Vivienda

Son Bordoy, pendiente de desalojar: "No somos pobres, esto es nuestra casa"

Cómo viven los residentes de unos terrenos del Molinar donde el Govern quiere construir 750 viviendas

Maria Silva y su familia en su casa.
30/01/2026
6 min

PalmaUn atardecer de octubre, al empezar a oscurecer, la Policía Local se personó en Son Bordoy, un terreno inmenso situado en el barrio del Molinar donde viven aproximadamente 200 personas, entre ellas algunas con discapacidad, víctimas de violencia de género y menores de edad. "Vinieron dos furgonetas y me asusté. De repente pedí qué pasaba y me dieron un aviso de que teníamos 10 días para abandonar el terreno", cuenta Paco, un joven de 24 años, los mismos que lleva allí vivo y que está empadronado. Después de todo ese tiempo sin tener "ningún problema con nadie", según asegura, ahora vive con la incertidumbre de no saber qué pasará con su casa.

Lo mismo le ocurre a Ángel Paredes, un hombre de 67 años que al llegar a Mallorca, recién casado, vivía ante la Dirección General de Tráfico en una nave industrial de trabajadores. Después fue a vivir a una chabola en primera línea de mar en el Molinar, hasta que "la señora Angelines, la mano derecha del entonces alcalde de Palma, Joan Fageda (PP)", según define, les comunicó que podían ir a vivir a Son Bordoy. Esta cesión de uso del terreno municipal consta en un documento que está en manos de Cort y que, según afirma Paredes, "no se quiere dar a los vecinos".

Lo cuentan dentro de una sala presidida por una chimenea que quema un tronco enorme y caliente un rollo de una veintena de personas. "No somos pobres, ni necesitamos nada. Esto es nuestra casa. Está igual que cuando llegamos. Solo la hemos alicatada y la hemos pintado. Pero de blanco, porque la única condición que nos puso la señora Angelines fue que no pintáramos las paredes de colores", dice Natalio, un hombre de 47 años y propietario de la casa donde se hace. Él vivía en una casa prefabricada en la barriada de Las Maravillas, en el Arenal. Recuerda que "la señora Angelinas" les hizo la propuesta al ver que, en Palma, los llamados temporeros que llegaban de la Península vivían en casas prefabricadas y chabolas repartidas en diversas zonas de la ciudad.

Tienen un sentimiento de pertenencia muy fuerte hacia Son Bordoy, su casa, y en el barrio del Molinar. Los niños están escolarizados, juegan a clubes deportivos del barrio. Siempre han estado integrados, según dicen. En el sofá se encuentra el nieto de Natalio, de ocho años, que, sin decir nada, afirma con la cabeza que en el barrio tiene amigos y que no quiere irse. "Recuerdo que, de pequeño, jugaba con los hijos de la policía por el barrio. Nos conocemos todos y no tenemos ningún problema con nadie", afirma y luego enumera un par de bares y comercios y dice el nombre de sus propietarios para demostrar que es de aquí. "Mis dos hijas son mallorquinas. La pediatra que me ayudó a mí a tenerlas, años después, ha hecho lo mismo con ellas y mis nietos", dice la mujer para reforzar la tesis de su marido.

Algunos hombres que se encuentran en la sala se dedican a la chatarra –el negocio de "buscarse la vida", le dicen–, mientras otros lo combinan con oficios de temporada. Algunas de ellas se dedican a las tareas domésticas y otras, a plataformas de venta online, a servicios de limpieza en hospitales oa la hostelería.

Todos los presentes en la sala tienen claro que lucharán por no dejar su casa. "Estamos abiertos a hablar y llegar a un acuerdo. Ahora bien, de ahí no nos sacará nadie si no nos dan una solución. Si no, me cerraré con llave con los hijos y la mujer y tendrán que tomar las paredes para entrar", advierte Natalio. "Yo, de mis cuatro maderas, no quiero irme", dice Nazaré, de 28 años, madre de un niño de siete y una muñeca de tres, mientras señala el techo del baño, hecho de madera. Sin embargo, está perfectamente encajado –se aprecian los cortes de donde comienza un listón y donde termina el otro–, porque no entra ni una gota de agua. No tiene acceso a agua caliente. Por eso, guarda en enormes cubos de plástico el agua que caliente con una resistencia de lavadora.

