El franquismo arrinconó a unas figuras identitarias características de muchas fiestas civiles que nacieron en la Europa medieval dentro de la celebración religiosa del Corpus. Desde los años 80, municipios de Baleares, salvo las Pitiusas, no han parado de crear nuevas, espoleados por el movimiento gigante de Cataluña
PalmaHoy los gigantes son los protagonistas de muchas celebraciones civiles. Su origen, sin embargo, fue religioso, en el marco del Corpus Christi. La antigua fiesta más importante de la cristiandad se instituyó en Europa en el siglo XIII. En el calendario se fijó 60 días después del Domingo de Pascua para venerar 'el cuerpo de Cristo', personificado en la hostia consagrada. En un principio, tenía lugar en el interior de las iglesias, pero a partir del siglo XIV salió a las calles en forma de procesión. Entonces la atención se puso en unos hombres disfrazados y subidos sobre zancos que recreaban episodios de la historia sagrada con voluntad de darla a conocer entre la población analfabeta.
Muy pronto aquellos actores se convirtieron en gigantes. El primero de Occidente data de 1424 y se construyó en Barcelona. Era una réplica de Goliat, el gigante filisteo que David, futuro rey de Israel, tomó con un potente disparo de honda. Ya tenía la característica carcasa rígida que recubre al hombre que la lleva. En Baleares, la irrupción de las enormes figuras antropomórficas se produjo dos siglos después. El primero está documentado en Sóller en 1630 y el segundo, en Sineu, en 1653, éste último ya integrado en una fiesta local, la de Sant Roc. De Sant Llorenç es el primer gigante mallorquín del que conocemos el nombre, Puput, datado de 1762. Y en Menorca, los gigantes más antiguos son los de Maó. Llegaron alquilados en 1934 procedentes de Barcelona para animar las fiestas de la Virgen de Gracia –el Consistorio acabaría comprando las figuras, que no tendrían nombre asignado (Tomeu y Guida) hasta 1992. En las Pitiusas, en cambio, la tradición gigante sería del todo inexistente.
El investigador llucmajorer Pau Tomàs i Ramis es autor del libro Los gigantes de Mallorca (El Gallo Editor, 2010). "El pueblo –dice– esperaba ansioso la salida de la procesión del Corpus para disfrutar e interactuar con un grupo de personajes que los trasladaban momentáneamente a un mundo lleno de fantasía. A partir del siglo XVI las autoridades eclesiásticas ya les prohibirían al considerar que se habían convertido en motivo de escarnio y burla de la fiesta. en celebraciones de carácter civil.
Primera pareja de gigantes de Palma, Tòfol y Maria Bet, después llamada Francinaina.Pau Tomàs Ramis / La Almudaina
Al emanciparse de la Iglesia, los gigantes pasaron a representar a personajes importantes del imaginario colectivo como podían ser héroes o caballeros. "Siguiendo el modelo del Goliat bíblico –apunta el investigador–, mantuvieron la estructura de hasta tres metros de altura para que su presencia en la fiesta fuera más majestuosa. Con el tiempo, estarían acompañados por los cabezudos, de menor tamaño". En un principio, los gigantes eran sólo figuras masculinas. "Las femeninas se introdujeron después. Se trataba, sin embargo, de gigantes que, a diferencia de su pareja, vestían siguiendo las modas de cada época. Actuaban como las actuales influencers, ya que las chicas de casa buena estaban muy pendientes de la ropa y de los peinados que llevaban".
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Doblemente represaliados
La salida de los gigantes en las fiestas era muy esperada, sobre todo entre los niños, que quedaban asombrados al ver tan colosales figuras. En 1904 el Ayuntamiento de Palma tendría sus propios, los campesinos Tòfol y Francinaina. En 1936 la pareja formó parte de la expedición de cerca de 600 mallorquines que el 18 de julio zarparon para participar en la Olimpiada Popular de Barcelona, la alternativa antifascista en los Juegos Olímpicos que en agosto debían tener lugar en la Alemania nazi de Hitler. La cita no sólo debía ser de carácter deportivo, sino también folclórico. Pero la insurrección militar truncaría el sueño olímpico. "Entre la confusión y los nervios –señala Tomàs– los dos gigantes de Ciutat se perdieron, como muchas figuras festivas de otros lugares. Por otra parte, durante la Guerra Civil, en ciudades de dominio republicano, las figuras que aludían a santos oa algún personaje religioso fueron quemadas o destruidas".
