Colapso

"No podemos señalar al turista por el colapso cuando los isleños vamos a comprar el pan en coche"

El Consell de Mallorca ha recibido presiones de navieras, grandes empresas de alquiler e incluso del PP estatal para limitar la entrada de coches, en un contexto marcado por la gran cantidad de intereses económicos en juego

06/06/2026

PalmaCada vez que el presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, llegaba a su pueblo, Santanyí –del cual también ha sido alcalde–, tenía que oír los comentarios recurrentes de los vecinos, muchos de ellos votantes del PP: “No hay manera de circular por Mallorca. Llorenç, tenéis que hacer algo”.

Semana tras semana, estos reproches agotaron la paciencia del máximo responsable del Consell, que ordenó a su equipo que arreglara la situación. “Como sea”, dijo. Aparte de algunas obras puntuales, como la ampliación de un tramo de carril en la vía de cintura, que hoy en día no ha tenido ninguna incidencia significativa ante la avalancha de vehículos que acumulan los residentes de las Islas –líderes absolutos de España, con cerca de un vehículo de motor por habitante–, había que ir más allá. En este contexto, Galmés se comprometió públicamente: “Limitaremos la entrada de vehículos a la isla”.

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El presidente del Consell seguramente no contaba que sacar adelante la limitación fuera tan complicado. Vox, su socio de gobierno, se negó a poner tasas y limitaciones a la entrada de coches de “españoles en España”, mientras que las navieras y las grandes plataformas de alquiler han presionado de verdad, como el PP estatal. Según ha podido saber el ARA Balears, Galmés se encontró el viernes con una sorpresa cuando estaba a punto de aprobar la regulación: alguien de Génova pedía explicaciones por esta medida. La cosa no fue a más, pero retrata la gran cantidad de intereses que rodean el coche privado que hoy colapsa las Islas.

Pero ahora que ha conseguido superar los obstáculos y hacer avanzar la norma que quiere que sea ley antes de las elecciones, la pregunta es: ¿servirá realmente limitar la entrada de vehículos? La respuesta de los especialistas es, al menos, inquietante: no mucho, porque la mayoría ya están dentro de la isla, aunque a los isleños no les guste oírlo.

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Punto de partida saturado

Las Baleares parten de un escenario extremo: 921 coches matriculados por cada mil habitantes, un 21,6% más que la media estatal. La diferencia con Cataluña es muy grande: 921 frente a 683, un 33,5% más de vehículos por cada mil habitantes. Respecto al País Vasco –la comunidad menos motorizada del Estado– la diferencia es de 272 vehículos por cada mil habitantes (las Islas tienen un 42% más). La realidad demuestra que la afirmación de que esto es culpa de las empresas de alquiler no es del todo así, porque las grandes plataformas tienen los coches matriculados en la Península por motivos fiscales –buscan los municipios con menos presión.

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“El punto de partida de Baleares, y de Mallorca, es de una saturación de vehículos enorme”, explica la catedrática de Geografía Joana Maria Seguí. Los datos le dan la razón. Entre 1998 y 2019, el parque automovilístico de Baleares aumentó un 66%, “mientras que la población lo hizo un 44%”, explica. En Mallorca, el número de vehículos creció un 60% y la población lo hizo un 40,6%. No solo hay más habitantes, también hay más vehículos por habitante que hace dos décadas.

Y la población continúa creciendo. Entre finales de 2017 y finales de 2023, Baleares pasaron de 1,17 millones a 1,23 millones de residentes, con un incremento superior a las 65.000 personas, “muchas de ellas con vehículo privado”, explica un técnico del Consell consultado por el ARA Balears. “No podemos señalar solo a los turistas cuando la población residente no para de crecer y cuando, además, vamos a comprar el pan en coche”, añade. Cuando llega la avalancha de coches de alquiler foráneos, “el vaso ya está a punto de rebosar”, dice. Durante el verano, esta realidad se complica, pero “los atascos en la vía de cintura se han consolidado durante todo el año y esto no es culpa de los turistas”, remarca este técnico.

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El estudio de capacidad de carga que encargó el Consell estima que el techo teórico de vehículos que debería soportar Mallorca se sitúa entre 834.263 y 863.061 vehículos. En cambio, durante la semana punta de agosto de 2023 circularon por la isla 956.660 vehículos: entre 93.000 y 122.000 más de los considerados óptimos.

Los datos de movilidad del estudio dan una pista importante. Durante la semana de máxima movilidad de 2023, los residentes hicieron el 81% de los desplazamientos intermunicipales, y solo el 19% fue de visitantes. En el momento de mayor presión turística del año, cuatro de cada cinco trayectos entre municipios corresponden a población residente.

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Uno de los datos más repetidos por el Consell es que en 2023 entraron por los puertos de Mallorca 324.623 vehículos en régimen de pasaje –con conductor. La cifra representa un incremento del 108% respecto a 2017. Si se añaden los 55.000 vehículos llegados como mercancía, el total se eleva hasta los 379.628 vehículos. Pero el dato también requiere contexto. “Un vehículo que entra por el puerto no es necesariamente un turista. En esta categoría conviven residentes, propietarios de segundas residencias, trabajadores, empresarios y ciudadanos extranjeros que pasan largas temporadas en la isla”, explica el técnico consultado por el ARA Balears. Y no todos estos vehículos se quedan en Mallorca.

Las carreteras soportan cada vez más tráfico. Seguí recuerda que la intensidad media diaria de circulación en Mallorca aumentó un 50% entre 2007 y 2017. Es un dato especialmente significativo porque no habla de coches matriculados, sino de vehículos que efectivamente circulan.

El análisis territorial apunta en la misma dirección. Los principales corredores congestionados que ha identificado el Consell conectan Palma con municipios como Marratxí, Llucmajor, Inca, Manacor y Calvià. Se trata de desplazamientos asociados principalmente al trabajo, a los estudios, a los servicios y a otras actividades del día a día.

Según Seguí, este es “el reflejo de un modelo territorial que ha incrementado la dependencia del vehículo privado”, con un alquiler turístico que ha consolidado el modelo de dispersión residencial, y turistas obligados a alquilar coches para llegar a los chalets en suelo rústico. La expansión residencial, la concentración de puestos de trabajo y servicios en Palma y la insuficiencia de alternativas de transporte colectivo han generado una movilidad obligada durante todo el año, no solo en verano. Los turistas rematan el colapso, pero quienes lo crean son los locales.