Cómo era Antoni Torrens, según su amigo: "Es una persona llena de luz; nunca ha tenido odio dentro"

Un amigo del farmacéutico y activista cultural nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

17/08/2026 - 09:25 h.

Palma“Es una persona que te ilumina los pensamientos. Para mí, es mi padre espiritual, fundamental en mi vida. Es un hombretón de esos que nace uno cada siglo. Un hombre universal que vibra y hace vibrar, y que toda la vida lo ha hecho todo con amor, generosidad y tolerancia”. Habla el poeta de sa Pobla Antoni Gost Curro (1953). Lo dice de otro Antoni, conocido, admirado y querido, difícil de clasificar: farmacéutico, activista cultural, agitador social y revolucionario. Hablamos de Antoni Torrens Gost (1937), impulsor de sa Pobla en Gràcia, del encuentro de xeremiers y luthiers, de la Llar de la Memòria, de la colla de dimonis Albopàs… entre tantísimas otras cosas.

Hijo de Pep y Maria, Antoni Torrens nació en sa Pobla el 29 de enero de 1937, en un contexto político y social de guerra. Y creció durante la posguerra, en plena dictadura: “Vivió lo peor de lo peor. Aun así, don Toni encontraba la manera de hacer cosas positivas en tiempos difíciles y oscuros. Es una persona llena de luz, que nunca ha tenido odio dentro”, comenta el poeta, con admiración. Les separan 16 años, pero el tiempo los ha hecho hermanos. Curro recuerda cómo, a los 10 años, quedaba deslumbrado por la presencia de Torrens: “Tiene una timidez extrovertida: se acercaba a todos con mucha prudencia y reserva, y para decir una cosa la pensaba cuarenta veces. Tiene el don de hacer sentir importante a su interlocutor, es acogedor con las personas. Tiene una química preciosa”.

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Al pequeño Antoni Torrens le gustaba mucho ir a la escuela. “Esta anécdota la ha contado muchas veces: un domingo, después de una profunda siesta, el niño se levantó, se vistió y cogió la cartera para ir a la escuela. Al salir de su casa, estaban sus padres sentados al fresco con algunos vecinos. ‘¿Y este adónde va, ahora?’, pensaron. Y él, que era un niño, fue hasta casa de las Monjas… ¡pero la encontró cerrada y tuvo que volver a su casa! Le gustaba tanto la escuela, que quería ir en domingo”.

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En su casa eran marjeros, y Antoni estuvo ligado desde pequeño a la tierra, la marjal poblana, la Albufera y el cultivo. Unos espacios, unas tareas, que lo vincularon también a la cultura popular. “Íbamos con el carro desde sa Pobla hasta el frente para ir a buscar alga y llevarla al campo, y así esponjar la tierra. Comíamos, a menudo, arenque y trempó, o fideos con anguilas, y sé que estos son de los recuerdos más tiernos y amorosos que tiene con su padre”.

Sus padres quisieron darle estudios: hizo Farmacia en Barcelona, acabó la carrera en Granada e hizo una estancia en el Centro Rockefeller de París. “Cuando los vecinos supieron que Toni se iría a estudiar, encontraron que era una idea de locos. Era hijo único: la gente pensaba que lo que tenía que hacer su padre era darle un beso y enviarlo a trabajar”, dice el poeta. Recuerda riendo que “cuando el amo Toni estudiaba en el colegio de los Teatinos de Palma, un fraile les paraba la radio cuando sonaba El negro bayón (canción de la película Arroz amargo) ¡para que no tuvieran pensamientos impuros!”. El cine, otra gran afición de Antoni Torrens: “Le encantaba. El único paraíso al que teníamos acceso en aquellos años”.

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Una pieza clave en la vida de Toni Torrens, y su gran colaboradora, es Francisca Armengol: “Ella es el gran pilar de su vida. También es farmacéutica, y juntos han sido uno de los tándems más solidarios y generosos que habremos tenido nunca en nuestro país y para nuestro país”, apunta, de manera contundente, el poeta. Compraron una farmacia en la calle de los Olmos de Palma. Se instalaron en Ciutat, donde nacieron los hijos. La vida familiar y profesional nunca fue un obstáculo para dedicar tiempo y dinero a la cultura popular, que define como una “herramienta de progreso”. Gost añade: “Entiende la cultura como una manera de vivir en colectividad, de compartir ideales y para él era muy importante enriquecer al pueblo y las tradiciones, porque si no, no somos nada, y lo ha tenido muy claro toda la vida”.