Cuando el pueblo deja de oler a pan: el último horno de Petra afronta el cierre

Can Jaume des Forn cerrará las puertas para siempre si nadie remedia

Josep Maria Sastre
21/03/2026

PetraEn la calle de California de Petra, en la cabeza con la del Padre Francesc Palou, cada madrugada desde hace más de cien años el día comienza mucho antes de que salga el sol. Esta costumbre puede cambiar a partir de agosto. Can Jaume des Forn, el último horno de Petra, cerrará las puertas para siempre si nadie remedia. A Lita Torrens Font (Petra, 1961), que trabaja en el negocio familiar desde hace más de cuarenta años, le ha llegado la hora de jubilarse. Los últimos diez años ha estado en solitario al frente del negocio de los repadrinos de su marido, Jaume, que tuvo que soltarlo por enfermedad.

Peligra el gesto cotidiano de comprar el pan de cada día en el calor y entre los aromas de un horno tradicional para ponerlo en la mesa. Esta costumbre a menudo imperceptible, a veces poco valorada precisamente porque nunca ha carecido, puede desaparecer del panorama urbano petrer como ha pasado ya en otros municipios del Pla de Mallorca.

El horno está abierto desde 1925 y la raíz familiar se remonta a los ancestros de su marido. Lita tiene claro que ella se jubila y que el futuro de Can Jaume des Forn "está arriba". Lo repite cada vez que surge la pregunta.

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"Por circunstancias de la vida, mi marido enfermó en el 2013 e iba y venía. Y después, hacia el 2016, ya tuvo que detener. Y quedé yo con los empleados y lo llevaremos así hasta el mes de agosto, que es cuando me jubilaré", explica.

La opción de que una cuarta generación del horno se ponga al frente está sobre la mesa, pero a diferencia de muchos otros comercios o empresas que cierran porque los jóvenes no quieren tomar el relevo generacional, en Can Jaume des Forn la situación es distinta: "Mi hijo se lo piensa y tiene dudas porque la gente joven. Y nos cuenta el horario: de una de la madrugada a media tarde, en turnos, sí pero sin fines de semana. Es el eterno problema de los hornos de toda la vida.

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Lejos de rogarle o insistirle para que lo coja, nos hace una confesión donde la madre pone al frente la calidad de vida de su hijo: "Podría ser que lo cogiera, pero no es su trabajo. Yo te digo la verdad: me haría contenta si mi hijo no lo cogiera", nos sorprende. Y se explica: "Ha sido demasiado esclavo. El trabajo es muy guapo, no es pesado, pero tienes que estar siempre; el problema son los horarios… La gente joven quiere disfrutar, quiere trabajar de lunes a viernes. Si ahora alguien viene a pedir trabajo, quiere los fines de semana libres. Yo cierro los lunes, pero hay que trabajar igual para restaurantes y supermercados".

En este sentido, recuerda también fiestas interrumpidas antes de tiempo. "Vienen las fiestas y es cuando más trabajo tienes que hacer. No te lo puedes pasar bien. Te ibas a una cena ya las doce de la tarde tenías que irte porque mi marido a medianoche venía a trabajar. Y la gente joven no quiere eso y lo encuentro normal".

Otra opción es que la cojan los empleados, dos de madrugada y dos de día, que trabajan con Lita, pero también se lo piensan: "Tienen ganas, pero no lo tienen claro...; está arriba".

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Si llega el cierre, será el último en cerrar puertas. Antes lo hizo el de Can Rafel y el de Ca na Praxedis.

Los clientes

Lógicamente los clientes piden que no se cierre. "No quieren que cierremos. Ni los de toda la vida ni los nuevos. Unos porque están acostumbrados de siempre y otros porque vienen aquí y eso les viene de nuevo que todavía haya un portal de horno abierto con pan, ensaimadas y tortas recién hechos. La gente que viene de otros pueblos, como que en muchos pueblos ya no hay horno, el hecho de encontrar portal;

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Es lo que valoran sus fieles clientes. Por eso, entre la nostalgia y las dudas del futuro, tenemos un momento de hablar de la calidad de los productos que salen de los hornos tradicionales frente a productos preelaborados y congelados. "A según qué supermercados tienen sus panecillos y cuecen baguets que llevan de fuera y no es la misma calidad, hay mucha diferencia. Esto ha hecho daño a los hornos. Por ejemplo una baguette de estas por la noche ya no te la puedes comer. Y lo que hacemos nosotros te lo comes igual al mediodía que al anochecer".

En Can Jaume des Forn hacen de todo. "Lo mejor de aquí, lo que dice la gente, es la ensaimada, hacemos de toda clase: lisa, de chocolate negro y blanco, albaricoque, cabello de ángel, crema. Hacemos cocarrois en Pascua, y en Navidad coca de patata grande. Después hacemos pan blanco, pan moreno y pan integral y también llong. Un listado que cierra con una sonrisa, un levantamiento de hombros y un lacónico: "Todo esto es nuestra vida", que repite tres veces.

La vida de tres generaciones, la del pueblo de Petra y también la del Pla de una Mallorca que muta hacia un futuro incierto y lo hace recordando un pasado no muy lejano que desgraciadamente ya empieza a añorar.