La fuga de 18 soldados en Palma: 30 años de silencio por los malos tratos a la mili

El 9 de marzo se cumplen 25 años de la abolición del servicio militar obligatorio. Una de sus víctimas fue el manacorense Andreu Matamalas. En 1994 protagonizó la mayor fuga militar de todo el Estado. Con otros 17 compañeros se escapó del cuartel general Asensio de Palma para denunciar los malos tratos infringidos por sus superiores. 32 años después revive ese trauma para el ARA Baleares

El manacorense Andreu Matamalas Fons, de 51 años, llevaba tres décadas guardando silencio. Hace unos meses recibió una llamada inesperada del programa de televisión Salvados, de La Sexta. "Me propusieron –dice– reencontrarme con cuatro antiguos compañeros de la 'mili' en Palma. Nos hicieron hablar de la mayor fuga militar de todo el Estado que un grupo de 18 soldados protagonizamos en 1994 para denunciar los malos tratos que sufrimos. Mi cerebro había borrado por completo ese trauma,"

En octubre de 1993 Matamalas tenía 18 años y se marcó un reto: "Yo desde siempre he sido independentista de izquierdas y justificaba la violencia en defensa de mis ideales. Ya que debía hacer la 'mili', pedí como destino una de las unidades más exigentes del ejército. Era la COE". unidad de las 'boinas verdes' [en funcionamiento desde 1966]. Quería actuar como un 'infiltrado' para conocer por dentro al enemigo, sus armas y explosivos, ya que acaso yo en un futuro también debería utilizarlas para mi causa.

Muchos isleños de la anterior generación de Matamalas solían realizar el servicio militar obligatorio en la Península. "Los de mi quinta –dice– ya tuvimos la oportunidad de hacerla en Mallorca. Pude ir a la base de la COE que había en el cuartel general Asensio de Palma, en la carretera de Génova". El manacorense se encontró con un auténtico ambiente testosteronico presidido por el terror psicológico. "Entre los compañeros había buena sintonía. Los superiores, sin embargo, eran unos fachas y unos déspotas, que nos recordaban continuamente que lo importante no era el individuo, sino España y la bandera. Quien daba verdadero miedo era el alférez. Era como 'Rambo', nacido para matar. El insulto más habitual para el más débil. entre nosotros nos castigaban con 100 flexiones”.

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Síndrome de Estocolmo

Matamalas se sorprendió con el ejército que se encontró. "Era una estructura heredada del franquismo. ¡Y eso que llevábamos 17 años de democracia! Si, en caso de guerra, las 'boinas verdes' teníamos que ser los primeros en ir al frente, estábamos bien arreglados. Nuestra formación hacía risas y la de nuestros mandos, aún más". El manacorense, sin embargo, se acabaría imbuyendo de ese clima de violencia. "Sufrí el síndrome de Estocolmo. Cuando ascendí a cabeza, me transformé en uno de ellos. Un día me vi pegando a un soldado en el pecho. Entonces hubo un cortocircuito en mi cerebro. Me dije a mí mismo: '¿qué estás haciendo?' A raíz de aquel incidente tuve claro. me he sentido culpable por haber pegado a ese compañero. Ahora me gustaría mucho reencontrarlo para pedirle perdón".

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El momento de máxima violencia se produjo durante la conocida 'prueba de la boina', en la que, para conseguir la preciada 'boina verde', los soldados debían superar toda una serie de vejaciones. "Fue terrible. Hacía dos días que realizábamos maniobras, sin haber dormido nada y habiendo corrido cada día 30 kilómetros con las mochilas bien cargadas. Por la noche, al llegar al cuartel, nos hicieron prisioneros. Nos taparon los ojos con una venda y nos introdujeron en un camión y nos llevaron en un camión y nos llevaron. interrogatorio. En todas las preguntas sólo podíamos contestar diciendo nuestro nombre y cargo dentro del ejército”. Lo peor estaba por venir. "Se preocupaban que lo que nos hicieran no dejara marcas en nuestro cuerpo con el objetivo de no poder ser acusados ​​de nada. No siempre, sin embargo, lo conseguían. Con las manos firmes, nos metieron la cabeza dentro de una bañera llena de agua y nos pusieron música a todo volumen para no dejarnos dormir. por detrás y me la estampaba contra la pared. Yo, sin embargo, volvía a quedar dormido. Todos estos detalles los sé por mis compañeros.

