Ciutadella devuelve los coches al Born por un miedo ya superado en Menorca
La transformación de espacios en plazas y calles para peatones ha motivado por todas partes un primer rechazo de los comerciantes que, con el tiempo, reconocen la mejora que supone
PalmaEs más fácil buscar enemigos externos para excusarse que hacer autocrítica. Y más aún si, desde fuera, provocan cambios que pueden afectar al negocio. Es la reacción que siempre han tenido en Menorca empresarios y comerciantes cuando las decisiones de la Administración les han transformado el espacio o las condiciones con las que tienen que trabajar. El último ejemplo lo vivimos este verano en Ciudadela, donde la resistencia de un grupo de 22 empresarios a aceptar la zona peatonal de la principal plaza de la ciudad, el Born, ha llevado al juzgado a tener que obligar al Ayuntamiento a dar marcha atrás y permitir que el espacio recuperado hace 14 meses para el disfrute de la ciudadanía se vuelva a llenar de coches.
A lo largo de este mes de septiembre se tendrá que retirar el mobiliario urbano, revocar los permisos de terraza a los bares y repintar las 130 plazas de estacionamiento. Gratuitas y de libre disposición, ya que las de pago y horario regulado (zona azul) no se prevén en la ordenanza que el Consistorio tuvo que modificar para dar amparo legal a su apuesta por “un Born para las personas”.
Aplazamiento de cuatro meses
No ha sido suficiente. Después de un primer pronunciamiento judicial favorable, la apelación de los empresarios fue estimada y ya no ha sido posible, con los diferentes recursos presentados, que el Tribunal de Instancia núm. 4 de Palma variara el sentido de la sentencia. El Ayuntamiento ha conseguido aplazar la vuelta de los coches cuatro meses, durante todo el verano, pero ahora está obligado a acatar la resolución para no tener que llegar al caso de que los responsables municipales tengan que pagar con su patrimonio personal las multas coercitivas que, a instancias de los empresarios, les impondría el juzgado.
“Por unos pocos, que han antepuesto su interés particular al interés general de toda la población, el Born volverá a ser una cochera y un caos circulatorio”, ha lamentado la alcaldesa Maria Jesús Bagur (PSM-Més per Menorca), que confía todavía en ganar el recurso de casación ante el Supremo, recuperar la plaza para peatones de aquí a unos meses y no tener que indemnizar tampoco a los empresarios.
Su abogado, Víctor Carrera, dice que la peatonalización de la plaza ha provocado pérdidas en la facturación comercial alrededor del Born de entre un 20 y un 30%. Pero el gobierno municipal desconfía de ello y no ve ninguna relación directa entre la recuperación de un espacio emblemático en el centro para los peatones y la pérdida de negocio de los empresarios. Al contrario, el Ayuntamiento relaciona este supuesto descenso en la facturación con el flojo inicio de la temporada turística del 2025 en todas las Islas, coincidiendo con el comienzo también de la peatonalización de la plaza.
La única manera de evitar dar marcha atrás es que los empresarios retiren la demanda, pero estos se niegan abiertamente y encuentran “ridículo” que el Ayuntamiento se lo pida. “No desistiremos de un procedimiento en el cual, hasta ahora, nos están dando la razón”, argumenta el abogado Víctor Carrera. Solo un “acuerdo global” que previera todas las propuestas del colectivo lo haría posible. Sobre todo, que el Ayuntamiento aceptara volver a poner la parada de autobús en la plaza de los Pins, ya que “si se aleja el transporte privado del centro histórico, no tiene sentido que se aleje también el transporte público”.
El caso del Born recuerda a muchos otros precedentes en Ciutadella misma, y en el resto de Menorca, donde los cambios circulatorios han provocado una primera reacción comercial en contra que, con el tiempo, se ha transformado en una aceptación e, incluso, en un reconocimiento de la mejora global que supone.
Mucha gente todavía recuerda cómo en los años 80 y 90 del siglo pasado los coches cruzaban las Voltes y podían ir del Born a las Palmeres, el actual eje central –peatonal– del núcleo histórico, y cómo todas las plazas que rodean el anillo de la Contramurada permanecían abiertas a la circulación.
El último precedente se produjo en 2010, cuando se impulsó la reforma de la plaza de los Pins, incluida la eliminación de uno de los dos carriles de circulación para ganar para los peatones la acera más próxima al centro. En este y en todos los casos anteriores se tuvo que vencer el recelo inicial de los negocios afectados y de una parte de la ciudadanía poco dada a las transformaciones urbanas de mayor impacto. Ahora, sin embargo, nadie discute los cambios.
Incluso en el mismo Born todos los grupos políticos de la corporación, incluido el Partido Popular en la oposición, están a favor de hacer de la plaza un espacio peatonal permanente. Lo único que está en discusión, más allá del rechazo judicial de unos pocos empresarios, son las formas y la oportunidad de materializar ya este cambio sin haber habilitado antes los aparcamientos alternativos necesarios fuera del centro para compensar la pérdida de estacionamiento que se genera.
El debate, sin embargo, no es exclusivo de Ciutadella. En Sant Lluís, por ejemplo, hace diez años estalló una polémica después de que el Ayuntamiento cerrara temporalmente al tráfico el Cós, la principal avenida comercial del pueblo. Diferentes gobiernos tuvieron que proponer alternativas y regular su cierre debido a las protestas de vecinos y comerciantes. Una década más tarde, este ha dejado de ser un problema para el municipio.
Maó ya vivió esta controversia unos años antes, entre 2011 y 2013, cuando el cierre al tráfico de la plaza de la Esplanada, que da acceso al centro, motivó la reacción de la patronal del pequeño comercio. Los empresarios se quejaron de la “improvisación” municipal y del “caos circulatorio” que provocaría. Cerrar el tráfico entre la Esplanada y la calle de las Moreres “afectará gravemente a la actividad comercial”, se quejó Mô Comercial. El cambio hoy ya está plenamente normalizado.
La misma reacción tuvieron los comerciantes de Alaior y Ferreries cuando en la década de los 90 –los primeros– y en 2012 –los segundos– se construyeron los desvíos que sacaron fuera de los dos pueblos el paso de la carretera general, que hasta entonces los había atravesado por el medio. El balance general, dos décadas más tarde, es que en ambos casos se ha ganado en seguridad vial sin dañar la economía local.
Es Mercadal no sufre este problema, ya que la carretera pasa justo al lado del pueblo y, en cualquier caso, son los comerciantes los que tienen que atraer la atención de los conductores para que se detengan. El Ayuntamiento encontró la solución cuando, a principios de siglo y con Ramon Orfila de alcalde, promovió la compra del antiguo cuartel militar que había al otro lado de la carretera y del núcleo urbano y lo transformó en un recinto ferial. Gracias a esta iniciativa, como destacó Orfila, Es Mercadal pasó de ser “un pueblo de paso” a convertirse en “un pueblo de pasada”. Y eso tampoco ya nadie lo discute.