“No puedo ni hervir unas patatas”: vivir con agua no potable
El exceso de nitratos obliga a los vecinos de Manacor a comprar agua envasada, una carga especialmente difícil para las personas mayores y las familias vulnerables
ManacorVivir en un piso sin ascensor si tienes 80 años puede ser un problema, pero todavía lo es más si vives en una ciudad donde el agua que sale de los grifos no es buena ni para beber ni para cocinar y dependes del agua embotellada si no quieres enfermar. Es el caso de Antonia, que no dispone de ningún sistema de ósmosis en su casa y depende de su red familiar para poder disponer de agua potable. “A mi edad no tengo fuerza para subir garrafas de agua por la escalera y paso miedo de caerme”, explica. “Siempre tengo que estar detrás de la familia por si me pueden ir a comprar y me la suben hasta mi casa. Me sabe mal molestarles porque sé que van muy ocupados, pero no tengo otro remedio, porque con esta agua no puedo ni hervir unas patatas”, añade.
La falta de potabilidad se convierte así en una cuestión de desigualdad. No todo el mundo tiene vehículo para cargar garrafas de agua ni una red familiar que pueda asumir esta tarea. Es el caso de muchas de las mujeres de origen extranjero que viven en Manacor, que no suelen disponer de vehículo privado. “Mujeres solas con niños pequeños no tienen coche y difícilmente pueden ir a comprar agua envasada ni cargarla, lo que supone un problema añadido”, explica una trabajadora social que atiende a población vulnerable de Manacor. A esto se añade que la Tarjeta Básica del Gobierno de las Islas Baleares, una ayuda indirecta que facilita el acceso a alimentos y productos de higiene a familias vulnerables con menores a cargo, no incluye el agua como uno de los productos que pueden adquirir. “¿Cómo puede ser que el bien más básico no esté incluido?”, se pregunta.
Aunque los recibos del agua sí informan de que el agua que se suministra no es apta para el consumo, esta profesional considera que hace falta más información pública respecto a esta cuestión, sobre todo para las personas recién llegadas, ya sea desde la administración pública como del centro de Salud. “No lo puedo decir con datos en la mano, pero me imagino que mucha gente bebe del grifo porque no sabe que no es potable, sobre todo cuando tienes muchas necesidades económicas y tienes un grifo que saca agua”.
La desigualdad no termina dentro de los hogares. La falta de agua potable también traslada a los negocios el coste y la responsabilidad de garantizar que los alimentos y las bebidas sean seguros.
El hecho de que el agua de Manacor, con una concentración de nitratos de 120 miligramos por litro, 70 puntos por encima del umbral que establecen las autoridades sanitarias, también suponga un problema añadido para los negocios de restauración. Rafel Mulet tiene un restaurante en el centro de la capital del Levante y funciona con un sistema de ósmosis conectado al grifo de la cocina y a la cafetera. Con esta agua cocina cada día los platos que sirve. “Sanidad no nos ha advertido nunca de que tengamos que cocinar con agua envasada o tratada, pero sí que nos han controlado el agua osmotizada que servimos”, señala. Un gesto tan sencillo como llenar una olla para hacer pasta o una crema de verduras se complica. “Si tuviéramos que cocinar con agua embotellada, necesitaríamos un almacén específico para guardarla, y en este local no nos lo podemos permitir, ni por espacio ni por coste”, explica.
Otro profesional de la restauración, Juan G., cree que en la mayoría de los negocios se da más importancia a la cal que a los nitratos. “Muchos priorizan que no se estropee el lavavajillas por encima de la salud, y eso es porque la gente no está lo suficientemente concienciada: se habla de ello, pero no se le da suficiente importancia.” “Y también podría ser bueno que comiéramos pan con nitratos”, apunta, poniendo en duda si se utiliza agua envasada para elaborar productos de horno. “No creo que sea por mala intención, sino que seguramente es por desconocimiento, porque siempre se ha hecho así”, añade. “Pagamos por esa agua y pensamos que debe ser buena. Creo que mucha gente cocina con agua del grifo, porque no son conscientes de que beben veneno”.