Recuperar Can Morató para entender el trabajo que allí se hacía

La rehabilitación de la antigua fábrica de esteras de Pollensa conservará elementos del proceso de producción y reconstruirá las naves para explicar el pasado industrial del recinto

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La nueva actividad que acogerá el espacio incluirá una sala de actos, una para formación y un patio donde se plantean conciertos y cine.
14/10/2026 - 21:07 h

PollensaCan Morató, la antigua fábrica de esteras situada en Pollensa, se transforma después de décadas de abandono. Colonya Caixa Pollença trasladará allí sus servicios centrales y habilitará espacios culturales. La obra también debe resolver cómo se conserva una fábrica que había llegado a un estado de ruina. La fachada recuperará su configuración original y, en el interior, las naves y los restos de las instalaciones permitirán explicar cómo la lana se convertía en alfombras y cómo trabajaban allí las personas que las hacían.

Biel Bauzà, director general de la caja de ahorros, describe este proceso en una entrevista en Ràdio Pollença. Can Morató funcionó desde los años 20 hasta los 60 del siglo pasado y vendía parte de la producción fuera de Mallorca. Según recuerda, en algunos momentos trabajaron allí más de cien personas, mayoritariamente mujeres.

El doctor en Historia Pere Salas, buen conocedor de la trayectoria de Can Morató y del proceso de rehabilitación, considera especialmente importante que la intervención no se limite a recuperar un edificio para darle un nuevo uso, sino que se conserven los elementos que permiten entender qué representó. Salas destaca el valor patrimonial y económico de la fábrica, pero también su relación con el contexto social, cultural y artístico que vivía Pollensa durante los años en los que estuvo en funcionamiento.

Por eso, valora que se haya optado por conservar y recuperar la parte histórica en lugar de plantear una transformación completa del conjunto. La fábrica, señala, “forma parte de la historia contemporánea del municipio y permite explicar una etapa en la que la actividad industrial también tenía un peso en la vida económica y social de Pollensa”.

Antes de llegar al telar

El trabajo comenzaba cuando los carros entraban cargados de lana. Se pesaban en una báscula y, después de descargar, volvían a pasar: la diferencia indicaba la cantidad de material que habían dejado. Más adelante, los camiones hacían aquel mismo recorrido. De la maquinaria de pesaje casi no queda nada, explica Bauzà, pero el hueco se conserva.

La lana se tenía que tratar para quitarle los parásitos, lavar y teñir antes de tejerla. Los habitáculos y recipientes destinados a estas operaciones se recuperarán dentro del recorrido visitable, como también el gran lavadero que recogía agua de lluvia y del torrente.

Después llegaba el trabajo de los telares. En la nave donde se tejían las esteras trabajaban sobre todo mujeres. Bauzà explica que aquel espacio tenía unas columnas más elaboradas que las de la otra nave, que se han reproducido con moldes para recuperar su forma. La carpintería, donde se reparaban las máquinas, y un pequeño huerto completaban la actividad del recinto.

Conservar la fábrica ha obligado a rehacer buena parte de ella. El estado de las estructuras y las exigencias de la normativa actual impedían mantenerlas todas, señala Bauzà. Incluso entre la adquisición y el inicio de las obras hubo nuevos derrumbamientos. Antes de introducir maquinaria había que apuntalar y comprobar los pozos y los aljibes para garantizar la seguridad de los trabajadores.

Uno de los elementos a los cuales Pere Salas otorga más valor es, precisamente, la fachada. Durante los trabajos previos a la rehabilitación, explica que él y varios arquitectos comprobaron que la fachada que había llegado hasta nuestros días no se correspondía exactamente con la original de la fábrica, sino que había sido modificada en algún momento de su historia. No se ha podido determinar con certeza el motivo de aquella alteración, aunque Salas apunta como posibilidad el hecho de que cayera una parte por causas externas y posteriormente se reconstruyera.

Este descubrimiento influyó en el criterio de la rehabilitación. En lugar de reproducir la fachada posterior a aquella modificación, se ha optado por recuperar la configuración original, la primera que tuvo Can Morató. Para Salas, esta decisión permite acercar el edificio a su apariencia histórica y refuerza el valor patrimonial del conjunto.

El proyecto mantiene también la volumetría de las dos naves. Algunos elementos serán originales: el suelo de piedra de la entrada se desmontó y las piezas se marcaron para poder volver a colocarlas. También se recuperarán el lavadero y los recipientes de lavado y teñido. Junto con el hueco de la báscula y las columnas rehechas, permitirán relacionar cada espacio con el trabajo que se realizaba allí.

Biel Bauzà, director general de Colonya Caixa Pollença.

Un museo repartido por la fábrica

Inicialmente, se había pensado concentrar el museo en una sala. De los telares, sin embargo, quedaban sobre todo piezas de hierro, porque la madera se había podrido. Según Bauzà, tenía más sentido explicar la producción a la vez que se recorre la fábrica. “El edificio en sí mismo será museo”, resume. Paneles, imágenes antiguas y testimonios ayudarán a seguir el camino de la lana hasta la alfombra acabada.

Es precisamente esta conservación del conjunto lo que Salas considera que permitirá ir más allá de mostrar unos restos industriales. Recuperar Can Morató, defiende, “significa conservar una pieza que ayuda a entender la Pollença de aquella época, su economía y la sociedad que se formó alrededor de la fábrica, pero también el contexto cultural y artístico que caracterizaba al municipio”. El valor de la rehabilitación, por tanto, no se encuentra solo en el edificio, sino en todo lo que se puede explicar de él.

Bauzà contaba que la nave más próxima al torrente ya estaba reconstruida y la otra avanzaba con encofrados. Las obras comenzaron en octubre de 2025, con dos años de ejecución previstos, después de una larga tramitación. Bauzà admite posibles retrasos y reconoce que construir una sede en el polígono habría sido más fácil y barato.

La nueva actividad que acogerá el espacio incluirá un salón de actos, una sala para formación y un patio donde se plantean conciertos y cine. Algunas antiguas trabajadoras, sin embargo, tenían una petición más inmediata. Cuando volvieron a Can Morató para grabar sus recuerdos, pedían que se dieran prisa: se hacían mayores y querían ver la fábrica recuperada. Sus testimonios formarán parte de la visita y permitirán poner voz al trabajo que las estructuras, por sí solas, no pueden explicar.

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