La gran fuga

Aquel calvario acabaría el 21 de febrero de 1997. "Yo –dice Matamalas– llevaba ya siete meses aguantando. Siendo de Mallorca, los fines de semana podía ir a Manacor a estar con mi chica y mi familia. No les decía nada de las torturas que sufrían. Los que eran de la península. de participar en unas maniobras con armas les hizo temer una tragedia. Para evitarla, un grupo de 18 soldados planificamos el recinto. 'Pajares y Esteso'".

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La improvisación de aquella fuga queda constatada con la reacción que el grupo tuvo una vez en la calle. "Nos miramos y nos preguntamos: 'y ahora ¿qué hacemos?' Nuestra intención no era desertar, sino denunciar la violencia que estábamos sufriendo. Alguien propuso contactar con un periodista. Páginas amarillas el teléfono de la delegación de Antena 3 en Mallorca. Nos contestó la mujer de la limpieza. Nos aseguró que, al llegar alguien, ya pasaría la información". El encargo llegó al periodista Juan Carlos Palos, que de repente se plantó con un cámara en el piso de los reclutas rebeldes. Palos aún recuerda ese día: "Quedé asombrado con su testimonio. Yo llevaba 11 años cumpliendo la 'mili'. No había sufrido violencia física, pero sí verbal. Al haberlos entrevistado, les dije: '¿Está seguro de lo que desea hacer? ¡Esto es una bomba informativa!'".

El siguiente paso fue presentar la denuncia pertinente ante el Gobierno Militar, en las Avenidas. "Mientras estábamos en el patio del edificio esperando, un policía nos avisó de que por la televisión afirmaban que nos imputarían un delito de sedición que implicaba 15 años de cárcel. Al oír aquello, el miedo se apoderó de todos nosotros. De los nervios, me fumé las cinco cajas de tabaco que llevaba. Por primera vez fuimos conscientes de la dimensión de nuestra acción". El caso tuvo una gran repercusión mediática. "Fuimos a los programas de Nieves Herrero y Pepe Navarro. Ante aquella presión el Gobierno Militar optó por trasladarnos a la cárcel militar de Illetes (Calvià), donde quedamos arrestados durante los dos meses y medio de 'mili' que nos quedaban".

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"Ahora somos más feminista"

En 1995, al cabo de un año, tuvo lugar el juicio contra los superiores denunciados de la base general Asensio. Sólo fue condenado el alférez, a un año de cárcel. "La sentencia –dice Matamalas– nos sorprendió mucho. ¿Cómo era posible que maltratar a alguien saliera tan barato?". La valentía de aquellos 'héroes' fue muy aplaudida por el movimiento antimilitarista. Desde su nacimiento en 1977 no paraba de ganar adeptos, que el Estado clasificaba en dos grupos: los 'buenos' (los objetores) y los 'malos' (los insumisos), presentados también como unos 'traidores a la patria'. En 1984 el gobierno del PSOE ya se vio obligado a regular la Ley de objetores de conciencia. La normativa preveía la creación de una Prestación Social Sustitutoria (PSS) con una duración de 18 meses (seis más que la 'mili'). Eran plazas no remuneradas en entidades sin ánimo de lucro.

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Pronto, sin embargo, la situación se desbordó. Los juzgados militares no daban a su alcance con la gran cantidad de solicitudes de insumisos que recibían. Asimismo, la Administración se veía incapaz de seguir inventando más puestos de trabajo para tantos objetores. Finalmente, el 9 de marzo de 2001, siete años después de la famosa fuga de Palma, el ejecutivo popular de José María Aznar aprobó la abolición del servicio militar obligatorio, que había durado un total de 231 años –fue instaurado en 1770 en tiempos de Carlos III. En Europa, el primer país en dar el paso había sido Holanda, en 1991. Como alternativa, se avanzó hacia un modelo de fuerzas armadas profesionales.

