La precariedad tiene rostro de mujer: sólo el 32% de los contratos indefinidos estables son femeninos
Pese a los avances sociales y económicos, las mujeres siguen concentrándose en trabajos temporales y parciales, con peores condiciones y salarios más bajos que los hombres
PalmaLos datos de 2025 confirman que el mercado laboral en las Islas Baleares sigue castigando a las mujeres por el simple hecho de serlo. Según el 'Informe Mujer 2026' de CCOO de Baleares, sólo el 31,9% de los contratos indefinidos a tiempo completo y estables fueron ocupados por mujeres, mientras que los hombres representan el 68,6%. Esta situación muestra que, a pesar de los avances económicos y sociales de los últimos años, la igualdad real está todavía lejos. El dato no tendrá en cuenta los contratos fijos discontinuos.
Esta desigualdad se manifiesta también en la temporalidad. De todas las mujeres que trabajan casi el 24% lo hace a tiempo parcial, casi el doble que los hombres (12,5%). La combinación de contratos temporales y jornadas parciales repercute directamente en salarios más bajos, dificultades para ascender y peores condiciones laborales. Por el contrario, los hombres concentran la mayoría de contratos indefinidos a tiempo completo, lo que afianza una brecha que se mantiene a lo largo de toda la vida laboral.
Las cifras sobre la población inactiva son igualmente reveladoras. De las 383.000 personas inactivas del Archipiélago, 216.100 son mujeres, que representan el 56,42% del total. De éstas, el 15,5% se dedican a las labores del hogar, mientras que entre los hombres sólo lo hace el 3,89%. Esta diferencia evidencia la persistencia de una cultura patriarcal que sitúa a las mujeres en una posición laboral mucho más desfavorable, con cargas domésticas que limitan su participación en el mercado de trabajo.
Por edades, las brechas también son significativas. Entre los 25 y 34 años, la participación femenina es mayor, pero se reduce drásticamente entre los 35 y 44 años y entre los 45 y 54 años, coincidiendo con los años en los que muchas mujeres asumen el cuidado de hijos y familiares mayores. Esa doble carga impacta no sólo en la trayectoria laboral, sino también en la acumulación de derechos sociales y pensiones futuras.
La educación y la formación, que a menudo se consideran igualadoras, no eliminan la desigualdad laboral. El informe muestra que, con un mismo nivel de estudios, las mujeres tienen mayores dificultades para acceder al mercado laboral y sufren tasas de paro más altas que los hombres, especialmente en estudios de Secundaria. Esta brecha formativa contribuye a perpetuar una situación de desventaja económica a lo largo de su vida profesional.
Pensión sensiblemente inferior
La desigualdad se hace más visible con la edad y en el momento de la jubilación. En 2025, las mujeres percibieron una pensión media de 1.156 euros al mes, 428 euros menos que los hombres, que cobraron 1.584 euros. Además, menos mujeres accedieron a la jubilación (63.216) que a hombres (77.471), y la diferencia de pensión por incapacidad permanente fue de 103 euros mensuales a favor de los hombres. Así, la brecha salarial se traduce en una desigualdad acumulada que acompaña a las mujeres toda su vida.
Los datos de 2025 también ponen de manifiesto que las mujeres siguen concentrándose en sectores con menor estabilidad y peores condiciones laborales. Los contratos temporales parciales y los fijos discontinuos, habituales en la restauración, el comercio y servicios, siguen siendo predominantemente femeninos. Todo ello sitúa a las mujeres en una situación estructuralmente más vulnerable, con menos oportunidades de promoción y mayor riesgo de pobreza en el futuro.
La historia de María ejemplifica esta realidad. Trabajadora formada, encadena contratos temporales y parciales, asume la doble jornada del hogar y, cuando llega la jubilación, su pensión es muy inferior a la de su compañero hombre, a pesar de haber realizado el mismo trabajo. Casos como el suyo evidencian que la brecha laboral y salarial no es solo una cifra estadística, sino una realidad que afecta a la vida diaria de miles de mujeres.
Expertos y sindicatos coinciden en que, si no se aplican medidas concretas, como políticas de equidad salarial, programas de conciliación e incentivación de la contratación femenina, estas brechas continuarán marcando la vida laboral y social de las mujeres en el Archipiélago. Mientras, la precariedad y la desigualdad mantienen su rostro femenino, a pesar de las promesas de igualdad y los avances socioeconómicos que parecen no llegar todavía a la práctica.