¿Es justo pagar la hipoteca de tu pareja?
En un contexto de difícil acceso a la vivienda, muchas parejas se ven obligadas a replantear cómo se reparten los gastos y qué significa convivir en términos económicos
PalmaDiego tiene 34 años, una hipoteca que asumió cuando cobraba 900 euros y una opinión que divide a grupos de amigos y compañeros de trabajo: si su pareja vive en su piso, paga. Lo explica sin rodeos: “Yo solo tengo 90 metros cuadrados para especular y los tengo que pagar toda la vida. Todo el mundo especula conmigo”.
Hace cinco años, su madre se ofreció a costearle la entrada de un piso, cuando compartía un alquiler de 900 euros con su novia. Ella encontró una ganga en un barrio cotizado de Palma. Dos hermanas ya mayores querían volver al pueblo natal, vender pronto en el contexto de pospandemia, y Diego cerró el trato por 190.000 euros, consciente de que, sin la ayuda de su madre, ningún banco le hubiera concedido una hipoteca. “Me quedó una cuota fija de 600 euros. Mi pareja pagaba un poco más, porque cobraba más que yo. También en la comida, porque ella quería productos más prémium”, relata. Cuando la relación se rompió, la dinámica siguió. “Metí a otra persona, porque siempre tuve claro que solo no podría asumir el préstamo”, reconoce.
¿Por qué tiene tan claro que una pareja tiene que pagar por vivir en su piso? “Mi manera de verlo es que los gastos se tienen que compartir al 50%. Si yo ganase 3.000 euros, no se los cobraría o si ella tuviera un trabajo precario. No cobro para enriquecerme. Lo que sé es que necesito un ingreso extra”.
Compartir patrimonio
La discusión cambia atendiendo quién gana más, quién es el propietario de la vivienda, si la vida en común implica compartir patrimonio y la situación del mercado inmobiliario. Según diferentes informes, los isleños destinaron de media un 61% de su sueldo al alquiler en 2024 y el precio medio de arrendar supera lo que gana cualquier joven en Baleares: necesitan entre un 111 y un 136% de su salario, según el Observatorio de Emancipación. De hecho, solo uno de cada seis jóvenes vive fuera del hogar familiar.
Ante casos como el de Diego hay quienes piensan, como Aina, que cobrar a una pareja va más allá de un equilibrio económico. “Le dije a una amiga que dejase a su novio por haberle pedido un alquiler. Al acabar la relación, ella salió de aquella casa sin nada. Le pregunté si tenía contrato, si se lo podía desgravar”. En este punto, le espeta a Diego: “No es problema de tu pareja que no puedas pagar la hipoteca y te hayas hipotecado. A tu pareja no le alquiles”. Para ella, una relación sentimental no debería funcionar con lógica de mercado.
Para la psicóloga Susana Ivorra, economía y emociones dentro de una pareja son inseparables. “Nuestra relación con el dinero no se crea solo de acuerdo con cuestiones de educación financiera”. Entran en juego variables como la existencia de un equilibrio en la situación económica de cada miembro y el reparto de los gastos comunes. “A menudo este tema es fuente de ansiedad, decepción e, incluso, de enfado” en la consulta. No obstante, no tiene por qué hacer sentir a quien paga como un inquilino. “No necesariamente, si los términos se hablan, se negocian y se ponen sobre la mesa, no de manera aislada, sino en un contexto, junto con otros asuntos que influyen en la economía doméstica”, recomienda. A pesar de todo, puede generarse “un desequilibrio de poder, especialmente si la otra persona no tiene vivienda propia”. Y la frase ‘vete de mi casa’ “puede convertirse en un arma arrojadiza y emplearse como una amenaza” en el contexto de emergencia residencial. “Ha calado en nuestras decisiones afectivas e influye a separarse o continuar con una pareja a la que, en otras circunstancias, ya habrías dejado”, añade.