Terminada la contienda, se viviría una nueva represión. "Los falangistas sacrificaron numerosos gigantes, sobre todo en la zona catalana, para lucir emblemas catalanistas o representar héroes que pudieran enaltecer el espíritu catalanista. A otros simplemente se les cambió el nombre y la personalidad de acuerdo con los nuevos tiempos que corrían. Hubo muchos que pasaron a personificar a los Reyes Católicos". En sintonía con la política de genocidio cultural del franquismo, también se prohibirían otras manifestaciones identitarias de las Islas como La Balanguera y el baile de los cossiers. A pesar de ese clima hostil, en los años 40, el Ayuntamiento de Palma encargó a otra pareja de gigantes campesinos, que se batieron al igual que los anteriores desaparecidos. Pero una fuerte ventolera los tomó y los dejó inservibles. En 1961 el Consistorio ordenaría construir otros con los mismos nombres.
La campaña de desprestigio que sufrieron los gigantes durante el franquismo acabaría calando entre la población. "La gente –afirma Tomàs– les veía como elementos provincianos que habían quedado desfasados. Es un buen ejemplo lo que pasó a principios de los años 70 en Llucmajor, un municipio con una fuerte tradición gigantesca. En agosto, el Ayuntamiento, como no encontró a nadie que quisiera hacer de portador de las personas en las fiestas de Santa Cà iban al pueblo a alquilarse como tomadores de almendra".
Recuperación
La restitución de la democracia supuso el inicio de un proceso de dignificación del patrimonio cultural. Entonces, el movimiento gigante en las Islas recuperó la autoestima perdida reflejando, sobre todo, en Cataluña. En 1982, en Barcelona, durante la ceremonia inaugural del Mundial de fútbol celebrado en España, aparecieron desfilando una serie de parejas de gigantes que dieron la vuelta al mundo. Ese año en Matadepera también tuvo lugar el I Encuentro internacional de gigantes. La jornada coincidió con el I Congreso de cultura tradicional y popular catalana, que sentó las bases para rescatar del olvido las fiestas populares.
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Aleación de gigantes y cabezudos llucmajorers.Pau Tomàs Ramis / La Almudaina
Entonces, muchas asociaciones culturales apostaron por la construcción de las figuras más emblemáticas de cada pueblo. El grupo más numeroso estaría liderado por parejas de campesinos. La más antigua era la de Inca, de 1928 (Abdó y María), que en 1987 sirvió de modelo para la de sa Pobla (Antoni y Margalida); en 1989, para la de Alcúdia (Rampell y Pipella), Llucmajor (Miquel y Cándida) y Sant Llorenç̧(Jaume Belluguins y Angelina Trevolina); y en 1996 para la de Sóller (Antoni y Catalina). En 1999 Palma encargó una nueva pareja procesional (Tomeu y Margalida) para acompañar a los gigantes xeremiers. En 2002, Selva también tendría su propia pareja (Pau y Rosa).
En el segundo grupo destacado se incluyen los gigantes inspirados en personajes de fábulas, dichos y leyendas: a Llucmajor, Pere Taleca y el hada Morgana (1970) y el dueño de Sona Moixa y Joanota (1971); en Montuïri, la reina Catalineta (1994); en Alaró, Tomassa (1995); y en Puigpunyent, el Bou i Fàtima (2002). El tercer grupo está formado por representantes de oficios tradicionales de cada localidad: en Inca, los zapateros (1994); en Capdepera, Roc, pescador, y Esperanza, latadora (2003); en Sineu, Marc, herrero, y Maria dels Àngels, cosechadora de higos (2005); y en Mancor del Valle, Juan, carbonero, y Lucía, bordadora (2005). El cuarto grupo está constituido por personajes históricos: en Llucmajor, Barbarroja (1970); en Sencelles, la beata Francinaina (2018); en Calvià, el rey Jaime I y Violante de Hungría (1999); en Alaró, Cabrit y Bassa (2000); y en el Consejo Insular de Mallorca, el rey Jaime II y Esclaramonda de Foix (2001) y los reyes Sancho I y Jaime III (2002). Eivissa no tendría sus primeros gigantes hasta el 2025, Xicu y Jordi, los conocidos guardianes de la sal de San José de sa Talaia.
