Él depende de mí para vivir, pero yo también de él para ser feliz

Catalina, de 70 años, asegura que su bichón maltés es su "compañero de vida" y explica que no concibe el día a día sin él

2 min
Skit, tumbado en la cama.
14/10/2026 - 21:05 h

PalmaCuando Catalina, de 70 años, abre la puerta de su casa, Esquitx es el primero que recibe a cualquier visita. El pequeño bichón maltés no se aleja mucho de su propietaria. La sigue por toda la casa, se sienta al lado de ella cuando mira la televisión y espera pacientemente cada vez que sale a hacer un recado. "Voy a comprar", le dice, y él ya sabe que toca esperar. Para Catalina, sin embargo, Esquitx es mucho más que una mascota. "Es mi compañero de vida. Lo quiero con locura", asegura. La relación entre ambos se ha ido fortaleciendo con los años, hasta el punto de que la jubilada no concibe el día a día sin él, una vez que los hijos ya son adultos y hacen y deshacen. "Nunca me siento sola. Siempre lo tengo cerca y me da una alegría inmensa. Solo verlo ya me cambia el día", explica.

Catalina reconoce que hace todo lo posible para que Esquitx tenga la mejor calidad de vida. Compra piensos de gama alta, está pendiente de las revisiones veterinarias y, a menudo, también le prepara comida casera. "Le compro los mejores piensos que encuentro y muchas veces también le cocino. Me gusta saber que come bien y que está sano. Para mí es uno más de la familia", dice.

Atención permanente

Su rutina gira, en buena parte, alrededor del bienestar del pequeño perro. Los paseos diarios, los ratos de juego y los mimos forman parte de un vínculo que Catalina describe como una fuente constante de felicidad. "Cuando llego a casa y me recibe moviendo la cola, me olvido de todos los males. Me hace sentir querida".

Este vínculo también se ha convertido en un apoyo emocional imprescindible. Catalina explica que Esquitx ha estado a su lado en momentos complicados y que su presencia le ha dado fuerza cuando más lo necesitaba. "Hay días que no tienes ganas de nada, pero él te mira con aquellos ojitos y te obliga a levantarte, a salir a caminar y a continuar. Me ha ayudado mucho más de lo que la gente se piensa".

Miedo al adiós

Por eso admite que hay un pensamiento que intenta apartar tan pronto como aparece. "Solo de imaginar el día que me falte ya me pongo a llorar. Me muero de pena solo de pensarlo", confiesa emocionada. "Sé que los animales viven menos que nosotros, pero es una idea que no puedo soportar". Catalina entiende que haya personas que no comprendan este nivel de afecto hacia un animal, pero ella no tiene ninguna duda. "Hay quien dice que solo es un perro. Para mí, no. Es mi compañero, un miembro más de la familia y me ha dado un amor que muchas personas no saben dar".

Cuando habla de Esquitx, la sonrisa le aparece, muchas veces de manera inconsciente. Lo mira con ternura mientras descansa a su lado y resume el vínculo con una frase que explica mejor que ninguna otra la relación que los une: "Él depende de mí para vivir, pero yo también dependo un poco de él para ser feliz".

stats