Ginestà: "Se carga responsabilidad de la lengua a los artistas, cuando también corresponde a las instituciones"
Pau Serrasolsas, vocalista del grupo barcelonés
PalmaEl grupo Ginestà se ha consolidado como una de las formaciones más destacadas de la escena musical en catalán, con un proyecto que ha crecido desde las salas pequeñas hasta los grandes festivales de los Países Catalanes. Con una propuesta que reivindica hacer música en catalán como parte esencial de su identidad artística y centrada en las emociones cotidianas, el grupo ha ido ampliando la conexión con el público. Ahora llegan a Mallorca, donde este fin de semana actuarán en el TribuFest.
¿Cómo recordáis los inicios del proyecto de Ginestà y qué os hace pensar hoy que acertasteis el camino que cogisteis entonces?
— Los inicios los recordamos como una etapa muy intensa y, a la vez, complicada. Éramos un proyecto pequeño y emergente que tenía que convivir con estudios y otros trabajos, y eso hacía que todo avanzara a un ritmo lento pero constante: grabábamos canciones, componíamos nuevas y empezábamos a dar los primeros conciertos. Fue una etapa dura, pero también muy ilusionante, en la que la motivación lo sostenía todo. Las primeras canciones, hechas en casa con guitarra y voz, fueron evolucionando hasta convertirse en un proyecto de banda que fue creciendo poco a poco con nuevos miembros.
Habéis pasado de tocar en salas pequeñas a llenar festivales por todos los Países Catalanes. ¿En qué momento notasteis claramente que el proyecto había dado un salto?
— El punto de inflexión llega después del confinamiento. Cuando todo reabrió, fuimos realmente conscientes de que la gente venía a vernos a nosotros. Ver festivales llenos a primera hora fue una sensación muy clara de que algo había cambiado. En aquel momento también publicamos Supongo que el amor es esto, y todo ello supuso un antes y un después. Entendimos que el proyecto había dejado de ser emergente para convertirse en una propuesta consolidada.
¿Qué importancia tiene para vosotros cantar en catalán hoy en día y cómo creéis que esto ha condicionado la trayectoria del proyecto?
— Para nosotros es esencial hacer música en nuestra lengua. Si no lo hacemos nosotros, difícilmente lo hará nadie. Ahora bien, también creemos que a menudo se carga demasiada responsabilidad sobre los artistas, cuando la protección y promoción de la lengua debería venir también desde las instituciones.
Han crecido dentro de una escena musical en catalán en plena transformación. ¿Cómo han vivido este cambio?
— Hemos vivido un momento de crecimiento muy importante de la escena. La aparición de nuevos grupos ha generado una ola fresca, similar a otros momentos previos con bandas como Manel, y formaciones del País Valencià como La Gossa Sorda, que también marcaron una etapa. No son fenómenos comparables, pero sí movimientos que han renovado el interés por la música en catalán entre diferentes generaciones. Lo más relevante es que se ha consolidado una escena muy conectada, con colaboración entre grupos y con el apoyo creciente de festivales y fiestas mayores, que programan cada vez más música en catalán.
Vuestras canciones conectan mucho con el público joven. ¿Qué peso tienen las experiencias personales en la composición?
— Las canciones nacen a menudo de ideas personales, pero inevitablemente acaban conectando con experiencias compartidas por mucha gente. Esto hace que el público pueda identificarse, especialmente el de nuestra generación. También es cierto que nuestro público ha crecido con nosotros: si antes venían jóvenes de veinte años, ahora también nos escucha gente de treinta o cuarenta, incluso familias enteras. Esta evolución es una de las cosas que más nos gusta del proyecto.
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¿Hay alguna decisión clave de la trayectoria de la cual os hayáis arrepentido?
— No especialmente. Somos un grupo con perfiles diferentes, algunos más atrevidos y otros más prudentes, y creemos que el equilibrio entre estos dos polos es lo que nos ha funcionado. En realidad, no hemos tenido que tomar decisiones que nos pusieran en situaciones extremas. Todo ha ido bastante natural.
¿Cómo ha cambiado la relación con el público desde los primeros conciertos hasta ahora?
— Ha cambiado mucho. Antes teníamos al público muy cerca, en salas pequeñas; ahora, en festivales y escenarios grandes, la distancia es más evidente. Aun así, intentamos mantener el contacto con la gente tanto como podemos: bajamos a firmar discos, vender merchandising o simplemente hablar con el público. También en las redes intentamos ser cercanos. Es una manera de no perder esta conexión, aunque el formato haya cambiado.
¿Qué habéis ganado y qué habéis intentado no perder por el camino?
— Hemos ganado poder llegar a públicos que nunca habríamos imaginado, como el de las Islas Baleares u otros territorios de los Países Catalanes. Es una sensación de sueño cumplido. Lo que hemos intentado no perder es la manera de hacer música y la identidad del proyecto: ser fieles a aquello que somos y a la manera como entendemos las canciones.
Actuaréis en el TribuFest este fin de semana en Mallorca. ¿Hay algo especial preparado?
— Hay canciones que siempre tienen un peso especial, como Quererte como la tierra, que en el concierto de Mallorca tendrá un papel destacado. Cuando salimos de Cataluña, a menudo adaptamos el repertorio y damos más protagonismo a temas que conectan especialmente con cada territorio.
¿Qué os queda todavía por explorar como grupo?
— Nos queda mucho por hacer. Más que crecer en dimensiones, nos interesa continuar haciendo cosas que nos motiven. Nos gustaría, por ejemplo, trabajar con una orquesta o plantear formatos diferentes de gira. El objetivo no es solo llegar más lejos, sino continuar disfrutando del proceso y hacer cosas que nos hagan ilusión.