Aena Ibiza espectáculo discoteca

Mientras el aeropuerto se convierte en un escaparate de las discotecas, Aena impulsa una ampliación que prioriza el negocio por encima de los límites de la isla

30/07/2026 - 21:23 h.

IbizaResulta que la influencer Mercè Molinas llegó al aeropuerto de Eivissa un día de julio y se encontró con un DJ pinchando en pleno duty free. Como es influencer y se dedica a eso, a influenciar, la chica hizo un vídeo que se ha hecho viral y acumula más de 210.000 visionados solo en su cuenta de Instagram (@mercemolinas). La publicación es del pasado 13 de julio. Esto del DJ ha levantado cierta polvareda. El aeropuerto de Eivissa ya hace días que está vendido a las discotecas en forma de publicidad –si pensáis que exagero, visitad el área de llegadas o de recogida de equipajes–, pero que además pongan un DJ… ¡! Quiero suponer que el hecho habrá provocado cierta perplejidad, incomodidad cuando menos, entre los políticos y próceres eivissencos que, solo un par de días antes, recibían las explicaciones de Aena sobre la ampliación del Codolar; un proyecto que, virtualmente, podría casi doblar la capacidad del aeropuerto.

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Efectivamente, el 9 de julio, Aena, el Consell de Ibiza, empresarios, hoteleros y alguna otra entidad ibicenca, habían escenificado el consenso y casi la hermandad en una reunión que el operador aeroportuario convocó para informar de la ampliación del aeropuerto de la isla. “Satisfacción en Ibiza tras las explicaciones de Aena sobre la modernización del aeropuerto”, titulaba Periódico de Ibiza. Que una entidad tan opaca como Aena te informe de algo te tiene que dilatar el ego muchísimo. Esto explicaría, al menos desde el punto de vista de la psicología freudiana, que los mismos que criticaban el proyecto de Aena un día antes, después lo acogieran con una sonrisa comprensiva. Compraron el discurso de Aena sin mucha resistencia los políticos locales y baleares, además de entidades tan dispares como Pimeef y UGT. Prácticamente todo el mundo. Como nota disonante, solo los arquitectos ibicencos emitieron un comunicado donde recordaban que son ellos los “técnicos en desarrollo urbano” y que “una ampliación de esta magnitud incrementa la presión sobre un ecosistema insular que ya se encuentra al límite”.

El cambio de opinión súbito de políticos, empresarios, etc. es difícil de explicar. Si la psicología no nos convence, podemos probar con la hipótesis del cálculo político. Nos encontramos en pleno año electoral, a solo diez meses de las próximas elecciones municipales y autonómicas, y el tema de la ampliación del Codolar tiene una altísima probabilidad de convertirse en la próxima patata caliente ibicenca. Ibiza es famosa por sus patatas, las gastronómicas y las políticas; cuando un ibicenco se enfada, se enfada de verdad. Cuando empiecen de verdad las obras, ya lo oiremos decir; que alguien nos explique cómo se resolverá el colapso que se vive cada día en los accesos al aeropuerto, si la capacidad del aeródromo se incrementa aún más.

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Pero aquí viene el cálculo: entre trámites y burocracia, es poco probable que las obras en el aeropuerto del Codolar lleguen a hacerse notar antes de mayo de 2027, la fecha marcada a fuego en el calendario electoral de las Islas –en Ibiza, el PP se juega la cómoda mayoría que disfruta actualmente. Así que, mejor no remover mucho el tema hasta que toque. Si, al fin y al cabo, Aena hará lo que querrá...

¿Pero, qué es Aena?

Pregunta de las difíciles. Aena no es ni carne ni pescado. No es ni blanco ni negro. No está dentro ni fuera de Matrix. Es privada, pero en el fondo es pública. Decide sobre nuestra forma de vida, pero no nos tiene que preguntar cómo queremos vivir. Gobierna una de las infraestructuras críticas del Estado, es producto de la democracia, pero nada la obliga a practicarla. No nos tiene que dar explicaciones. Si, al final, los directivos de Aena nos han informado en persona de qué piensan hacer o deshacer, es solo porque lo han querido; podrían no haberlo hecho. La reunión entre Aena e instituciones y entidades podría no haberse producido, y no pasaría nada. De hecho, tampoco pasará nada a raíz de la reunión: la ejecución de Dora III (Documento de Regulación Aeroportuaria) seguirá su camino tal como estaba trazado. Solo en el caso de que la presión política o popular adquiriera una gran magnitud, alguien que de verdad tenga influencia (alguien en el gobierno del Estado) se podría plantear intervenir.

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La lógica de Aena es el beneficio. Igual que el resto de empresas que cotizan en el Ibex 35. Con un par de peculiaridades. La primera es que la accionista principal de Aena es la sociedad Enaire, una empresa pública que depende del Ministerio de Transportes y que controla el espacio aéreo español; el 51% de Aena es propiedad de Enaire; el resto, el 49%, es propiedad de fondos de inversión como BlackRock y Vanguard, entre otros. Por lo tanto, aunque sea una sociedad anónima, hay un control público sobre Aena (acrónimo de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea); debemos entender que el Estado se reserva la última palabra en las decisiones.

La segunda peculiaridad es que, a pesar del funcionamiento basado en la lógica empresarial, Aena –presumiblemente– registra pérdidas importantes en muchos de los aeropuertos que gestiona, infraestructuras que se han creado más por razones políticas que empresariales. Y son malas inversiones de las cuales no se puede desprender, como sí que lo haría cualquier empresa 100% privada.

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Digo presumiblemente porque el operador dejó de publicar los datos desglosados por aeropuertos cuando se produjo la privatización. Los últimos que he sabido localizar, en la web de Aena, son de 2013. Aquel año, solo ganaron dinero una docena de aeropuertos de los 48 que gestiona el operador, entre ellos el de Ibiza (12,17 millones de beneficio) y Palma (97 millones). Y este es el quid de la cuestión: Aena no puede permitirse perder dinero en los aeropuertos que le reportan beneficios, porque tiene que cubrir -presumiblemente- las pérdidas de decenas de aeródromos deficitarios.

Si Aena pierde dinero en la decena de aeropuertos que siempre han ganado, el castillo de naipes se desmorona. Por eso, aeropuertos como el de Ibiza son explotados desde la lógica empresarial más descarnada. Por eso Dora III permitirá virtualmente doblar la capacidad del Codolar. Por eso, el bienestar de los residentes, o consideraciones ecológicas como la falta de recursos hídricos suficientes en Ibiza, ni siquiera entran en las cuentas que hace Aena. Aena es pública para algunos, pero, a nosotros, nos ha tocado que sea privada.