El acceso a la vivienda ha cambiado la forma en que las parejas entienden la convivencia y el compromiso. “Por un lado, existe una necesidad de proteger lo que es de uno por miedo a quedarse sin nada, y algunos piensan ‘no me iré a vivir contigo, porque si dejo mi piso de alquiler y la relación no funciona, quizá no encontraré otro’; y, por otro lado, el miedo a separarse y la odisea de encontrar un lugar digno donde vivir. Hoy ya no podemos hablar en consulta de separación sin preguntar sobre alternativas de vivienda”, reconoce.
Separación de bienes
Desde el punto de vista legal, la abogada especialista en familia Maria Antònia Mateu cambia el marco de la discusión. En Baleares rige el régimen de separación de bienes –como en Cataluña–, un factor que condiciona cómo se interpretan las aportaciones económicas dentro de la pareja. “La pregunta de si es justo o no cobrar un alquiler a tu pareja tiene trampa. Hay que diferenciar entre dos tipos de gastos: las cargas familiares y las que no lo son”. Las primeras incluyen las comunes, derivadas de la convivencia, como los supermercados, el ocio, las escuelas y los seguros. “El alquiler también lo es” y los cónyuges están obligados a contribuirle “en proporción a su capacidad económica”. Las segundas, como la hipoteca o cualquier gasto derivado de la propiedad, corresponden al titular del inmueble. “Si tu pareja no viviera aquí, tú tendrías que pagar igualmente la hipoteca, viva o no”, argumenta.
Indemnización
¿Tiene derecho a reclamar una indemnización un miembro de la pareja que haya contribuido a pagar la hipoteca del otro? “Sí, siempre que haya contribuido a las cargas familiares y en caso de que falte un pacto previo”, señala la letrada antes de explicar un factor “muy común”. “Cuando un miembro de la pareja ha contribuido más que el otro, porque se ha dedicado al trabajo, mientras que el otro se dedicaba a la casa y la familia, esto genera desigualdad patrimonial y puede dar derecho a una compensación económica. Arrastramos un hecho cultural con mujeres que reducen su jornada laboral o, incluso, dejan el trabajo para cuidar a un segundo hijo”, añade.
La abogada considera un problema el hecho de que “la gente se casa muy alegremente sin haber hablado del régimen económico matrimonial”. Además, “no existe una cultura” de pactar condiciones ante una ruptura. “Siempre recomendaría hablar de ello directamente y decidir. Y, si uno aporta más que otro, por supuesto, lo debe documentar. Si amortizas la hipoteca porque has recibido una herencia, puedes dejar constancia con un documento sencillo entre las partes. Todo por escrito: un miembro destina un importe extra y el otro reconoce la deuda”. Quien demanda tiene cinco años de plazo para reclamar desde la separación o divorcio. Mateu defiende que continúe la tramitación del anteproyecto de ley de régimen económico matrimonial de las Baleares. “Daría más seguridad jurídica”, sostiene la experta, que recomienda a las parejas que se casen, como opción más garantista para resolver conflictos en una separación o divorcio.
Ruptura con hijos
Las rupturas con hijos añaden otra dificultad. “El gran problema es que la gran mayoría son viviendas hipotecadas. Uno tiene que salir, aunque continúe pagando hipoteca. Es prácticamente imposible financiar otra vivienda”.
La manera de gestionar el dinero en pareja también ha cambiado. Según la psicóloga Ivorra, “hay una ligera tendencia al individualismo”, que relaciona más con la educación recibida que con una elección generacional. “Por ejemplo, padres que se separaron y perdieron el estatus económico educan a sus hijos en el individualismo como medida de protección”, explica.
Diego escucha argumentos legales, emocionales y generacionales sobre una decisión que para él aún es práctica. “Sí. Pero ¿qué prefieres: pagar 300 euros por una casa que no es tuya o pagar 1.000 de un alquiler? La inversión la tendrás que hacer sí o sí. No obligaré a nadie a vivir en mi casa”, dice antes de mirar hacia un pasado que percibe mejor: “Mis padres no tenían estos problemas”.