Observatorio

Asmik Lescaut

Gran espectáculo con el maravilloso destello de una estrella nada fugaz

19/03/2026

PalmaVuelve al Gran Teatro del Liceo Manon Lescaut, de Puccini, y lo hace con una cabeza de cartel seguramente insuperable, como es el hecho de que la protagonista sea una Asmik Grigorian esplendorosa, cuyo montaje firma Àlex Ollé y dirige desde el foso Josep Pons. La segunda versión musical de la novela de Antoine François Prévost, que con el título de La historia del caballero des Grieux y Manon Lescaut, el maestro de Lucca logró el primer gran éxito de público. Un éxito que la cúpula de Ricordi, menos su cappadre y el amo, no veía claro por tratarse de la misma historia que diez años antes había subido a los escenarios Jules Massenet con no poca aceptación. Aunque todavía hay quien dice que Manon sólo hay una y no se refieren a la que nos ocupa, indudablemente ésta ya tiene su sitio entre las que no han quedado fuera de los grandes circuitos. Que Manon sea ​​la Grigorian es un valor añadido, tanto en lo que se refiere a la parte dramática, en este caso imprescindible, como para la vocal, con una interpretación, excelsa, impecable.

Musset en su poemario Namouna la define como "Manon! Esfinge admirable, verdadera sirena", por tanto, la protagonista de la última Rusalka que pudimos ver y oír en el Liceu encaja a la perfección con la descripción. Ella fue la gran estrella de la velada con la Suela, perdida, abbandonata como rúbrica de una interpretación memorable. Ni que decir tiene que los aplausos retronaron como un clamor, los de las grandes noches. Su partenaire fue Ivan Gyngazov, sustituto de Joshua Guerrero ya en todas las funciones restantes, de voz poderosa, pero todavía carente de color, uniforme, con pocos registros para un personaje que vive tan evidente metamorfosis. Yurii Samoilov, que como en la novela es el hermano y en la ópera de Massenet, el primo, terminó un personaje como se requiere. Mejor aún Donato Di Stefano, como Geronte di Ravoir, así como Andrea Antognetti en funciones de farolero, aunque no entiendo que le conviertan en un travesti. Impecable el corazón del Liceu, mientras que Pons y la orquesta exhibieron talento con lo maravilloso Intermezzo. Se excedió en algunos momentos, demasiado, con los decibelios y tapó a los cantantes, que no es menos cierto que no lo tenían sencillo en un escenario completamente abierto que jugaba en contra de los protagonistas de encima del proscenio.

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Un escenario que en todas las diferentes situaciones exhibía unas inmensas letras que decían LOVE, por si teníamos dudas de lo que se trataba. Habría sido mejor cuidar la continuidad de las diferentes situaciones en cada acto, como por ejemplo, como pasa de estar a punto de ir a un convento a hacerse puta, con una escenografía que aunque espectacular no hacía más que distraernos de la historia. O como por arte de magia se encuentran caminando, solos, en el cuarto acto en medio de un desierto, o el que quiera que sea Ollé, donde tampoco faltan las letras que aún recordaban que los dos protagonistas estaban muy enamorados. Sin embargo, gran espectáculo con el maravilloso destello de una estrella nada fugaz.