de estas características. Sirva de consuelo que las Islas Baleares son una zona de baja actividad sísmica: que se repita lo de hace 175 años parece poco probable.
Ciento treinta años después del terremoto de 1851, en mayo de 1981, se extendió por Mallorca una supuesta profecía apocalíptica: el día 12 de aquel mes se produciría un seísmo submarino que la afectaría gravemente, incluso sus efectos borrarían la isla del mapa. Como subraya Miquel Grimalt, el entorno era propicio a un vaticinio de esta índole: aquel año, de manera similar a 1851, Mallorca encadenaba una serie de circunstancias climáticas desfavorables, una sequía, nevadas en febrero e inundaciones en abril.Llegó la fecha fatídica y, por supuesto, no pasó nada. Bueno, casi nada. Es cierto que se produjo un temporal de mar intenso, pero de ningún modo comparable a aquella catástrofe vaticinada. Aun así, algunas personas buscaron refugio en la sierra de Tramuntana, por si acaso se desbordaban las aguas.
Información elaborada a partir de textos de Miquel Grimalt i Gelabert, Juan Llabrés Bernal, Catalina Cantarellas, Gaspar Sabater, Lluís Salvador d’Habsburg-Lorena, Àlvar Campaner, el volumen Memòria viva y el colectivo Fotos Antiguas de Mallorca (FAM).