Aplaudeixes mentre el Sol desapareix a Banyalbufar
La Sierra de Tramuntana se llena de espectadores para contemplar el eclipse entre restricciones y reservas agotadas
PalmaSe oían aplausos cuando el Sol ha desaparecido sobre el mar en Banyalbufar. Un minuto a oscuras durante el cual la Luna, con la forma de un globo ocular, ha tapado el astro. "No me quedo a ver el eclipse, porque no llevo las gafas", se ha despedido una vecina que cruzaba el grupo que observaba el fenómeno en una placita.
Banyalbufarinos y turistas se han repartido por diferentes lugares del pueblo desde donde se podía ver el fenómeno astronómico. Y más allá: una retahíla de espectadores se ha colocado en diferentes puntos de la carretera. Todas las reservas estaban agotadas, y los aparcamientos llenos, en la Serra de Tramuntana. "Hace tres años que gestionamos reservas", explicaba Marc Sureda, el gerente del hotel Sa Baronia, que tenía una de las mejores terrazas desde donde ver la puesta de Sol. Uno de los propietarios, Francisco Lluís Sureda, se ha pasado horas en la entrada para explicar a interesados incesantes que ya no quedaba sitio en el restaurante. A pesar de las constantes peticiones de los clientes, los propietarios y trabajadores han servido antes los menús para poder hacer una pausa a las 20:30h y ver el espectáculo sobre el horizonte azul y naranja.
Los vecinos se han quejado de "overbooking", especialmente en los aparcamientos, que a las 10h de la mañana ya estaban llenos. Pero como el Gobierno, temeroso del colapso y el riesgo de incendios, ha aplicado restricciones de acceso a miradores, faros y playas, la saturación no ha llegado a su pico máximo. Sí que se han visto imágenes multitudinarias en Sóller. "A las 9h los aparcamientos ya estaban completos", explicaban Àngel y Maria, una pareja que vive en Palma y ha tenido que deshacer el camino hacia este puerto para quedarse en Deià, donde pedían a un policía dónde podrían ver bien el eclipse. "Hay un mirador, pero tenemos el mismo problema, no sabemos dónde dejar el coche", contaba Àngel.
Guardias civiles y policías nacionales, erguidos desde el mediodía bajo el sol inclemente, han hecho dar media vuelta a cualquier vehículo sin autorización en diferentes zonas entre Andratx y Valldemossa. En lugares como el Puerto de Valldemossa, tan solo podían bajar los residentes al pueblo y los visitantes que tuvieran reserva en algún hotel, bar o restaurante. "Es injusto que si tienes una reserva puedas venir a ver el eclipse, pero si no, no", consideraba Alba Torres, valldemossina de 28 años, en el puerto. Conversaba y bromeaba con la familia y otros vecinos mientras hacía tiempo hasta el anochecer. La anécdota del día, contaban, ha sido el lío con las gafas de protección. El Ayuntamiento repartió una remesa proveniente de una donación, pero a última hora han sabido que no eran aptas: "Nosotros teníamos de otras marcas, pero hay quienes se han quedado sin ellas".
A pesar de la tranquilidad aparente, había tensión en el puerto. Un grupo de bañistas ha increpado a la tripulación de un yate que había fondeado sobre un banco de posidonia: "Fuera, fuera". Finalmente, la embarcación ha levantado el ancla y desde la playa la han despedido con gestos de despedida. También ha habido algunos accidentes. Dos hombres, que desconocían que los troncos que hay en el amarradero están llenos de verdín, han resbalado al meterse en el agua y se han dado un golpe en la cabeza. Fuentes policiales han lamentado que no se hubiera previsto que una ambulancia se quedara fija en este lugar. Explicaban que había pocos agentes en la zona (tres en tres puntos diferentes), y denunciaban una falta de "previsión" en la organización del operativo.
Las temperaturas han rondado los 36 grados. Sentado en una acera de Valldemossa y mientras se secaba el sudor de la frente, Pere ha resumido en un español macarrónico por qué contemplar el eclipse era una experiencia personal y "filosófica" que no se podía perder: "El Sol será negro, y eso es un símbolo muy fuerte: los incas ya hablaban de ello". Ha venido expresamente desde el norte de Francia con su sobrino y su hija. En otra zona del municipio reflexionaba, a su vez, Nuestro Nanamoli, un artista del bordado norteamericano que lleva cinco meses instalado en el pueblo. Después de capturar el fenómeno con un equipo fotográfico, quería reunirse con su familia para cantar canciones, mantres y oraciones. "El eclipse es una oportunidad para pensar en la paz", ha asegurado.
Cuando el Sol se ha escondido tras la Luna y la placita de Banyalbufar se ha quedado a oscuras, se oían los aplausos y los gritos que llegaban de la terraza del restaurante. Pero en cambio, en este patio la mayoría vacilaba. "¡Vamos, animadme, ayudadme!", ha exclamado una joven deseosa de unirse a la celebración. Al final el resto se han unido y algunos, cuando ya era seguro, se han atrevido a mirar afuera. Al cabo de solo un minuto, el astro ha vuelto a aparecer y el eclipse del siglo -que los incas llamaban "la muerte del Sol"-, ha terminado.