Cómo era M. Antonia Oliver París, según su hermana: “Era protectora, contestataria y justiciera”

Catalina, hermana pequeña de la presidenta de Memoria de Mallorca nos explica los secretos mejor guardados de su infancia

06/09/2026 - 17:26 h.

PalmaUn día, en la escuela, le cantó las cuarenta a una monja que había pegado a su hermana pequeña. Era, y todavía lo es, “muy protectora, contestataria y justiciera”. Fue una niña “que se hacía notar”, según cuenta la protegida, la pequeña, Catalina. Hablamos de Maria Antònia Oliver, presidenta de la entidad Memoria de Mallorca, que es la segunda de tres hermanos. El hermano mayor es Francisco.

Los tres nacieron en Inca. Cuando Maria Antònia (1957) tenía cinco años, se mudaron a Palma, pero mantuvieron el vínculo con la capital del Raiguer porque allí vivían los tíos y los primos. Por eso, todavía ahora se considera “muy inquera”. Se trasladaron a un piso bajo en el barrio de la Soledad por “logística”: “Nuestro padre tenía tiendas y algunos negocios, y mi madre diseñaba vestidos y abrigos de piel. Recuerdo que en casa, en Palma, venían costureras. Supongo que era más fácil trabajar desde Ciudad”, explica Catalina. Haber andado tan a menudo por las tiendas de su padre hizo que uno de los juegos por excelencia de las hermanas fuera jugar a tenderas: “¡Nos discutíamos porque las dos queríamos ser la dependienta!”, ríe la pequeña, que añade que también jugaban “con las Nancys” y a juegos de calle.

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Maria Antònia tiene cinco años más que Catalina. “Siempre la he visto como mi protectora. Me defendía de todo y de todos, y yo a ella, también”. Las dos hermanas eran cómplices. Para explicar el carácter de la hermana mayor, Catalina cuenta que fue ella quien le enseñó a montar en bicicleta. “Le costó mucho, porque yo era muy torpe, pero insistió. La constancia es una de las grandes virtudes que tiene Maria Antònia”.

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Según los recuerdos de Catalina, la infancia de la familia Oliver París fue “cálida y agradable”. Aún puede revivir los momentos en que su madre las peinaba y hacía dos trenzas a cada niña. “Mi madre era muy presumida y no podía creer que ninguna de las dos hermanas lo fuéramos, tan guapas y bien vestidas que nos hacía ir siempre”. De hecho, era en estos momentos cuando la madre y Maria Antònia hablaban más: “Yo era pequeña y no le prestaba tanta atención, pero sé que era mientras la peinaba que mi madre le empezó a contar cosas del abuelo represaliado”, la historia que empujó a Maria Antònia a liderar Memòria de Mallorca con una fuerza inagotable: “Ella debía tener once o doce años y mi madre le contaba qué había pasado, con pelos y señales, mientras que a mí solo me decía que Franco había destruido a la familia. Supongo que, empujada por la curiosidad, mi hermana también le pedía cosas, y por eso le contaron la historia entera. A mí me lo contaron mucho más mayor. Recuerdo que ellas dos hablaban mucho de eso”.

Maria Antònia empezó a salir muy jovencita, a los catorce o quince años, con quien es su marido hoy, Pep. “A mí me llevaban de carabina, pero me trataban muy bien los dos, y me lo pasaba muy bien con ellos”. Un día la llevaron a una manifestación: “Acabamos corriendo delante de los grises. Maria Antònia me tenía agarrada de la mano. ¡No he corrido nunca tanto en mi vida!”. A las dos hermanas les gustaba mucho la canción protesta: Lluís Llach, Maria del Mar Bonet, Raimon… Tenían pósteres del Che Guevara en la habitación y folletos reivindicativos. “El día del 23-F, con mi hermana y mi madre empezamos a arrinconarlo todo con cierta angustia, por si acaso”, apunta Catalina.

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Una de las cosas que todavía hoy hacen especial a Maria Antònia es que “siempre ha tenido una capacidad muy fuerte para unir personas” y que es una “líder natural”: “En su grupo, era predominante. Era impetuosa, tenía capacidad de mover a gente. Era, y todavía ahora lo es, solidaria. Como hermana, es muy acogedora y muy afectuosa, y también lo es con sus hijos y con los míos”.