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Aquella moda llevó asociado el nacimiento de grupos de gigantes –cada gigante requiere como mínimo tres personas: el portador y dos ayudantes. En Mallorca, hay una veintena y en Menorca, seis –la de Llucmaçanes (Maó), creada en 1990, es la más antigua de todo el Archipiélago. En Mallorca, el primer encuentro gigantesco tuvo lugar en 2000 en Manacor. "No es –concluye Tomàs– un simple desfile que termina en una comida o una cena. Los encuentros comienzan con la plantada de las figuras convocadas para darlas a conocer a los asistentes. Es un poema la cara de sorpresa que hacen los niños más pequeños cuando las ven". Hoy, aparte de Baleares y Cataluña, otras comunidades con una fuerte devoción gigantesca son País Vasco, Navarra y Castilla y León.
Las figuras zoomórficas están presentes en muchas culturas de la antigüedad. Su conjunto es conocido como 'bestiario'. El cristianismo, en lugar de eliminar las prácticas idolátricas del mundo pagano, optó por incorporarlas a las procesiones religiosas en una especie de teatro ambulante llamado 'entremés'. Así, a partir del siglo XIV, en la fiesta del Corpus, aparecieron toda una serie de personajes (gigantes, dragones, demonios, caballetes, águilas, mulasas, alicornios y leones) que, al son de la música y del baile, ayudaron a divulgar entre la población analfabeta episodios de la historia sagrada. Tanto jolgorio, sin embargo, no gustó nada a la Iglesia, que les acabaría prohibiendo. Sin embargo, el pueblo seguiría disfrutando de todo ese universo fantástico en fiestas de carácter laico.
En Mallorca, junto a los gigantes, otra figura muy arraigada son los caballetes. Se trata de piezas con forma equina pasadas por el cuello de los portadores. Los de mayor tradición son los de Pollença, que datan del siglo XVI. En sus orígenes, les llevaban dos vecinos que iban a bailar casa por casa con el objetivo de recaudar dinero para la celebración de San Sebastián (20 de enero), un santo muy invocado contra las pestes. Del siglo XVII son los de Felanitx, que salen a las fiestas de Santa Margalida (20 de julio) y de Sant Agustí (28 de agosto). Presentan una coreografía diferente: son seis niños de entre 10 y 13 años que bailan en torno a otro que hace de dama. El mismo modelo siguen los caballitos de Artà, que se crearon en 1901 durante las fiestas de Sant Antoni (17 de enero). Sin embargo, en su caso, son cuatro integrantes que bailan alrededor de la dama. En los últimos años la danza de los caballitos se ha recuperado en Llucmajor y Palma.
El 24 de noviembre es el Día europeo del bestiario festivo. Esta fauna se clasifica en dos categorías: las bestias que representan a animales reales y las que representan animales de tipo mitológico o fantástico. Igualmente, existe el bestiario de fuego, que hace uso de pirotecnia. Su boom se produjo a partir de 1988. Fue gracias a las colles demonieras que se crearon en los pueblos bajo la influencia de los espectáculos Noche de fuego que la compañía Iguana Teatre preparó para las verbenas de San Antonio y San Sebastián. La primera bestia de fuego de las Islas sería el Cormo de San Nofre, en San Juan, en 1998. La seguirían Marranxa, en Alaró (2001); en Freu, en Campos (2003); Espirafoc, en Santa Maria (2003); el Dragón, en Santa Margalida (2004); Boscana, en Mancor (2006); la Cucafera, en Muro (2007); Ferrereta, en Sineu (2010); el Dragón de na Coca, en Palma (2011); el Ca de Inca (2016); na Pòpia, en Andratx (2021)... En 2008 ya se constituía la Federación de demonios, diablos y bestias de fuego.