Matamalas se ríe, de aquellos que hoy claman por el retorno de la 'mili' por la supuesta disciplina que se aprendía. "Aquello fue una pérdida de tiempo. Nos pasábamos gran parte del día sin hacer nada y el ambiente era de violencia y de masculinidad tóxica. A mí la 'mili' no me hizo ser más hombre, tal y como se solía decir. A mí me hizo ser más feminista". Esa experiencia dejaría profundas marcas psicológicas. "Uno de los soldados que se huyó conmigo no soportó el trauma sufrido y al cabo de unos años se acabó suicidando. Parece que mi subconsciente desarrolló un mecanismo para borrar ese trauma. Durante estas tres décadas nunca había hablado con nadie, ni con mi mujer. Era un tema tabú".

Suicidios silenciados

En 2024, veintitrés años desde la abolición de la 'mili', se rompió por primera vez el tabú de la violencia que se siguió ejerciendo en los cuarteles militares españoles durante los primeros años de la democracia. Fue gracias al documental Te harán un hombre , dirigido por Mireia Prats y Joan Torrents y que emitió el programa Sense ficció de TV3. Aparecían testimonios sobrecogedores como el del crítico de cine Àlex Gorina, que relataba la violación que sufrió en Melilla a manos de tres sargentos borrachos. A raíz de la emisión del documental, el buzón de denuncia del programa se llenó de correos electrónicos. Cientos de personas pidieron que se siguiera estirando el hilo para tratar los suicidios que la documentación militar siempre presentó como 'accidentales'. A los dos años ya se emitía la segunda parte de aquel ' Mee too antimilitar' con el título de Muertes silenciadas .

El Ministerio de Defensa ha reconocido que, entre 1983 y 2001, hubo 303 reclutas que se suicidaron. "Esta cifra –advierte Mireia Prats, la codirectora del documental– no se ajusta a la realidad. Nosotros calculamos que fueron 1.900 como mínimo. El Estado nunca ha tenido interés en investigar el motivo real de aquellas muertes, ni ahora con la Ley de transparencia del gobierno de Pedro Sánchez. Ha habido la voluntad de la culpa." móviles con cámaras como hoy y era difícil que trascendiera a la opinión pública lo que ocurría dentro de los cuarteles".

El ejército comunicaba las muertes de una forma muy fría. "Un día las familias recibían una llamada telefónica que les notificaba el fallecimiento 'en circunstancias especiales' de un hijo o de un hermano en la 'mili'. Les solían decir que habían sido víctimas de un accidente con arma de fuego, sin saber si había sido provocado por el mismo soldado o por un tercero. No entendían nada porque tenían cartas de ellos. familias no les permitieron ver el cadáver de su ser amado, ni siquiera durante el entierro. El féretro quedaba precintado. Hubo padres que buscaron explicaciones a aquellas muertes.

"También –continúa Prats– hubo casos de jóvenes que, al licenciarse, volvieron a casa con el carácter cambiado, taciturnos y con la mirada perdida, y que se acabaron suicidando. Durante los años 80 y 90 el suicidio era un estigma que las propias familias silenciaban con resignación y vergüenza". Este silencio autoimpuesto se ha ido alargando durante décadas. "Después de tanto tiempo costó que los padres o hermanos de una víctima hicieran memoria de los hechos. Tenían los recuerdos totalmente bloqueados y no eran conscientes del trauma que arrastraban". Ahora, a raíz de la emisión de los dos documentales de TV3, familiares y víctimas de la 'mili' han constituido la plataforma Rompiendo el silencio . "Llevarán su causa al Congreso de los Diputados para pedir justicia reparativa. Esperan al menos unas disculpas del gobierno español, que durante décadas custodió las vidas de cientos de jóvenes que sufrieron malos tratos".