Cómo era Isidro Marí, según su amiga: "Nunca ha sido presumido a pesar de la fama que ha tenido"

Neus Ferrer, amiga del lingüista y músico, nos explican los secretos mejor guardados de su infancia

24/05/2026

PalmaUna persona cercana, con una risa que enamoraba y unos ojos brillantes, ávidos de conocimiento, de amor y de vida. Muy pronto empezó a tocar la guitarra y a interesarse por la música y las canciones. No había para él otro camino que no fuera la música: “Su padre ya era músico, y su madre se llamaba Cecilia, patrona de la música”. Lo dice, medio en serio y medio en broma, Neus Ferrer, que destaca la bondad del personaje que descubriremos hoy: “Cuando se hacía oscuro siempre me acompañaba a casa. Con el tiempo descubrí que era porque estaba muy interesado en mi vecina, Mercè, con quien llegaron a casarse”. El amigo de toda la vida de Neus Ferrer es el músico y lingüista ibicenco Isidor Marí (1949).

Ahora tienen más de 70 años, pero cuando se encuentran, parece que el tiempo no haya pasado. Recuerdan cuando la heladería Los Valencianos era “el lugar de encuentro”, sobre todo durante el verano, mientras que en invierno hacían “ida y vuelta por el paseo de Vara de Rey”. Isidor y Neus son de Vila, tienen la misma edad. Aunque las familias eran amigas, lo que realmente los unió “fueron las mismas ganas de hacer cosas: ir en bicicleta, hacer excursiones, pasar el día juntos”. “Éramos una pandilla muy unida”, dice Neus.

Cargando
No hay anuncios

Isidor tenía un punto de misterio, de joven. “Fue desde pequeño una persona muy cercana. Hay algo suyo que me gusta especialmente recordar: la manera como reía. Cuando le explicabas algo, te sonreía con toda la cara, y aquella mirada ya te decía muchas cosas. Tiene unos ojos muy expresivos. No obstante, en todo momento parecía que se guardaba cosas para él”, explica Neus. “Recuerdo a Isidor como la persona que siempre tenías al lado: amigo incondicional, callado, serio, pero de mirada halagadora y sonrisa preciosa. Nos hemos querido mucho. Nunca ha sido presumido a pesar de la fama que ha tenido”. Neus recuerda los años sesenta a los setenta como un momento “precioso” de sus vidas.

Cargando
No hay anuncios

Fue más o menos en estos momentos que con Joan Moreno –con quien después, junto con Victorí Planells, fueron el mítico grupo de música UC– comenzaron aquella labor “increíble” –en palabras de Neus– de recuperar canciones antiguas y versos olvidados: “Tenían solo quince o dieciséis años y ya iban por las casas payesas buscando todo aquel patrimonio. Más tarde lo musicaban. Nuestra pandilla éramos los primeros que lo oíamos. Íbamos a la playa con la guitarra. ¡Fuimos unos privilegiados!”. Allí donde había música –una fiesta, un concierto o gente cantando por la calle–, él estaba con la guitarra. Y un momento especial fue cuando enseñó Flors de baladre, que escribió él, a sus amigos: “Lloré de lo preciosa que era. La dedicó a Mercè”.

Neus menciona también los años “hippies auténticos”: “Escuchábamos a Bob Marley y Bob Dylan, compartíamos espacios con gente de todas partes con una manera de vivir muy diferente. Nosotros no éramos ni conscientes de lo que vivíamos. Todo lo hacíamos en bicicleta. Dejábamos la llave en la puerta de casa. Hacíamos clase de Filosofía en la playa con una profesora de Albacete que nos enseñó a mirar el mundo de otra manera. ¡Era otro mundo!”

Cargando
No hay anuncios

Cuando era verano, la pandilla de amigos iba hasta la playa de Ses Figueretes, “en aquella época iba la gente del pueblo caminando o en bicicleta; hoy sería imposible”, dice Neus. También iban a Talamanca, donde Joan tenía casa. Y dice que cuando alguien del grupo de amigos cumplía años, Isidor y Joan se plantaban con los instrumentos debajo de su casa para cantarle una canción. Todos de la pandilla querían ir a la universidad, y muchos acabaron en Barcelona. “En aquella época, de las diez mujeres que éramos en el curso, solo cuatro fuimos a estudiar fuera. Para las mujeres era muy complicado. Pero éramos gente luchadora: por la lengua, por la música, por el folklore ibicenco”. Cincuenta años después de aquel mundo, se encuentran de tanto en tanto. “Isidor aún tiene aquella mirada que acompaña y que te sonría”.