El secreto del uso de las pantallas: ¿por qué los padres las utilizan con sus hijos?

Un estudio de la UIB constata que cerca de la mitad de las familias admiten que utilizan pantallas para calmar a los hijos “algunas veces” o “a menudo”

PalmaLas pantallas ya no son sólo una fuente de entretenimiento puntual en la infancia, sino una herramienta cotidiana de gestión doméstica. En Baleares, una parte significativa de las familias reconoce que utiliza dispositivos digitales para tranquilizar a los niños, gestionar el aburrimiento o ayudarles a calmarse, incluso antes de los seis años. Ésta es una de las conclusiones más relevantes del estudio el Análisis del uso de las pantallas en niños de 0 a 6 años de la UIB, encargado por la Consejería de Educación. Se basa en las respuestas de 8991 familias. El 91,6% de las unidades familiares consideran que sus hijos realizan un uso abusivo de los dispositivos.

Según el estudio, cerca de la mitad de las familias admiten que utilizan pantallas para calmar a los hijos "algunas veces" o "a menudo", mientras que un porcentaje menor pero no residual afirma hacerlo de forma habitual. Este patrón está especialmente presente en los tramos de edad de 3 a 6 años, cuando el uso de los dispositivos ya está plenamente integrado en la rutina cotidiana y deja de ser excepcional. El aburrimiento es otro factor determinante. El informe muestra que las pantallas se utilizan como recurso inmediato cuando el niño no sabe qué hacer, una función que las convierte en una herramienta de contención y empleo del tiempo. Este uso instrumental, orientado a facilitar la convivencia y reducir conflictos, convive con la percepción generalizada de las familias que aseguran establecer normas y límites.

Cargando
No hay anuncios

El contexto tecnológico explica esta realidad. El 96% de los hogares con niños pequeños disponen de televisión, el 95% tienen teléfono inteligente y más del 62% disponen de una tableta, lo que sitúa a los dispositivos digitales al alcance de los niños desde las primeras etapas de desarrollo. Este acceso se traduce en un uso muy extendido. Sólo uno de cada cuatro niños de 0 a 6 años no mira televisión ningún día, mientras que cerca del 75% lo hace de forma habitual en diferentes períodos, desde media hora a más de 3 horas. En el caso del teléfono móvil, tres de cada diez niños lo utilizan todos los días.

Cargando
No hay anuncios

La edad, factor clave

El análisis del tiempo diario confirma la magnitud del fenómeno. Más de la mitad de los niños miran pantallas entre 30 minutos y dos horas al día, y un 7,7% supera las dos horas diarias, principalmente frente a la televisión. El móvil y la tableta presentan cifras inferiores pero no despreciables: un 7,2% de los niños utiliza el teléfono móvil más de una hora cada día. Estos datos muestran que la exposición no es residual ni ocasional sino sostenida y regular, incluso en edades muy tempranas.

Cargando
No hay anuncios

El estudio detecta una relación directa entre edad y uso de pantallas. A medida que los niños crecen aumenta tanto la frecuencia como la duración del consumo. La diferencia entre los niños de un año y los de seis es clara y estadísticamente significativa, especialmente en el caso de la televisión, que se consolida como dispositivo central a partir de los tres años. El teléfono móvil y la tableta siguen una evolución similar, con un notable incremento a partir de los cuatro años, cuando pasan de ser un recurso puntual a formar parte de la rutina diaria.

El uso de dispositivos se distribuye a lo largo del día. Las familias indican que las pantallas aparecen sobre todo antes de cenar, después de comer y, en menor medida, antes de acostarse, una franja especialmente sensible para el descanso y la regulación del sueño infantil. Esta presencia transversal refuerza la idea de que las pantallas no cumplen una única función, sino que se adaptan a distintos momentos y necesidades del día a día familiar. En cuanto al propósito, el entretenimiento es el principal motor: casi dos de cada tres niños y niñas utilizan pantallas con fines lúdicos de forma recurrente.

Cargando
No hay anuncios

En paralelo, el informe pone de manifiesto el uso de las pantallas como recurso para regular el comportamiento, tanto para calmar como gestionar situaciones de cansancio o nervios. Esta función, reconocida abiertamente por parte importante de las familias, evidencia hasta qué punto los dispositivos se han integrado como herramienta básica para la crianza. El estudio constata cierto grado de anarquía en la gestión de los dispositivos. Así, un 22% de las familias declara que el niño no pide permiso para utilizar las pantallas, mientras que un 30% dice que las emplea como recompensa. El 50% de los niños tienen restricciones de tiempo.

Cargando
No hay anuncios

Cuando se ponen normas, éstas son de distinta naturaleza. El 42,9% asegura limitarse a unos días concretos, una medida que no aplican en ningún caso el 36,8% de las familias. El 65,6% restringen los contenidos a los que pueden acceder los niños. No lo hacen el 24,2%.

La brecha del nivel educativo

Otro de los resultados relevantes es la relación entre el nivel de estudios de los progenitores y el uso de pantallas. Los niños de familias con niveles educativos más bajos hacen un uso más intensivo de la televisión y de la tableta, mientras que en hogares con estudios universitarios el consumo global es menor, aunque el uso del teléfono móvil es mayor. Estas familias son también las que declaran aplicar más normas y controles, tanto de contenido como de acceso, lo que apunta a una gestión diferente, pero no necesariamente a una reducción significativa del tiempo total de exposición.

El 87,5% de las familias aseguran establecer normas sobre el uso de pantallas y más de la mitad utilizan sistemas de control parental. Sin embargo, la combinación de una alta presencia de dispositivos, un tiempo de uso considerable y su utilización para calmar u ocupar a los niños muestra una realidad clara: las pantallas están plenamente normalizadas en la primera infancia. El uso de pantallas en niños de 0 a 6 años no es una cuestión marginal sino un fenómeno con implicaciones educativas, sociales y familiares que sitúan la formación y acompañamiento a las familias como uno de los grandes retos de futuro.