Hasta ahora, la única persona que les ha ayudado y que ha hablado con ellos, según confiesan, ha sido la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Ángela Pons. También ha sido "la única" que les ha ofrecido alternativas, como apuntarse a la lista de espera para acceder a una vivienda del Instituto Balear de la Vivienda (IBAVI). Cort ha asegurado a la ARA Baleares que Servicios Sociales ha ofrecido la cartera de servicios a los residentes de Son Bordoy que incluye, en función de las circunstancias personales de cada usuario, las ayudas de vivienda, higiene personal, alimentación y acceso a centros de acogida. También admiten que la única propuesta de alternativa de vivienda para los residentes la ha hecho la PAH, que pidió a Cort que, con los remanentes de los presupuestos de 2025, comprarás módulos prefabricados para alojar a las familias de Son Bordoy y también a las casi 300 personas que viven en la antigua prisión de Palma. "Valan entre 3.000 y 8.000 euros cada uno. El Ayuntamiento de Palma gasta una doblada para limpiar la fachada de GESA y no da ni uno por eso. Debería caerles la cara de vergüenza", considera la portavoz de la PAH.

Los residentes de Son Bordoy siempre han agradecido que el alcalde popular les cediera los terrenos para ir, un gesto que incluso le devolvieron con votos que con los años, algunos, han derivado a la extrema derecha. Sin embargo, ahora son conscientes de que el gobierno del PP y Vox es quien quiere sacarlos fuera. "No nos lo imaginábamos. Ahora no votaremos a Vox", dice.

No quieren volver al lugar del que vinieron. "En Granada no hay trabajo y, además, los alquileres han subido", dice uno de los presentes. "A Badajoz, igual", le contesta otro. Además, tampoco se niegan a pagar un alquiler. "Siempre que nuestras capacidades económicas nos lo permitan. No podemos pagar 1.500 euros", dice Paco. Además, hace referencia a los niños ya la libertad que tienen en ese inmenso terreno. "Aquí casi todos somos familia. Los más pequeños salen cada día a jugar al campo con los primos y pasan mucho gusto. Ahora están todos en una casa, que juegan. ¿Dónde los metemos si nos sacan de aquí?", dice. Por su parte, Maria, una mujer de 56 años, hace referencia a la ocupación: "Si nos sacan, existe la posibilidad de que alguien rompa una cerradura y entre donde esté. Con niños, ¿qué quieren que hagamos, estar bajo un puente?".

Una de las viviendas de Son Bordoy.
Ángel Paredes a la derecha junto a su familia.

Punto de mira

Los planes urbanísticos de Son Bordoy no son nuevos: años atrás ya se aprobaron planes parciales y normas que preveían la urbanización de la zona con menor densidad, pero el proyecto se ha reconfigurado varias veces para ajustarlo a nuevas normativas y demandas sociales. El gran terreno se puso en el punto de mira del Gobierno y de los promotores con la conocida 'ley Carbonero', la normativa de medidas urgentes para un desarrollo territorial sostenible del Gobierno que impulsó el consejero del PSIB, Jaume Carbonero.

Aunque hace años que los políticos tienen en cuenta a Son Bordoy como una posibilidad de terreno disponible para urbanizar, los residentes aseguran que, hasta ahora, nunca se les había notificado que debían irse. "Nadie nos ha dicho nada; en octubre fue el primer pico", confirma Natalio. Parece que las intenciones políticas se han hecho realidad y tanto el Ayuntamiento de Palma como el Govern empiezan a avanzar. Paco recuerda cómo se instalaron los carteles de la empresa promotora en los solares de al lado hace casi dos semanas, aunque el desalojo está paralizado, según ha informado el abogado de oficio a los habitantes de Son Bordoy. El marido de Maria recuerda que en verano ya vio a trabajadores con excavadoras "que hacían hoyos para comprobar si había agua".

El Ejecutivo aprobó en junio de 2025 el proyecto de urbanización de Son Bordoy, que supondrá "la construcción de hasta 750 viviendas, de las que 150 tendrán que ser de protección pública, 350 de precio tasado y el resto, libres", concretaron fuentes de Cort. Pese al anuncio del Consistorio, la PAH duda de que esta promesa se cumpla y denuncia que "ya hay propuestas para hacer áticos de un millón de euros". Natalio bromea y dice: "este seguro que será el mío". Seguidamente, asegura que no se cierran a pagar un alquiler para vivir en las viviendas de protección pública que deben construirse.

La Gerencia de Urbanismo de Cort ha aprobado recientemente el proyecto de vial de conexión con la futura urbanización que debe realizarse en Son Bordoy. El proyecto municipal "consiste en el acondicionamiento del camino del Viquet para acoger el tráfico previsto por el aumento de población que habrá en la zona", según explicaron fuentes de Cort al ARA Baleares.

Por ahora, el desalojo está detenido. Sin embargo, ellos viven cada día sin saber si será el último en que lo harán en esa casa.

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