El eclipse emociona en la cima de Menorca
400 privilegiados, la mayoría vecinos de Mercadal, han podido subir al Toro para admirar el fenómeno
CiutadellaUnos 400 privilegiados han podido ver el eclipse desde lo alto de Toro, la cima de Menorca, donde los asistentes han respondido con aplausos al espectacular momento en que el día se oscureció de golpe, al tapar la luna el sol que ya empezaba a morir.
La montaña más alta de la isla, donde el Obispado quiere convertir el antiguo convento de monjas contemplativas en una hospedería, habría sido uno de los puntos que, a 358 metros de altura, más se llenaría para ver el eclipse. Pero su inclusión en el listado de lugares restringidos ha hecho que solo unos pocos centenares de personas lo hayan disfrutado sin la presión de otros espacios naturales.
Al inicio del camino, a las cinco de la tarde la Policía de Es Mercadal ya tenía puesta una barrera que impedía el paso. Los otros puntos restringidos en la isla habían quedado cerrados mucho antes. A las ocho de la mañana el Consell ya empezó a impedir el tránsito hacia el faro de Punta Nati y a las dos de la tarde se ha hecho lo mismo con el de Cavalleria. Mientras, la Policía Nacional ha vigilado los alrededores del Pont d’en Gil y Cala Morell, considerados dos espacios de especial peligro para la observación del fenómeno.
Hasta Toro han subido dos vehículos de la Guardia Civil y la Policía Local, un centenar de valientes a pie y 275 vecinos que se apresuraron a comprar a tiempo las únicas localidades del bus que el Ayuntamiento de Es Mercadal puso la semana pasada para facilitar el traslado controlado de una parte de la población.
Cuando el primero de los cinco autobuses lanzadera ha llegado a la cima, hacia las seis y cuarto, ya había algunos grupos colocados con sus sillas menorquinas en primera línea del mirador. Todas orientadas a Poniente, hacia Ciutadella, que se divisaba al fondo del horizonte.
“Las entradas se acabaron en dos horas”, comentaba Isabel Marquès a su amiga Paquita, inquieta por el hecho de que no se reservaran las contadas plazas de bus a los residentes en el pueblo. “Había gente que no era de aquí”, seguía, quejosa.
A su lado, Fuensanta, vecina de la calle Nou que llegó desde Totana (Murcia) al pueblo de pequeña, cuando su padre fue destinado al antiguo cuartel militar, mostraba a todos su móvil. En la pantalla tenía grafiada la evolución que seguiría el eclipse a su paso por Es Mercadal. Empezaría a las 19:43 horas y se extendería hasta las 21:19.
A su alrededor comenzaban a abrirse las primeras neveras de playa en busca de refrescos. Y los que habían llegado sin ningún avituallamiento, hacían cola en el bar del Toro. Fran, su responsable, alargó el horario más allá de las siete del atardecer, cuando acostumbra a cerrarlo los días entre semana. Pero este era especial.
La concejala Nerea Nevado, que llegó con el último de los autobuses, saludó a buena parte de la gente que había en la explanada, donde llegaron por fin David y Magda, un matrimonio de mediana edad a los que se había visto parados a mitad del camino mientras subían al Toro a pie.
Los reporteros y cámaras entrevistaban a David, un fotógrafo aficionado de Northampton (Reino Unido) residente en Mercadal, que había plantado el trípode bien delante del mirador. “Ese joven seguro que entiende y sabe cómo irá todo”, comentaban las vecinas en círculo.
“No mires sin las gafas”, le advertía una madre a su hija. Mientras, a su lado, casi todo el mundo ya se las había puesto para ver evolucionar el eclipse. “¿Notáis la fresca? El tiempo ya ha cambiado”, constató Fuensanta. Durante el minuto largo de eclipse apenas se escucharon comentarios. Solo alguna risa nerviosa, unos ‘oooh’ y un aplauso final.
Poco a poco, volvieron los autobuses y la gente fue bajando de nuevo de vuelta al pueblo. A las nueve y media, en medio de la oscuridad, aún se contabilizaron 40 personas bajando la montaña a pie.
Muchas más llenaron, especialmente, el paseo Marítimo de Ciutadella, el litoral de Cala Blanca y el Cap d’Artrutx y la playa de Son Bou, las zonas oficiales de observación donde mayores concentraciones de gente se produjeron en Menorca. Especialmente llamativo ha sido el caso de Son Bou, donde el Ayuntamiento había puesto autobuses lanzadera entre las cinco y la medianoche, con concierto del grupo Maniacs incluido, junto a la playa.
En cualquier caso, las restricciones preventivas puestas en marcha por las policías locales han funcionado sin demasiados problemas y el 112 tan solo ha registrado tres incidencias en Menorca, dos en Ciutadella y una en Alaior.